Foto: Alejandro Olivares

Hernán Larraín Matte recorrió un largo camino para llegar a la política: estudió derecho, hizo un magíster en ciencias políticas, luego un máster en la London School of Economic y, a fines de 2008, se integró al equipo de campaña de Sebastián Piñera. Le tocó el período más exitoso de la centro derecha, cuando todos estaban unidos. Cosa muy distinta a la crisis que viven hoy luego de la derrota de Evelyn Matthei, y que tiene a RN y la UDI revisando sus postulados para entrar en sintonía con las nuevas demandas del país. Desde su oficina en Horizontal, un centro de pensamiento liberal que dirige, Larraín Matte es parte activa de un movimiento sub 40 que quiere refundar la derecha, sacudiéndola del pasado de la dictadura del que no se sienten parte.

¿Cuáles eran tus intereses en el colegio?
Variados. Mi viejo era político y yo me llamaba igual que él, entonces al principio dije “la política no”. Renegué estar en el mismo lugar en el que estaba mi viejo, pero terminé igual acá, asumiendo que me gustaba la política y que llamarse Hernán Larraín tenía costos y beneficios.

¿Siempre has sido de derecha?
Sí, más liberal, de centro, y muy poco UDI.

¿Por qué tan poco UDI?
Porque en la universidad, cuando comencé a entender el mundo con más información, el primer rechazo que tuve fue a Pinochet y a toda la historia que había detrás de la dictadura. Eso me alejó de la UDI.

¿Lo primero que te alejó fue Pinochet?
Sí, eso me alejó de la derecha tradicional. Yo tenía una percepción bastante más abierta que la que había en ese sector.

Eso fue en tu época universitaria. Antes de eso ¿qué era para ti Pinochet?
Probablemente repetía lo que escuchaba en mi casa. Me acuerdo que estaba en el colegio cuando me encontré con el libro “Isla 10”, de Sergio Bitar. Lo estaba leyendo y mi viejo me cachó. Tenía 14 años y él me dijo que era muy temprano para que lo leyera. Él lo guardó en la biblioteca, pero yo escondido lo terminé de leer. Al principio yo pensaba que el libro era ficción, porque no era la historia que había escuchado en mi casa: yo vivía en una burbuja, colegio Apoquindo, papá de derecha.

¿Esto causó un quiebre familiar?
Sí, los almuerzos familiares fueron tensos en algún momento. Yo era muy crítico y mi hermano Pablo también, sobre todo en los 90, cuando aún había una justificación a todo lo que había ocurrido, se hablaba de pronunciamiento. Nosotros nos rebelamos a esa historia, pero mira la paradoja: años después mi viejo terminó siendo uno de los que pidió perdón.

¿Cómo eran esos almuerzos?
Discusiones políticas tensas. A nosotros nos decían que no teníamos conciencia de lo que se vivió en los 70, que la división y la violencia se habían transformado en una vía legítima, que la mayoría de los chilenos querían el golpe…

¿Y ustedes qué decían?
Que hubo una violación sistemática de los derechos humanos y que eso no legitimaba ni justificaba nada, porque esos hechos hacían de la dictadura algo completamente deplorable. Si luego se hicieron reformas económicas y sociales que pusieron a Chile en la ruta del desarrollo, bien, pero en ningún caso eso empata lo otro.

¿Todo esto se desencadena en la universidad?
Sí, en la Finis Terrae. Allá conecté con gente de izquierda, me abrí a una conversación sin límites.

Pero en la Finis tus compañeros deben haber estado en la misma burbuja que tú.
Todos aquellos a quienes nos contaron una historia, y fuimos parte de un mundo cerrado, vivimos un proceso de ir entendiendo de a poco que acá había una gran farsa.

LA CRISIS DE RN

¿Cuándo entraste a militar en RN?
A finales de 2010.

¿Qué te convocaba?
El ver a Rodrigo Hinzpeter, a Felipe Bulnes, a Ignacio Rivadeneira. Había un proyecto donde me sentía cómodo, porque RN tenía un equilibrio entre el mundo conservador y liberal. En paralelo, con Juan Carlos Jobet, Felipe Kast y otros, empezamos a conversar sobre el futuro, una centro derecha moderna que debía aparecer a continuación de Sebastián Piñera. Eso desembocó un año después en Horizontal, que es un centro de estudios.

¿Una centro derecha liberal?
Una centro derecha que es diversa, que entiende que la libertad no es solo económica, sino que también social, cultural, y política.

¿Esta es la nueva derecha de la que se habla?
Ese fue un concepto que Rodrigo Hinzpeter instaló muy al principio del gobierno, pero más allá del concepto, creo que para ser mayoría hay que mostrar diversidad. Para eso era muy importante que naciera un tercer referente, que fue lo que hizo Felipe Kast con Evópolis.

¿Por qué renunciaste a RN?
Porque mi identificación generacional y de proyecto político está mucho más ligada a lo que ocurre acá en Horizontal o Evópolis, una visión moderna de la derecha que encarnó el gobierno de Sebastián Piñera.

¿Qué cosas te desencantaron de RN?
En RN conocí gente muy valiosa, pero al mismo tiempo vi un partido muy truncado. Hay un cierto caudillismo más que un proyecto colectivo.

¿Lo dices por Carlos Larraín?
No sólo él, el Cote Ossandón pone su cuota, Andrés Allamand… han perdido espíritu colectivo y fueron muy críticos del gobierno, y eso me alejó de ese mundo.

¿No encontraste lo que buscabas ni en RN ni en la UDI?
Son partidos que nacieron hace 25 años y nosotros sentimos que es necesario aportar con una tercera pata que sea más diversa y un legado político del gobierno actual. Somos una generación que pasó por el gobierno y que vimos cómo las políticas públicas de verdad le pueden cambiar la vida a las personas, y nos gustó.

¿RN y la UDI están en sintonía con lo que necesita el país hoy?
Es un desafío que RN y la UDI se hagan cargo de sus proyectos. Chile cambió en muchos sentidos y dimensiones. No sólo vivimos una derrota electoral, nuestras ideas fueron puestas en jaque, y es obvio que todos tenemos que hacernos cargos de los cambios.

¿Hay una renuncia masiva a RN?
RN está enfrentando una crisis interna y espero que pueda ordenarse. Hay que encontrar a los responsables, pero la forma en que eso se hace es importante: más que generar un debate, acá se ha abierto una crisis.

DERROTADOS

¿Por dónde pasó la derrota de Matthei?
Tuvimos tres candidaturas fallidas y después nos enfrentamos a Bachelet. Hicimos una campaña muy corta y hubo un apoyo de algunos líderes del sector que llegaron tarde.

¿Te refieres a los apoyos tardíos de Allamand y Ossandón?
Son varios los que podrían haber llegado antes.

¿Qué pasó allí?
Hay una generación que tiene demasiada historia y cuentas pendientes, que perdieron cultura de unidad, y eso se notó en la campaña.

Hubo candidatos al parlamento que en primera vuelta no hicieron campaña por Matthei, porque no le aportaba los votos que necesitaban para salir electos.
Era muy frustrante ver que eran muy pocos los parlamentarios que estaban comprometidos con Matthei, sobre todo cuando ella no buscó la candidatura y dio la vida por esto en momentos muy difíciles. Aunque esta idea de pasarle la campaña de segunda vuelta a un grupo de pendejos fue un gesto potente. Se creó una mística buena.

¿Golborne era mejor candidato?
No teníamos ningún candidato con capacidad real de ganarle a Michelle Bachelet. La derrota era estructural, más allá del candidato que pudiésemos levantar.

¿Cuáles fueron las responsabilidades del gobierno?
A pesar que el presidente hizo lo que correspondía, obviamente septiembre generó efectos que dañaron la campaña. Se produjeron muchas divisiones, pero en general creo que el gobierno estuvo bastante alineado con el comando.

¿No es el principal factor de la derrota como dice Allamand?
Las responsabilidades son compartidas. Echarle la culpa a una persona no corresponde.

¿Qué te parecieron esas declaraciones?
Fueron muy duras. Si Andrés pretendía instalar un debate, lo que resultó fue desatar una crisis al interior de RN, y eso no ayuda. Es importante asumir las responsabilidades, pero a puertas cerradas.

LAS NUEVAS IDEAS

¿Quiénes caben en Evópolis?
Todos quienes se sientan interpretados por la declaración de principios que está en la página web.

¿Cuáles son esas ideas distintas que los diferencian de la UDI y RN?
En primer lugar, hay un factor generacional que nos permite tener un compromiso con la democracia. Segundo, hay un proyecto de justicia social, que tiene que ver con asumir que en Chile hay desigualdades de origen y que son una vergüenza. Y tercero, entendemos que no existe una forma de ver la vida, una forma de familia, sino que muchas formas distintas.

¿Estás a favor del matrimonio homosexual?
Sí, y a favor de la adopción también. Tenemos que hacernos preguntas de largo plazo y muchas de ellas son incómodas, porque no todos están de acuerdo en el sector.

¿Estás a favor de la despenalización de la marihuana?
Estoy de acuerdo con el autocultivo, pero el problema de las drogas es bastante más complejo y hay que empezar a ver sin dogmatismos nuevas formas de enfrentar esto.

¿Has consumido marihuana?
Sí, en la universidad fumaba habitualmente, y de repente fumo.

¿Qué te pasa con el aborto? ¿Eres partidario?
En materia de aborto estoy de acuerdo con el proyecto de Matthei y Rossi, que se hace cargo de la interrupción en caso de peligro de vida de la madre y de inviabilidad. Tengo serias dudas en caso de violación o cualquier otra cosa que lo amplíe. Pero sí estoy dispuesto a que haya debate y se ponga toda la evidencia científica, porque este no es un tema religioso. Con todo, la declaración de principios de Evópolis es súper clara en decir que se está en contra del aborto, y yo soy una minoría.

¿Eres católico?
No, soy ateo.

¿Qué te pasa cuando escuchas argumentos religiosos para oponerse al aborto?
Respeto esas posturas, pero no es tan original ese problema. En la izquierda hoy conviven mundos liberales y conservadores, y el desafío de la centro derecha es hacerse cargo de la diversidad, porque si no estamos condenados a ser una minoría.

¿Estás por una educación universitaria gratuita para todos?
No, la educación gratuita para todos es una política pública regresiva y equivocada. Toda la evidencia internacional dice que para corregir las desigualdades hay que sobreinvertir en los niños más vulnerables. Son en los primeros años de vida donde se producen las brechas y cuando llegan a la universidad no hay educación gratuita que resuelva las diferencias de origen. La gran vergüenza de Chile es que la cuna marca tu destino.

¿Por qué no se pueden poner los énfasis en los dos lados: en la cuna y en la universidad?
Porque los recursos son limitados. Cuando pasemos cierto ingreso per cápita y tengamos una cancha con igualdad de oportunidades, feliz de discutir eso.

Si hay algo que no he escuchado en el último tiempo es que Chile tiene recursos limitados. El discurso del gobierno es que Chile ha crecido harto.
Está bien, pero seguimos siendo un país que tiene que elegir en qué pone los recursos.

Una reforma tributaria ayudaría a recaudar más recursos.
Déjame hacer una discusión previa. Para el período que se viene, la centro derecha no puede tomar una posición de trinchera y oponerse a las discusiones. Debemos participar activamente. En cuanto a la reforma tributaria creo que no hay que ser dogmático. Hay que buscar el equilibrio que permita más recaudación sin afectar el crecimiento. Sebastián Piñera hizo dos reformas tributarias, entonces no es un problema de dogma. Yo no soy de los que considera que menos impuestos hacen un mejor país, pero sí creo que el Estado no es el gran padre que va a producir todas las transformaciones.

¿Cómo conviven estas ideas con RN y la UDI?
Cuando se analizan las causas de la derrota, una de ellas es la poca cultura de coalición que hay en la derecha. Las formas de resolver conflictos son muy dañinos para nosotros, escasea la armonía. Para Evópolis es un desafío poder colaborar con más unidad y entendimiento en la diversidad, y transmitir que eso es una riqueza: no hay una derecha verdadera como cree el Cote Ossandón, hay muchas.

¿Cuántas derechas hay?
No sé, quiero decir que no hay una y no es la que describe Ossandón. Esa es su visión, pero decir que es la verdadera es excesivo. Tiene que haber un buen tiempo de reflexión para poder reconstruirnos.

PIÑERISMO

¿Cuál es el relato de este gobierno? ¿Qué se puede decir del mandato de Piñera?
Va a tener mejor lejos que cerca, con el tiempo su obra tendrá más peso y memoria. Su legado es la capacidad de haber cumplido con lo que se prometió, fundamentalmente en temas económicos y sociales, y el trabajo como algo que se sintió para los chilenos. Si en el gobierno de Bachelet se produce una desaceleración económica se va a marcar más ese contrapunto. El otro legado potente es esta generación que pasó por lo público, algo nuevo nació de allí. Lo que hizo para los 40 años del golpe también es importante, porque le dio legitimidad democrática al sector diciendo las cosas por su nombre, y cerrando el penal Cordillera.

¿Le hizo bien a la derecha todo lo que Piñera hizo en septiembre?
Piñera actuó como jefe de Estado, en forma muy consistente con su historia, pero eso tuvo consecuencias políticas que afectaron la candidatura de Evelyn Matthei. Probablemente fue el peor mes, pero yo soy de aquellos que cree que la campaña pudo haber tenido una sintonía distinta.

¿Qué es el piñerismo?
El piñerismo es muy nuevo. Hay un grupo de personas, que son los colaboradores de Piñera, que se sienten orgullosos de un gobierno, pero no sé bien qué es el piñerismo, ni qué destino va a tener.

¿Qué tan piñerista es Evópolis?
Muchas de las personas que hoy estamos allí nos conocimos en el gobierno, pero Evópolis es un proyecto a largo plazo que tiene por delante las ideas y no es una plataforma hecha para nadie, mucho menos para Sebastián Piñera.

¿Qué te parece la idea de que Piñera se pueda repostular el 2017?
Es una pregunta completamente atemporal. Hoy Piñera es presidente y todavía no asume Bachelet, así que cualquier cálculo respecto al futuro no corresponde. La centro derecha acaba de sufrir una tremenda derrota y hay que hacerse cargo de eso más que estar proyectando liderazgos presidenciales.

Pero Piñera es una de las cartas.
Sebastián Piñera siempre va a ser un líder para la centro derecha. Si él es el mejor hombre en el 2017 creo que el sector debería ordenarse solo.

¿Eso no te complica?
No, me complica la pregunta sobre el candidato para el 2017, porque la derrota fue tan potente que proyectar un liderazgo presidencial es una conversación de borrachos, sobre todo cuando tenemos minoría en el parlamento y crisis en los partidos.

No es una conversación tan etérea. Hay varios que se han candidateado en estas últimas semanas. ¿Están borrachos?
Están equivocados, a destiempo. Primero hay que hacerse cargo de otras cosas.

BACHELET

¿Cómo se hace oposición con minoría parlamentaria?
La lógica de la trinchera es una mala receta. Hay que colaborar y diferenciarse, pero no bloquear.

¿Cuáles son los temores que le tienes a Bachelet?
Las expectativas que ha generado. Las personas sienten que con Bachelet todo será gratuito y de calidad y eso no va a ocurrir. El proceso de cambio tiene una velocidad y dudo que eso sea rápido. Ella ha dicho que su gobierno va a ser profundo, transformador, radical, y la verdad es que eso no va a ser así.

¿No van a ser tan profundos los cambios?
Van a haber cambios, pero son en la naturaleza de los últimos años: por acuerdos graduales, más que grandes revoluciones.

Ella podría pasar un par de leyes con la mayoría que tiene, por ejemplo la reforma tributaria.
Probablemente esa sea la reforma donde va a imponer su mayoría. Tiene todo el derecho a hacerlo.

¿Eso es pasar la máquina?
No, ella tuvo mayoría. Ahora, creo que en una democracia es sano escuchar también a la oposición, porque los proyectos pueden mejorar.

¿Es necesaria una nueva Constitución?
La Constitución de 1980 ha ido reformándose sistemáticamente y el ícono de eso es la Constitución que Ricardo Lagos firmó el 2005. Yo creo que vamos a seguir avanzando en una serie de cambios y para muchos Bachelet va a terminar firmando una nueva Constitución.

¿Va a terminar reformando la actual?
Claro, a través de los mecanismos institucionales va a perfeccionarla, siguiendo los canales que la propia constitución actual establece.

Parece que la asamblea constituyente ya no es parte del programa.
La asamblea constituyente fue algo que ni Bachelet ni su equipo nunca creyeron, pero que coquetearon durante toda la campaña. Ahora sabemos que tenían un procedimiento definido que no contemplaba la asamblea.

¿Qué es para ti una asamblea constituyente?
Un procedimiento que no existe legalmente, así que la ruta es seguir perfeccionando y reformando.

¿No salen buenas Constituciones de las asambleas?
No tengo conocimiento sobre eso, pero sí sé que nuestra institucionalidad no contempla esa ruta.

¿Tienes conflicto con que los comunistas lleguen al gobierno?
Me parece bien que los comunistas estén dentro de la institucionalidad y en el Congreso. Es una buena noticia.

¿Qué proyección le ves a Camila Vallejo?
Le veo más proyección a Karol Cariola, me he convencido de que tiene un liderazgo muy potente. Hay que ver cómo van a liderar ahora, ya no desde la calle, sino que desde el Congreso, que es menos sexy.

¿Te inquietan las proyecciones de Cariola y Vallejo?
Me parece bien. No tengo problema con ellas, le tengo miedo a quienes le temen a los comunistas. Nuestra democracia es más abierta y dialogante.