Junto con Orlando Walter Muñoz, compuso esa extraña y novedosa canción que apareció en Chile en plena década del 60 y que es considerada por varios como la primera canción de rock chilena con contenido, no liviana, con actitud digamos, “La muerte de mi hermano”. Gonzalo “Payo” Grondona nació en Playa Ancha, estudió periodismo e hizo canciones importantes.

Su participación en la urbanización del folcklore en el medio de aquello que se llamó la Nueva Canción chilena es fundamental. Esto, el cambio de una canción protesta que para muchos debía ser y sonar a folcklore y usar palabras partidarias y no sonar a rock y menos a pop, Grondona lo entendió como una “desavenencia intelectualota de izquierda” (como la llamó) a la que no había que hacer mucho caso, a la que no se debía ceder. De este modo, siguió su camino e incorporó a su música, a sus canciones urbanas, un lenguaje directo, historias comunes y cotidianas y un instrumento nada chileno, el banjo.

Con ello, aparecieron en su repertorio canciones escandalosas para el contexto de una época por completo politizada. “Il Bosco” por ejemplo es una que, en lo fundamental, se trata de una pareja que no tiene un lugar para pegarse una cachita: dos de la mañana/ vamos a un hotel/ no hay piezas desocupadas/ mejor que vengan a las tres…. tres de la mañana/ vuelta a otro hotel/ no hay piezas desocupadas/ mejor que vengan a las seis/seis de la mañana /parque forestal/entre gatos mapochinos/tuve que pensar. Ese humor exquisito está también en “Me diste mal la dirección” o “La Doris Day”: La Doris Day me hizo pecar confieso padre/ la Doris Day con sus canciones de almohada/ la Doris Day mano derecha acalambrada…La Doris Day boquita muerta y maraca/ la Doris Day le daba al rock como guaraca/la Doris Day señor doctor cagó mi infancia”.

Su quehacer pasó, en sus propias palabras, por toda clase de adjetivaciones. Dijeron que era un folcklorista urbano, un cantante de protesta, un cantor popular, un representante de la Nueva Canción chilena o un trovador de la ciudad. Él se consideraba un eslabón perdido, pero prefería (como da cuenta el documental “Payo en Serio”), que se le considerase como un Cancionero. Con los años (no tengo claro por qué), me daba la impresión de que Grondona era en verdad un cantautor uruguayo, quizá por ese particular modo de cantar muy seriamente y con cierta parsimonia, canciones llenas de humor negro, sarcasmo y realidad, (algo así como lo que hace Leo Masliah pero más dramático), o quizás por su apariencia, por su buena pinta (a la que el propio Grondona hizo referencia en más de una ocasión diciendo lo siguiente: “me van a perdonar pero yo era muy buen mozo”). Con la reciente muerte de Grondona se apaga la chispa de un músico encantador que le cantó “a los ascensores, a las conversaciones de la gente, a sus derechos, a los amores juveniles” pero también a las barbaridades políticas de aquel entonces y todo, desde una profundidad nada grave, nada beata, nada aburrida y por el contrario, llena, sumamente llena de frescura y gracia.