El rector de la UDP y columnista de El Mercurio, Carlos Peña disparó contra la candidata de la Alianza por Chile, Evelyn Matthei, por señalas que gobernaría con la biblia, y le envió un mensaje a Lucía Santa Cruz.

“No se admitiría nunca más el tatuaje ni el piercing; quedarían proscritos los asados de cerdo y todos los objetos confeccionados con su piel; estará prohibido maldecir y blasfemar; la homosexualidad estaría, por supuesto, proscrita; la adoración de cosas distintas al único Dios deberá también castigarse; el lucro habrá que abolirlo y la competencia deberá orientarse por anhelos distintos al de ganar dinero; habrá que desincentivar la vida sexual”, dice Peña.

Según el abogado, “las políticas públicas, hasta ahora guiadas por la economía neoclásica y el principio de Pareto, deberían orientarse por teólogos a los que, para que Matthei sea fiel a la palabra que acaba de empeñar, deberá encargárseles verifiquen, en cada caso, que las medidas que incrementan la eficiencia o el bienestar, no lo hagan, sin embargo, a riesgo de atropellar algunas de las cosas que señala la Biblia”.

El jurista además tuvo palabras para Lucía Santa Cruz, “cuya inteligencia y racionalidad está fuera de dudas, dijo, sin embargo, que el programa de Bachelet perseguía “la reconstrucción de la sociedad, el sistema político y económico a partir de una idea rectora única —característica principal de los totalitarismos—, en aras de la cual se sacrifican todas las otras aspiraciones legítimas existentes en una sociedad diversa y plural”.

“Es verdad, como afirma la profesora Santa Cruz, que esa conclusión se deriva de algunas frases del programa de Bachelet y también es cierto que la diputada electa Karol Cariola dijo que el programa de Bachelet era el primer escalón en la construcción del socialismo en Chile; pero sostener que, en consecuencia, eso es lo que el gobierno de Bachelet pretende (olvidando la pluralidad de fuerzas que la apoyan y el carácter más bien socialdemócrata que predomina en la izquierda) es tan exagerado como afirmar que Matthei quiere gobernar esgrimiendo la Biblia. Entonces, ni lo uno ni lo otro”, dice Peña.

“Ni Matthei es una fundamentalista dispuesta a consultar la Biblia a la hora de gobernar, ni Bachelet alguien en quien anide una semilla totalitaria que la llevará a sacrificar todo a una sola idea”, reitera, y agrega que “es verdad —como observó Lucía Santa Cruz— que todas las ideas poseen consecuencias y que si se deja florecer a las que son erróneas, las consecuencias son de lamentar. Pero no es el caso ni de Bachelet ni de Matthei, cuyas frases no son ideas. Son simples ocurrencias proclamadas en el inevitable afán electoral de estar bien con Dios y con el diablo.
Así, entonces, no habrá ni sueño socialista, ni pesadilla bíblica”.