“Tenemos la tranquilidad de haber hecho lo correcto”, asegura el abogado Roberto Celedón a horas de la renuncia de Carolina Echeverría a la subsecretaría de las Fuerzas Armadas, cargo que no alcanzó a ejercer en medio de la polémica por su nombramiento dado los antecedentes de su padre, que fue capitán de inteligencia en Buin y que ha sido identificado por ex prisioneros políticos como autor de torturas y apremios sexuales.

La noche del jueves, la personera había sido respaldada por la Presidenta Michelle Bachelet quien argumentó que “uno no debe hacer que los hijos paguen consecuencias por decisiones de sus padres” y adujo que “no me pronunciaré sobre el padre de la subsecretaria de FF.AA., la justicia tiene que hacerlo”. También alabó en la ocasión la gestión anterior de Echeverría. El viernes, sin embargo, The Clinic Online dio a conocer el juicio de cuentas con que la Contraloría sancionó a la asistente social durante su administración en la Armada y que el PPD había entregado un informe dejando la decisión sobre la permanencia de Echeverría en manos de Bachelet.

-Las palabras de Carmen Hertz en su medio, y la información que se publicó el viernes dio cuenta de lo insostenible que era la situación de la subsecretaria. Mucha gente cercana a la DC me llamó cuando se publicó mi entrevista sobre este tema para comentarme que estaban consternados, Sin embargo, no teníamos ninguna certeza de qué iba a suceder, estábamos bastante desolados-, explica Celedón.

Qué le parece que finalmente haya renunciado.

-Da más tranquilidad, porque se impuso finalmente la prudencia. Era muy difícil para ella mantenerse en el cargo y era muy doloroso para quienes fuimos víctimas de su padre. Ella no iba a poder cumplir cabalmente con el programa de Derechos Humanos porque el amor filial no le iba a permitir tomar medidas que podrían haber afectado a su padre. Con este paso se puede confiar un poco más en el Gobierno.

Se tardó bastante en zanjar esta situación.
-Sí, y fue absolutamente innecesario. A nosotros, como ya dije, nos hizo revivir un dolor muy desgarrador y, por un deber cívico, relatar públicamente hechos que nunca le habíamos contado a nuestros hijos para no contaminarlos, para que no aprendieran a odiar. Mire, yo entiendo el amor de familia y sé que cuando Carolina Echeverría dijo “yo amo a mi padre” lo hizo de corazón, sin afanes políticos. Ahora, creo yo, el desafío de ella, ahora que renunció, es seguir amando a su padre aún sabiendo la verdad, conociendo su verdadero rostro. No hay falsedad en lo que hemos contado con Mercedes y ella debe aceptar eso, aceptar que, con o sin sentencia, su padre cometió violaciones a los derechos humanos y apremios sexuales, que fue capaz de esas bajezas y, con esa verdad, aprender a vivir.