Segundos antes de que Michelle Bachelet bajara del escenario instalado en plena Alameda y caminara hacia el Hotel Plaza San Francisco, tras dar su discurso de victoria, un hombre subió corriendo a la estructura para entregarle un ramo de flores con una sobria tarjeta con la frase “Presidenta”. El obsequio, concebido originalmente para un triunfo en primera vuelta, pasó sin pena ni gloria, de la misma forma que el apagado cóctel que la esperaba en el salón del Plaza San Francisco, donde aguardaban rostros tan variados como la actriz Aline Kuppenhein, la alcaldesa de Providencia Josefa Errázuriz, Dj Méndez, el constitucionalista Fernando Atria y el ex ministro Nicolás Eyzaguirre.

La instancia, ideada para el encuentro íntimo de Bachelet con sus familiares y colaboradores más cercanos, sirvió para que la vencedora de los comicios hiciera sus declaraciones más sinceras respecto al inesperado resultado. Sin aires de rockstar y lejos de la prensa, la doctora apareció a las 22 horas en el salón, flanqueada por el presidente de la DC, Ignacio Walker, y otros dirigentes de la Nueva Mayoría.

Tranquila y con el humor de siempre, “la rucia” -como le llaman en la interna del PS- partió agradeciendo a las comitivas internacionales que viajaron para festejarla, y medio en broma medio en serio se refirió como “un parto” a la campaña que encabezó desde marzo. “¿Pero qué es un mes más? Trabajemos con la misma fuerza y ojalá que este sí sea un parto exitoso”, dijo a la audiencia, que amagó risas. Era el desahogo de Bachelet, quien obtuvo casi el doble de votos que Evelyn Matthei -más de tres millones de sufragios- pero que paradójicamente tuvo que encabezar una celebración en la que nadie destapó una champaña: no estaba en las expectativas el balotaje.

Cumbia triste

Justo en el horario de los noticieros centrales, Bachelet había salido al escenario, antecedida por sus hijos, Sebastián Dávalos y Sofía Henríquez, y su madre Ángela Jeria. Las caras largas de los retoños anunciaban un discurso austero y breve. La candidata, quien no pudo mostrar la victoria que tanto se esmeró en conseguir, reafirmó su compromiso con las reformas planteadas en su programa -educación gratuita y fin al lucro; nueva constitución y reforma tributaria-: “Sabíamos que el desafío de ganar en primera vuelta era muy difícil por la cantidad de candidatos y por el voto voluntario”, reconoció, pero aseguró que “trabajaremos para ganar ampliamente en diciembre”.

Lejos de repetir el gracioso paso de cumbia con que celebró tantas veces en los ochos meses de campaña, esta vez en Bachelet no había ánimos de jolgorio. Agotada, la militante socialista movió tibiamente su cuerpo al son de “Chile de Todos”, su jingle. No más de mil adherentes aplaudieron.

Un problema de aritmética

En el comando, instalado desde temprano en el Hotel Plaza San Francisco, los iniciales ánimos de fiesta se redujeron rápidamente a justificaciones a medida que se entregaban los cómputos y proyecciones. Los voceros Álvaro Elizalde y Javiera Blanco, ofrecían fotos a los reporteros gráficos, sonriendo y respondiendo casi a coro las preguntas sobre por qué habrá segunda vuelta. “Tenemos puras buenas noticias. Tenemos que llenarnos de orgullo porque los chilenos efectivamente han leído que el programa de Michelle Bachelet es el que se necesita para hacer los cambios el próximo año. Por otro lado, los doblajes son fundamentales, porque en medida del resultado parlamentario vamos a poder hacer las transformaciones, como del sistema binominal. Cómo no estar felices ante un triunfo tan contundente a nivel presidencial y de equipo”, dijo la ex subsecretaria de Carabineros.

A medida que pasaban los minutos, y que asimilaban la idea de balotaje, los dirigentes de la Nueva Mayoría comenzaron a esbozar las razones del 46,6% obtenido con el 98% de los votos escrutados.

Primero, se esbozó la dispersión de votos generada por la cifra histórica de nueve candidatos a La Moneda -los siete menores sumaron 28%- ; y segundo, la baja votación de Bachelet en la Región Metropolitana, donde sufragó más un tercio de los 6 millones 648 mil chilenos que fueron a las urnas. El presidente del PPD, Jaime Quintana, reconoció la falencia y destacó “que nos faltó un trabajo más coordinado en la Región Metropolitana, donde erramos”.

En la RM, la ex directora de ONU Mujer obtuvo el 41,5%, frente a un 27,5% de Evelyn Matthei, y un 14,2% de Marco Enríquez-Ominami. “La Región Metropolitana ya había mostrado esos resultados en las Municipales; hay una composición de clase distinta al del resto de las regiones. Hay un peso de la votación de derecha que es históricamente fuerte aquí. Es necesario profundizar la extensión del discurso. Creo que no ha habido una mala campaña ni un mal discurso, sino una cantidad de candidatos inédita que produce una dispersión inevitable de los votos. Es un problema aritmético, no de conducción de campaña”, comentó el diputado PPD Patricio Hales en el hotel.

La senadora Ximena Rincón (DC), por su parte, precisó el concepto que la Nueva Mayoría salió a defender para justificar su éxito: “Michelle Bachelet sacó más de 20 puntos sobre quien le sigue y eso es un tremendo triunfo. No hay dudas de que va a ser Presidenta de Chile. Necesitamos un parlamento que acompañe las transformaciones propuestas por Michelle Bachelet”.

Lo que puede cumplir

Doblaje es un concepto que Michelle Bachelet usó desde el día en que aterrizó en Chile. Esto, porque parte fundamental de su programa son proyectos de Ley que necesitan altos cuórum para aprobarse.

Tras la concreción de 11 doblajes en la elección de diputados, sumados a los 4 independientes electos que son afines al progresismo (Giorgio Jackson, Vlado Mirosevic, Gabriel Boric y Alejandra Sepúlveda), el eventual primer gobierno de la Nueva Mayoría comenzaría con 72 votos a favor en la cámara baja. En el Senado, en tanto, se alcanzaron dos triunfos dobles -Antofagasta y Coquimbo-, lo que entregaría a la ex Presidenta un piso de 21 votos a favor de sus iniciativas. Con esto, Bachelet podría cumplir parte sustancial de su programa de gobierno. “Cerca del 80%”, según Pedro Araya, recién electo senador por la Segunda Región.

La reforma tributaria, la nueva Ley de Isapres, el bono marzo permanente; además de los temas “valóricos” como el matrimonio igualitario -si se decide a impulsarlo- y la despenalización del aborto, son materias de Ley que requieren mayoría simple, lo que está más que garantizado. Asimismo, la creación de una AFP estatal.

En cuanto a las modificaciones para establecer la gratuidad universal; la desmunicipalización de la educación escolar y el fin del lucro, se trata de leyes orgánicas constitucionales; que para aprobarse requieren cuatro séptimos de los parlamentarios presentes al momento de la votación (69 diputados y 22 senadores). En la cámara baja, esos votos estarían asegurados. En tanto, en el Senado faltaría un escaño. Sin embargo, el senador independiente Carlos Bianchi se ha cuadrado con la Nueva Mayoría en temas educacionales.

Otro aspecto que requiere de 69 diputados y 22 senadores es el laboral: El avance en la negociación colectiva, el fin del multirut en las empresas y el rol del sindicato como único negociador. El mismo caso corre para avanzar en descentralización, con la aprobación de la idea -contemplada en el programa- de elección popular de intendentes.

La modificación al sistema binominal, por su parte, requiere de tres quintos de la Cámara (72) y el Senado (23). Considerando a los independientes, esos votos están garantizados, pero en el Senado se necesitaría negociación.

Más difícil será la implementación de la idea de la Nueva Constitución. Aunque Bachelet no ha especificado el método por el que introduciría el cambio, en la Nueva Mayoría advierten que será fundamental apuntar hacia un acuerdo amplio para cumplir con la premisa de que la nueva carta llegue por la vía institucional. Esto, debido a que necesita de la aprobación de los dos tercios del Congreso. Es decir, 80 diputados y 25 senadores; los que sólo son alcanzables atrayendo a sectores de la oposición.

Fernando Atria, integrante de la comisión constitucional de la candidata, señala al respecto que las elecciones presidencial y parlamentaria dejaron “un mandato claro que tiene que ser realizado, y esa es la regla básica de la democracia. Si ese mandato resulta neutralizado, eso va a ser un problema que debe ser solucionado. ¿Cuál es esa manera exacta? No es este el momento para decirlo”. Osvaldo Andrade, presidente del PS, cree que para alcanzar el cuórum de reforma constitucional será necesario “reunir correlación de fuerza; tener una presidenta respaldada, un parlamento que respalde y un activo movimiento social”.

El senador Ricardo Lagos Weber expresó a The Clinic Online que “va a haber sectores de la derecha que van a estar por los cambios constitucionales. Para eso va ser muy importante la presión de los movimientos sociales”.