-Nosotros no podemos hacer el amor, porque están todos los hijos durmiendo al lado, a veces hasta en la misma cama; hablar de algo personal –una pena, una pelea, cualquier cosa íntima- es imposible porque todos se enteran. Hay familias en que los niños son violados en casas donde viven 15 ó 20 personas, con un hacinamiento feroz. Si ni siquiera se puede ir al baño tranquilo, porque imagínate lo que es compartir un baño con seis o nueve personas,- reclama la dirigente social de El Bosque, Catalina Lobos Quelempan (30), presidenta de la Federación de Comités de Allegados “Los sin tierra”.

Este organismo se denomina así porque aunque sus integrantes tienen aprobados desde hace casi dos años subsidios de alrededor de 500 UF para adquirir viviendas propias, no pueden hacerlo ya que el alto valor del suelo en la capital bloquea cualquier posibilidad de concretar la construcción de casas.

El caso de Catalina refleja los problemas del denominado Fondo Solidario de Elección de Vivienda (FSEV) que debutó en 2012 y que está regulado por el Decreto Supremo 49 (DS 49) que permite, en el papel, disponer de recursos aún cuando no exista un proyecto habitacional. La modalidad de postulación –que está siendo revisada por el Ministerio de Vivienda y que es considerada como una de las crisis más relevantes que deberá enfrentar el Gobierno actual en el área- surgió como alternativa al método en que las familias debían agruparse en una Entidad de Gestión Inmobiliaria y Social (Egis) para obtener un subsidio una vez que tenían asociadas una propuesta habitacional.

-Yo fui conejillo de indias. Recibí en agosto de 2012 mi subsidio. Sólo tenía que contar con un ahorro de 10 UF –más de $200 mil-, y nos costó porque mi esposo es obrero de la construcción y gana el mínimo. Tenemos dos hijos y yo en esa época estudiaba secretariado bilingüe. Nos apretamos al máximo, yo tuve que congelar los estudios, porque el sueño de todo poblador es la casa propia, entonces obvio que valía la pena, pero han pasado dos años y estamos donde mismo: viviendo con mis papás. Somos en total siete personas, porque aquí vive también otra hermana, repartiéndonos 47 metros cuadrados.

LA CRISIS

Según un informe elaborado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) de la administración de Michelle Bachelet, que fue presentado el 19 de marzo a la Comisión de Vivienda de la Cámara de Diputados por la ministra Paulina Saball, el DS 49 generó una “bolsa” de beneficiarios que cuentan con un boucher que no pueden utilizar.

Las cifras indican que hay 33 mil familias vulnerables que recibieron subsidios y que aún no tienen casas. De ellas, 19 mil (57%) no tienen un proyecto en desarrollo –aún cuando ya se ha iniciado la compra de suelos- y otras 14 mil (42%) no tienen ni una entidad patrocinante ni un terreno para convertir el certificado de subsidio en una vivienda.

En la capital es donde se concentra el mayor problema, explica Mauricio Liberona director Subrogante del Serviu Metropolitano. “Según el catastro que tenemos estamos frente a 13.800 familias que se acogieron al DS 49 y que están aún sin casa y que corresponden a 249 comités”, comenta la autoridad.

El 63% (8.600) de los beneficiarios ya están vinculados a un terreno o hay promesa de compraventa o traspasos de suelos. De ese grupo, hay 7.800 familias que ya están vinculadas a una entidad patrocinante, es decir, que ya empezaron a desarrollar los proyectos habitacionales. En tanto, 37% -5.100 familias- están en condiciones más complejas porque no tienen asignado terreno ni cuentan con una organización para desarrollar un proyecto.

Catalina –y los socios de los 20 comités que representa de El Bosque, La Cisterna, San Ramón y Pedro Aguirre Cerda- pertenece a esta última calificación.

-Vamos a cumplir dos años con los subsidios en la mano sin tener ninguna solución. Yo vivo de allegada con mis papás y es una de los mejores situaciones, porque tenemos integrantes del comité que también están de allegados pero son más de dos familias por casa, en un solo hogar pueden vivir tres o cuatro familias, en hacinamiento. Me gané el subsidio de las primeras y sigo donde mismo. Aquí en El Bosque, ninguna de las personas que tenemos subsidios tenemos proyectos-, reclama.

Liberona asevera que casos como el de Catalina son los que se están trabajando con prioridad. “Se creó un Equipo de Gestión de oferta dentro del Serviu para que se pueda captar esta demanda y darle la oferta necesaria para que estas familias puedan tener solución. La gracia es que así el Serviu no tienen que esperar que llegue alguna Egis con un proyecto, sino que se aceleran los tiempos gestionando con entidades privadas”, destaca.

Actualmente están en procesos de compras paños de terreno en San Bernardo, Lo Espejo, Departamental y en Puente Alto y se analiza terminar con el DS 49.

-El problema que genera es que una familia puede pasar mucho tiempo con un subsidio en la mano sin tener una solución habitacional definitiva-, relata.

Sin embargo, el exsubsecretario de Vivienda de Sebastián Piñera, Francisco Irarrázaval, asegura que aún con la espera que admite que puede ser larga, se trata de una política más justa que las que implementó Bachelet en su primer periodo en las que, sostiene, “se optó por mandar a vivir a los pobres bien lejos y ya”.

LA PERIFERIA
Irarrázaval asevera que en el año 2006, Bachelet optó por privatizar el desarrollo habitacional para la población vulnerable a través de las Egis, lo que a su juicio sólo fomentó la segregación.

-Lo que hacen estas organizaciones -que nosotros no eliminamos porque lo que se hizo fue sólo dar una alternativa distinta- es desarrollar el proyecto completo, es decir, reunir a las familias vulnerables y postularlas al subsidio. En el anterior gobierno de Bachelet fue donde más viviendas se construyeron. Así fue en Melipilla, Peñaflor, Lampa y Batuco, mientras que las familias de Puente Alto, Santiago, La Florida no podían ni siquiera postular a subsidios porque no había suelo y las Egis trabajan a la segura. De hecho, no hubo ni una sola postulación en esas comunas y eso da cuenta de que era un proceso de postulación que fomentaba la segregación porque estaba todo tercerizado.

Las cifras son confirmadas por Liberona, quien destaca que “eso era así, pero hay que considerar que actualmente las familias que postulan sin terreno es muy difícil que se puedan quedar dentro de la misma comuna, aunque se está intentando”.

Con todo, Irarrázaval insiste en que la mirada de la administración de Piñera sobre el tema era adecuada porque “consideraba que las personas merecían o no subsidio sólo por sus variables socioeconómicas –y no por la factibilidad de suelo o proyecto- y se les abrió, por lo mismo, una especie de cuenta corriente en el Serviu que le adjudicaba un subsidio”.

-Así, en total, entregamos cerca de 33 mil viviendas sin proyectos, todas ellas asociadas a recursos frescos que quedaron debidamente depositados en los servicios respectivos. Lo que hay que hacer ahora es dejar de quejarse y hacer la pega que siempre se debió hacer: atender desde el Estado y no desde terceros a estas familias- destaca el ingeniero civil y ex director de un Techo para Chile.

Irarrázaval agrega que “sentarse a esperar a que las Egis traigan a las familias y los proyectos aprobados, como se hacía antes, es de una flojera inmoral porque no se atiende a las familias más vulnerables sino que se atiende sólo a las familias que viven en lugares donde hay suelo disponible o que tienen pitutos”.

Catalina no tiene ni suelo ni ningún padrino político, pero sí una convicción.

– La vivienda propia es el sueño de todo poblador y acá jugaron con nuestros sueños, con nuestras expectativas, nos dijeron que íbamos a tener un método seguro para tener viviendas y era una trampa y engañar así a alguien es violencia política.