Durante las últimas semanas, diversos acontecimientos han vuelto a poner en el tapete a esta hierba, y su consumo. Primero la visita del presidente de Uruguay, y luego, a raíz de la salida y de las declaraciones de Francisca Florenzano (de brillante gestión en su cargo), uno más de los cargos concursados por ADP que fue desvinculado, quién al irse confidenció que estaba listo el decreto que sacaba a la marihuana del grupo de drogas más duras.

Lo importante de toda esta exposición mediática, es que nos permite producir las condiciones para tener como sociedad, un debate que no podemos seguir eludiendo. Soy de aquellos que, luego de intensos debates públicos y en familia, he ido pasando de una actitud completamente cerrada, a una que se acerca cada vez más a la de aceptar la despenalización del autocultivo.

¿Por qué este cambio?. En primer lugar, siempre he pensado que deben ser muy pocas las cosas las que la sociedad, y el Estado como representante de esta, tienen derecho a prohibir a una persona, y sobre todo en su esfera íntima. La libertad de decidir sobre lo que haces contigo, de determinar que comes o tomas me parece esencial, salvaguardando claro que esa libertad no afecte los derechos de otras personas.

En segundo lugar, he conversado esto largamente con mi hijo adolescente, y he ido a varios debates en donde he defendido la postura anti legalización, y sinceramente, me ha costado mantener mis argumentos en este tema por lo que paso a exponer.

Yo jamás he probado un cigarro de tabaco, y mucho menos de otro tipo de hierba, pero, en este contexto, me parecen complejas las restricciones o prohibiciones que van desde el alcohol, hasta un paquete de papas fritas, y por eso me llama la atención que quienes se autodenominan progresistas pretenden imponernos qué y cuanto comer.

Comprendo perfectamente que algunas de las restricciones se hacen para evitar que el ejercicio de nuestra libertad, se transforme en un problema de salud pública, y en definitiva en una carga para toda la sociedad.

Respecto de las drogas, siempre he estado por la prohibición de la comercialización, y la persecución del tráfico de la manera más enérgica. Lo anterior, no obstante hasta ahora parece que, en todo el mundo, se trata de una guerra que estamos perdiendo. En ese marco destaco el tremendo trabajo que hacen fiscales, carabineros y detectives en una lucha que pone en riesgo sus vidas como pocas otras, y en la que contamos con instituciones ejemplares a nivel internacional.

Respecto de la marihuana, antes de cualquier otro análisis, parto de la base que se trata de un elemento nocivo para nuestra salud. Pero en la misma línea, no creo que sea más nocivo que el tabaco o el alcohol. ¿Por qué entonces están unos permitidos y otros no?. La respuesta es simple, por acuerdo social, es decir, porque la sociedad, a través de sus representantes en el gobierno y el poder legislativo así lo ha decidido.

Como ex carabinero y con experiencia en tránsito y carreteras, puedo ratificar lo que las estadísticas nos indican. El alcohol al conducir o en los peatones es una de las principales causas de muerte en Chile. Como oficial de Orden y Seguridad, creo que son las drogas mas duras las que motivan delitos o que hacen al delincuente actuar de manera irracional (sobre todo la pasta base).

Desde el punto de salud pública, está demostrado que el tabaco es una de las primeras causas de muerte en nuestro país. En ambos casos desconozco cuál es la incidencia de la Marihuana.

Factores que llaman a no despenalizar son varios:
* Para varios especialistas, es una droga con alto poder adictivo.
* Es nociva sobre todo en etapa temprana (niñez y adolescencia)
* Es, o puede ser la puerta de entrada a otras drogas.
* Su consumo produce estados de conciencia incompatibles con conducir, trabajar y un largo etc.
* Produce daño neuronal.

Luego, pido que nos abramos al menos a analizar los argumentos de quienes están por la despenalización, porque me parecen válidos y atendibles:
* La marihuana es igual o menos adictiva que el tabaco, que si está permitido.
* Es una droga blanda.
* De autorizarse debe hacerse con las mismas restricciones del alcohol (comercialización, prohibición de conducción de vehículos, lugares de consumo etc.)
* El consumidor de marihuana al ir a comprar hoy, entra en contacto con un traficante de drogas que de seguro tratará de venderle pasta base o cocaína.
* Por lo anterior, también se pone en contacto al consumidor con la cadena de delincuentes.
* Una enorme cantidad de recursos materiales y humanos de la fiscalía, policías Jueces y Gendarmería se utiliza en el combate a esta droga blanda, los que de legalizarse, se concentrarían en las drogas realmente peligrosas.

Por todo lo anterior, y varias otras razones más, creo que debemos abrir al debate hoy, la posibilidad de legalizar el autocultivo y consumo de cannabis. Luego de ese debate amplio y profundo, sin pre juicios y con la mayor participación posible, como sociedad podremos sustentar de mejor manera la determinación a prohibir la marihuana, o por el contrario, la de permitir su uso y cultivo con las restricciones que se acuerden. Respecto de las drogas duras como la cocaína, pasta base, crack y un largo etc., creo que deben seguir prohibidas. Por último, dejo meridianamente claro, que se trata de mi opinión personal, que no representa ni pretende hacerlo, a las instituciones a las que pertenezco o he pertenecido, donde probablemente esta columna no sea compartida.

*Mario Desbordes es secretario general de Renovación Nacional