René Alinco está parado sobre una losa recién construida. Tiene un pie sobre el cemento semifraguado y el otro arriba de una pala que sostiene con su mano. A su lado, Víctor Jara, un albañil que se llama igual que el cantante, termina de emparejar una mezcla: “No vayan a pensar que me vine a disfrazar de obrero”, dice, mientras luce antiparras en la cabeza, unos jeans polvorientos, y una plasta de cemento seco en el lóbulo de una oreja. “Estamos hecho mierda, tuvimos que subir todo este hormigón en balde”, agrega con voz de agotado.

Hace 24 días que René Alinco dejó de ser parlamentario y durante todo este tiempo se ha dedicado a construir una nueva casa de dos pisos, en un terreno que compró en una población de Coyhaique. Allí pretende arrendar varios espacios: en la planta baja un comerciante quiere poner un minimarket, y en la parte alta, unos amigos quieren instalar una radio. En ese mismo piso, también, el ex diputado pretende echar a andar una fundación ligada al rubro del trabajo: ha vuelto -como precisa- a su antigua vida de obrero. Los cambios se notan hasta en las cosas más mínimas. De su bolsillo, saca un celular de antigua generación, de esos con teclas. Alinco explica que la antigua BlackBerry se le echó a perder y que desde que dejó de ser parlamentario ha debido arreglárselas con un teléfono de prepago que le costó $9.990, y que ya tiene la pantalla quebrada.

-Durante ocho años le estuve poniendo a Entel casi 800 mil pesos para pagar los celulares de mi equipo de trabajo, y hoy no me quieren dar un plan de 30 lucas mensuales, porque no tengo contrato -se queja.

¿Cuáles son los privilegios que echa de menos?
El estatus no me interesa, lo único que echo de menos son los días 18, que es cuando nos pagaban, porque el billete era bueno. Creo que el espacio también lo voy a extrañar. Estar entre los 120 diputados no es menor, porque por allí pasan las soluciones, y los trabajadores tenemos que estar en ese lugar. No me interesan las oficinas, los autos, o chasquear los dedos para que te traigan un café, porque hay algunos a los que les gusta esa vida.

¿Vida de reyes?
Sí po’, y yo soy un plebeyo. Allá hay patrones de fundo, son buenos para mandar, para tratar mal a los trabajadores.

¿Se comía rico en el Congreso?
Nunca tan rico como en mi casa, pero no pedía platos especiales. Comía lo que me ponían en la mesa, y por supuesto que el sillón engorda. Además tengo 55 años: no soy ninguna silueta.

¿Qué cosas se compró con su sueldo en todos estos años?
El sueldo de los diputados es razonable, pero no da para enriquecerse. Me compré el terreno donde estamos ahora, tengo un auto y un departamento en Santiago, una camioneta acá, y una casa en Valparaíso. También eduqué a mis cabros y ayudé a unos familiares que están estudiando. Es que el parlamentario tiene que tener un sueldo razonable, porque no puede andar pidiendo plata ni aportes. Yo nunca he pedido plata a los empresarios.

¿Se sintió discriminado en la Cámara?
Al Congreso no entré para hacer amigos ni enemigos, pero obviamente que la discriminación se siente. El parlamento carece de fraternidad y la solidaridad no se conoce.

¿Se sintió insultado en algún momento?
No, pero por atrás siempre decían cosas. Yo vengo de otro mundo, donde las cosas se dicen de frente, y pagué por inocente. Allá hay diputados de primera, de segunda y de tercera, pero yo tampoco me dejaba atropellar.

¿Hay vacas sagradas?
Sí, y en todas las bancadas. Por ejemplo, Felipe Harboe del PPD, Alberto Cardemil de la RN, Carlos Montes del PS. Yo no era el prototipo de parlamentario que el sistema requiere. Yo fui con el objetivo de proteger los intereses de los trabajadores y eso es lo que hice en la ley de pesca, en el sueldo mínimo regionalizado, y en los aumentos salariales anuales, que eran una miseria. Me recuerdo una vez que se reajustó el sueldo mínimo en mil pesos, y a la semana después los parlamentarios se subieron 500 lucas. Hay un grupito selecto de parlamentarios que recorre el mundo con platas del Estado, siempre son los mismos.

¿A usted no lo invitaban nunca?
Fui una vez a Europa, cuando la presidenta fue a la OIT. Íbamos por ocho días, pero como no sabía inglés y echaba de menos Aysén, me devolví al tercero. Cuando regresé a la Cámara quería entregar el viático que no ocupé, porque eran como 300 mil pesos diarios, y no había un mecanismo para hacerlo. Al final, un personaje importante me dijo que me gastara la plata o que la entregara al Hogar de Cristo. Hay poca transparencia y discriminación en el congreso. Por ejemplo, el tratamiento que se le dio al diputado Pedro Velásquez, que fue designado por votación como vicepresidente de la Cámara y después se le pidió la renuncia por unas deudas que tenía como alcalde. Resulta que hay diputadas que hoy están devolviendo plata que robaron al Congreso, como la diputada Claudia Nogueira, que fue condenada a entregar cerca de 40 millones de pesos, y que sin embargo sigue ejerciendo su cargo. La diputada Nogueira hizo una “transfugeada” muy grande y ese tratamiento no es igual para todos.

¿Qué otras “transfugeadas” pasan en el Congreso?
Hay muchas atrocidades. Una vez a una funcionaria se le perdió un anillo y se le echó la culpa a un trabajador que hacía el aseo. A él se le trasladó al subterráneo, y en presencia de Carabineros lo desnudaron para saber si lo tenía. Al final, el anillo apareció en la casa de la dueña. Eso fue una denigración.

ALINCOCOSAS

¿Se falta mucho a la ética en el Congreso? Usted una vez dijo que la comisión de ética valía callampa.
Sí po’, acá al único al que no se le ha respetado su vida privada ha sido al ex diputado Alinco. No se me mide con la misma vara, y la prensa ha hecho una caricatura mía. Ustedes, por muchos años, me han sacado la cresta. El The Clinic hizo de Alinco una figura de un líder negativo, un corrupto, un vicioso, un sin virtudes, pero todas mis cagadas fueron honestas. Acuérdate que el famoso caso de la camioneta, que ya parece el penal de Caszely, fue un error policial. La gente cree que me llevaron preso y eso no fue así.

Hablemos de eso. ¿Cómo fue el procedimiento?
Estaba en Tejas Verdes, eran como las diez de la mañana y llegaron tres patrullas de carabineros. Dentro de una de ellas estaba Walter Ramírez, el asesino de Matías Catrileo, al que había denunciado una semana antes. Ellos dijeron que me habían sorprendido en actos inmorales adentro de una camioneta, y eso no es verdad, no hay una foto, nada, además no era camioneta, era un jeep. Los pacos salieron a dar una conferencia de prensa a la media hora después diciendo que me habían pillado en una falta a la moral, cuando lo único que hubo fue un control de identidad.

¿Esto le trajo un costo familiar?
Por supuesto, muchos creen que Alinco no tiene familia y eso no es así. Tengo seis hijos y todos con los mismos derechos, porque tuve unos descuidos por ahí.

¿Qué le dijo su señora?
Obviamente no le gustó la huevá, me fleteó como corresponde, pero después se dio cuenta que más que una falta mía era una encerrona.

¿Está con su señora actualmente?
Sí pues, mi mujer. Llevo 28 años casados con ella.

¿Es verdad que a la mujer con la que lo pillaron la echaron de su trabajo?
No sé, lo lamento por ella. Pero el tema es que este tipo de cosas no se las hacen a otros parlamentarios.

No se mide con la misma vara.
No po’. ¿Usted cree que yo era el único que tomaba en el Congreso? Habían algunos que a las 10 de la mañana llegaban pasados a whisky, pero yo era el niño símbolo en ese aspecto. Adentro del Congreso, además, hay mucho acoso sexual, yo mismo los denuncié, pero nadie dijo nada, porque en la Cámara de Diputados hay un poder fáctico.

¿Se consume drogas en el Congreso?
Habría que hacer un examen de pelo, yo creo que tendríamos sorpresas. Aunque de drogas yo no sé nada.

¿Nunca ha fumado marihuana?
He fumado marihuana de copión, no soy un virtuoso. No estoy en contra, creo que tenemos que legalizarla. Ahora, tengo entendido que la cocaína tiene un poder adictivo grande y ahí yo cuestionaría el uso en los parlamentarios. Si hay diputados que consumen drogas duras están expuestos a presiones y chantajes, por eso la mejor forma es hacer exámenes de pelo.

LAS REPRESAS
¿Por qué cree que perdió?
Los viejos me pasaron la cuenta. Yo soy un tipo frontal y eso me jodió. Yo me fui en contra de la ley de pesca, he denunciado a gente importante como Tompkins, los salmoneros, y los Walker, y eso no es menor. Acá los Walker se las dan de inversionistas y son meros especuladores. Pareciera que denunciar a los poderosos es saludable, pero cuando uno no tiene los medios de comunicación eso es fatal. Se creó la imagen de que yo era el malo de la película y no pude revertirlo.

¿Lo tenían vetado?
La Iglesia Católica maneja los medios de comunicación y el obispo Luis Infanti se ha transformado en un caudillo. El obispo no me quería por el tema de la represa. Él está en contra de HidroAysén y yo me considero un tipo que quiere el desarrollo integral para la región. Si ese desarrollo pasa por construir represas, bienvenido sea. Prefiero eso a una planta nuclear o una a carbón. El gran problema de esta discusión es que han polarizado la región, entre ayseninos buenos y malos. Yo nunca he recibido nada de HidroAysén, pero los mercenarios de la ecología han llegado a tal nivel que el que no está de acuerdo con ellos es un antipatriota. Ellos hablan de paz, amor, verde, pitos… para ellos nosotros somos vendidos, pero no dicen nada sobre Tompkins, que tiene miles y miles de hectáreas. Ese es un gringo invasor y nadie le dice nada acá: fue amigo de Frei, de Lagos, de la compañera Michelle, de Piñera, es amigo de todos.

La gente lo acusó a usted de vendido por estar a favor de las represas.
Sí, pero los que me acusan son más vendidos que yo. Yo no estoy diciendo que estoy a favor de este proyecto, sólo digo que no estoy en contra, con eso quiero decir que hay que poner condiciones que favorezcan a la región. Hoy existe la tecnología para lograr un desarrollo integral para Aysén y a la vez proteger el medio ambiente. Yo quisiera que este paisaje se mantuviera así, pero qué saco, si esta huevá no es ni mía. Y los hueones: “no, que el agua, que el Baker es de nosotros”. Esas viejas no tienen ni siquiera tierra en las orejas. Anda al Baker, métete a un lodge, y no te dejan entrar: a los chilenos no nos arriendan, porque el Baker hace mucho tiempo que no es nuestro.

¿Quiénes se están comprando la Patagonia?
Acá en Aysén los comités de vivienda tienen aprobados los subsidios pero no hay tierras donde construir, eso demuestra que están volviendo los latifundios. Hay un par de empresarios que tienen los mejores territorios de Aysén: Tompkins, los Alcalde, los Walker, los Pucci. Acá hay que industrializar la región porque la gente necesita trabajo: yo necesito trabajo y hay viejos y jóvenes que quieren hacerlo y no tienen dónde. Dios hizo la naturaleza para nuestro beneficio, hay que cuidarla y protegerla, pero se puede conjugar también con la construcción de una central. Estoy convencido de que si se hiciera un plebiscito, la mayoría querría que se construyeran las represas.

¿Qué otros beneficios trae la construcción de las represas?
Dicen que el precio de la energía de la región bajará en un 50%. Imagínate que acá el metro de leña vale 30 mil pesos y eso te alcanza para 15 días. Nosotros necesitamos energía más barata y yo no veo otra propuesta en estos momentos. Tarde o temprano HidroAysén se va a hacer.

¿Usted trabajaría en la construcción de HidroAysén?
Si hay pega, no hay problema. Todo trabajo es honesto. Le aseguro que si este proyecto se construye, la mayoría de los que despotrican van a ir a golpear la puerta pidiendo pega, porque acá no hay dónde trabajar.

La Cámara perdió un obrero y ganó un pescador. ¿Qué imagen tiene de Iván Fuentes?
Lo conozco bien, no he sido su amigo, ni lo seré, pero espero que no le falle a la confianza de la gente.

¿Están bien resguardados los intereses de la región con Iván Fuentes?
No, los intereses de nuestra región no están resguardados ni por Patricio Walker, ni por su títere Iván Fuentes, que tiene un oscuro pasado como dirigente pesquero. La gente se va a pegar un palmazo en la frente con él.

¿Walker tampoco resguarda los intereses?
Walker es el dueño y señor de Aysén, éste es su fundo, pero no tiene interés por el desarrollo de la región. La familia Walker, durante el gobierno de Ricardo Lagos, compró 16 mil hectáreas de un microclima maravilloso, en un sector llamado Puerto Sánchez, frente a las Capillas de Mármol. Por muchos años la gente de ese lugar pidió que se construyera un camino que uniera el puerto con la Carretera Austral, pero sólo después que los Walker adquirieron el terreno, en un precio de $1.300 la hectárea, el camino se construyó. Por eso es que digo que ellos, más que inversionistas, son especuladores y destructores de nuestra tierra.

¿Qué otros negocios tienen?
Hace unos años se instalaron con una empresa maderera, que llegó a tener 600 trabajadores. Llegó un momento en que presionaron al gobierno de Lagos para que le dieran la concesión de 27 mil hectáreas de bosque de Lenga, porque si no iban a cerrar la empresa. El gobierno regional quedó contra la pared, porque podían haber sido 600 viejos en la calle, y les dieron la concesión. A los tres meses la empresa despidió a 400 trabajadores, y a los cinco vendieron la empresa y la concesión a unos japoneses.

BACHELET
¿Se siente traicionado por la Concertación?
No, qué le vamos a pedir, si se aserruchan el piso entre ellos. Ellos, con el cambio de nombre al de Nueva Mayoría, pretenden dar una imagen de compromiso, pero eso no va a ser así porque es un simple maquillaje. Los antiguos dirigentes de la Concertación siguen teniendo poder en el gobierno, por eso hay que crear un movimiento de avanzada, revolucionario, que realmente se preocupe por los cambios estructurales. En esto hay que ser transparente, sobre todo hay que tener tolerancia cero con los actos de corrupción y el tráfico de influencia.

¿Usted está hablando del lobby?
Sí, yo voté en contra porque la ley del lobby legaliza la corrupción. Los chilenos de a pie no tenemos ninguna posibilidad de influir en el parlamento, porque ni siquiera nos dejan entrar. A diferencia de todas las organizaciones relacionadas con la producción y los grandes empresarios, que se pasean como Pedro por su casa en el Congreso.

¿Los lobistas se pasean como quieren?
Los pesqueros se paseaban como querían cuando se estaba discutiendo la ley de pesca: no andaban con un maletín, andaban con dos.

Entonces usted también es de los que cree que hay que usar la retroexcavadora.
Sí, absolutamente de acuerdo con el compañero Jaime Quintana. Para hacer los cambios estructurales se necesita remover los cimientos del sistema. Hay que discutir el tipo de sociedad que Chile necesita para elevar el nivel de vida de toda la gente.

¿Cuáles son esos cambios?
Hay que hacer una Asamblea Constituyente. La nueva Constitución tiene que nacer de las bases del pueblo. Acá tienen que elegirse constituyentes comunales, regionales, y productos de esas dos anteriores, una gran constituyente nacional. Después de recoger toda esa información, recién ahí necesitamos una comisión de expertos que analice todas las solicitudes. Con la gente que se maneja la presidenta sí, va a ser muy difícil que todos los cambios se hagan.

¿Qué le parece que el PC ahora sea parte del gobierno?
Cuando yo ingresé al PPD mis compañeros comunistas me dijeron que yo era un vendido, que cómo podía estar en un gobierno que pregonaba el sistema neoliberal, pero resulta que hoy los veo vivitos y coleando allí mismo. Tienen hasta un ministerio. Si bien han dicho que ellos están por hacer cambios de fondo, hasta ahora no veo mucho apoyo.