Vía EntreMujeres

Tan rápido y silencioso como el accionar de los ninja puede ser el sexo cuando hay niños en la casa. Los padres toman recaudos (hacerlo cuando los pequeños están dormidos, cerrar con llave la puerta del cuarto, tirar una manta en el piso para que la cama no cruja, entre otros) o bien se van adaptando a una situación que merecería buscar soluciones antes que resignarse a tener poco sexo.

Las oportunidades no sobran, por lo tanto, cuando aparece la ocasión hay que aprovecharla, aunque solo dure un corto tiempo. Siempre será más efectivo mantener la llama del erotismo encendida que dejar que se apague esperando momentos mejores.

El sexo ninja se apodera de los cuerpos volviéndolos más ansiosos y alertas. A veces un “rapidito” puede ser rico en sensaciones, pero no olvidemos que el juego previo merece un tiempo más prolongado: ayuda al deseo, aumenta la excitación, relaja el cuerpo y la mente, dirige la concentración a los estímulos eróticos e incrementa los sentimientos amorosos.

El sexo ninja tiende a instalarse como un hábito persistente con la excusa, generalmente exagerada, de la presencia cercana de los pequeños. Y no solo compromete a la erótica, también se extiende a las expresiones de cariño, ternura, y alguna leve insinuación sexual, fuera del ámbito de la cama.

Los niños no deben ser la excusa para no acercarse. Hay momentos que pueden ser más intensos y prolongados, solo que la ansiedad y la costumbre apuran el acto sexual como si existiera realmente la cercanía de los pequeños. Los seres humanos tendemos a repetir acciones como si fueran reflejos condicionados que se activan o desactivan según los estímulos que provengan del entorno. Los niños pueden dormir profundamente, pero en la cabeza atenta de los padres un mínimo ruido puede convertirse en alerta: “se despertó”, “está llorando”, “viene para acá”. La imaginación completa el acto viéndose descubiertos y tartamudeando alguna explicación convincente.

La escena primaria

Freud denominó escena primaria a las fantasías infantiles (o al hecho real) de ver a los padres tener sexo y constituye una experiencia que estructura la noción de cómo son los vínculos en el medio familiar. “Ellos forman una pareja de la cual yo no formo parte”, piensan los chicos.

La escena primaria, aunque no se contemple, es fantaseada por el niño como parte de un proceso de desarrollo psíquico y de individuación. Los adultos deben tener cuidados para mantener la intimidad, pero el proceso de imaginar a los padres como sujetos sexuados, conformando un vínculo de pareja, es inevitable.

La intimidad es la esencia

La noción de intimidad es fundamental, mucho más en estos momentos en los cuales la vida privada se convierte en pública y pasible de ser calificada con un “me gusta” en las redes sociales. La intimidad comporta un valor esencial, hace a la preservación de uno mismo desde el punto de vista subjetivo e interpersonal. Por lo tanto, la unión erótica y sexual es un acto privado que merece mantenerse como tal, no solo por la cercanía de los niños, sino por para respetar la esencia misma del encuentro.

10 consejos para evitar el sexo ninja

· No olvidar que además de los niños existe una pareja que espera atención.

· Acordar formas de encuentro para mantener la intimidad.

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