José Salazar Monsanto

A 35 kilómetros al sur de Santiago, cruzando una línea de tren y un canal paralelo a la calle Camino a Lonquén, se encuentra una de las siete plantas de proceso de vegetales de Monsanto en Chile. La transnacional norteamericana, presente en más de 120 países y de mala reputación mundial por la historia del agente naranja y sus alimentos transgénicos, tiene en el fundo Viluco una de las siete fábricas desde donde elabora semillas de hortalizas, maíz, soya y algodón para el mundo.

Junto al laboratorio privado más moderno del país, donde se desarrollan y limpian cultivos de nuevas variedades desarrolladas por genetistas, la empresa trabaja silenciosamente. No hay un cartel que diga que ahí está presente una de las marcas más cuestionadas en el mundo.

Una estrategia que buscaba no exponer a la firma ante la enorme mala fama que acumula ante defensores del medio ambiente y que dicen no merecer luego de haber sido bautizada una ley con su nombre que renovaba la Ley de Obtentores Vegetales en Chile y que supuestamente amenaza la soberanía alimentaria de Chile. Silencio que ya no va más y que José Ignacio Salazar, gerente general de Monsanto en Chile, se encarga de romper.

¿Por qué la planta no tiene una M gigante afuera para que se sepa que está Monsanto?

Pasamos por varias empresas que tampoco tenían cartel.

Pero habían varias que sí.

Mira, no tenemos ni página web en Chile. Así de mal lo hacemos para comunicarnos. Cuando aquí manejamos un negocio de hortalizas, nuestra marca tiene una página porque estamos en contacto con el agricultor comercialmente. Pero como la operación de la semillas es muy manufacturera en Chile, solo existía el contacto directo con el cliente. Ahora, con todo este boom, nos dimos cuenta que no teníamos página. Te diría que ha sido torpeza nuestra en el negocio el habernos comunicado durante todo este tiempo solo con un sector industrial, agricultores y semilleros. Después, cuando vino todo esto, no se si supiste pero nos pusieron un aviso de bomba.

¿Una bomba acá?

No, tuvimos que evacuar el edificio en Santiago, nos rayaron, llegó el Gope, nos evacuaron y afortunadamente no era una bomba. Mira, en algún momento pensamos en no publicar tanto donde estábamos por un tema de seguridad, pero hoy día es esto. Y si tú ves la página ahora, esta es la dirección y estamos totalmente abiertos. No hay nada que esconder. En algún momento nos dio un poco de susto, obvio, cuando te ponen una bomba en la oficina y hay 40 personas. Para que quede una cagá basta un loco nomás.

¿Y cómo entiendes tú que ocurra algo así o hasta ahora no lo entiendes?

No, yo lo entiendo. Creo que la desinformación que existió en algún momento más la calentura de la UPOV 91 (la denominada Ley Monsanto) mezclaron muchos elementos que se informaron en redes sociales y nosotros no salimos nunca a desmentir activamente esos elementos. La Asociación Nacional de Semillas tampoco lo hizo y se encandeció todo. Nosotros salimos a calmar las aguas porque pensamos que esto era tan alejado de la realidad que en algún momento iba caer. Pero lo único que pasó es que fue creciendo y creciendo. No justifico que un personaje nos dé un aviso de bomba, porque se dio el tiempo de armar un artefacto parecido. Pero bueno, eso sólo habla mal de los grupos Anti Monsanto. Nosotros vamos por el diálogo, abrir las puertas y comunicar lo que hacemos.

¿Entonces, cómo es trabajar en Monsanto con esta mochila de mala fama y mala reputación mundial?

Bueno, en Monsanto hay que hacerse cargo de eso. Es una empresa que tiene 100 años y que ha pasado por diferentes negocios en esos 100 años y yo te diría que en los últimos 25 es cuando se transforma en una empresa enfocada 100% en agricultura y si tú revisas la carga histórica, vienen del Monsanto de mucho antes. Yo, ahí rescataría que Monsanto se hace cargo y que en realidad podríamos haber cambiado el nombre, como muchas empresas y en señal de transparencia dijimos: sabis qué, sigamos llamándonos como nos llamamos y contemos la historia que haya que contar. Y si nos preguntan por el pasado de Monsanto, sí, es parte de lo que yo como líder de este negocio tengo que lidiar también. Por otro lado, siento que es una tremenda oportunidad. O sea, hoy si no hubiese sido por la mala fama de Monsanto no habría tenido la posibilidad de explicar lo que hacemos, de acercarme a una comunidad no agrícola y eso hoy día lo veo como una oportunidad porque gran porcentaje de la población no sabe y quiere saber lo que hacemos. Tenemos que tomar ese rol educador y comunicador como cualquier empresa moderna. No sólo encerrarse en la clase agrícola, sino más bien ser una empresa como un actor dentro de una sociedad que genera un valor no sólo por lo que comercializa sino por cómo es como vecino de esa sociedad. Y eso es el regalo que nos dio esto porque nos despertó. Mucha gente viene y me dice, yo pensé que esto era como un bunker, no sé, y aquí está, no es otra cosa.

¿Y cómo se hacen cargo de esto entonces? Porque Monsanto es hoy igual a calaveras, semillas del diablo, cáncer, mala alimentación.

Monsanto es eso en la cabeza de algunos. En Argentina, por ejemplo, que es una empresa importante, tiene un impacto en la economía importante, porque es una zona soyera y maizera, se hace un estudio de mercado en la calle y hay un 80% de la población que no tiene idea quién es Monsanto. Entonces, entiendo el comentario tuyo en un grupo de la población, pero el gran grupo no conoce lo que es Monsanto. Y si yo te pongo otro grupo de la población, que son los agricultores chicos, tienen otra opinión de Monsanto. La oportunidad está en la comunicación transversal. O sea, a mí me interesa que la gente pueda opinar de Monsanto con más elementos que los que hoy día tienen. La carencia de esos elementos en parte es responsabilidad nuestra. Y no sólo de Monsanto, de la industria también, porque si te digo que hay otras 70 empresas que hacen lo mismo que nosotros y nadie habla de ellas, la pregunta que yo me hago es ¿hay alguien que genuinamente está preocupado de la técnica o en realidad quiere desprestigiar a Monsanto? Porque si la preocupación fuera genuina, ¿por qué se habla sólo de Monsanto?

Pero eso tiene que ver con que Monsanto es una multinacional.

Hay otras 15 multinacionales que hacen lo mismo.

¿Entonces qué es lo que hace Monsanto en Chile?

Mira, cualquier empresa desarrolladora de semillas va a querer estar en Chile por las condiciones de contrahemisferio y por la calidad de la semilla chilena. Entonces, básicamente, nuestra operación es para multiplicar semillas acá, que significa producir semillas, acondicionarla como viste acá y exportarla a la parte del mundo que lo requiera. El otro 20% de la operación acá es, bueno, por qué no exploramos las necesidades de este mercado, dejamos un poco de semilla acá y se vende acá. Básicamente de hortalizas. Y eso es lo que hacemos en Chile: multiplicamos semillas y algo vendemos.

¿Eso significa que las semillas de Monsanto de hortalizas y verduras las consumimos en Chile?

Claro. Las semillas que vienen de Monsanto en Chile se comercializan porque no son transgénicas y acá no se puede comercializar transgénicos. No está normado y se produce la paradoja que tengo que sacar toda la semilla para que el vecino al otro lado del cerro la siembre y cuando Agrosuper, Super Pollo o cualquier otro sector industrial quiere comprar maíz, tiene que ir a comprar afuera porque Chile no se autoabastece de maíz. Así, nadie le pregunta si su importación es transgénica o no. Entonces, es como un doble estándar que tiene Chile ahí. En el mundo hay 170 mil hectáreas de gramo transgénico sembrado en Estados Unidos, Brasil, Argentina, Sudáfrica, Portugal, Canadá. O sea, muchos países tremendamente regulados ya hace mucho tiempo que se dieron cuenta que esta cuestión lo que hace es subir los rendimientos, reduce el número de aplicaciones y con eso son muchos más eficientes en la producción.

Semillas Monsanto

“ME LEÍ ‘EL MUNDO SEGÚN MONSANTO’ Y ME SIRVIÓ DE MUCHO”

¿Estás de acuerdo con que se etiquete el alimento transgénico?

Totalmente. Lo que ha pasado en Estados Unidos, por ejemplo, con respecto al etiquetado es que la normativa existe por estados y a veces pasa que el hecho de etiquetarlo es un trámite engorroso y muy costoso. En Chile, si hubieran transgénicos, que se etiqueten y que la gente pueda elegir. En Brasil se etiqueta, tiene una “T” naranja. Y hay un maíz dulce nuevo que es trangénico. La primera pregunta fue si la gente se lo iba a comer y no hubo problemas. El transgénico en general permite hacer más aplicando menos. Y hay algunos países donde esa cultura se entiende. Chile no tuvo acceso a transgénicos por un tema de tecnología, por eso es una discusión añeja. Allá pasó hace mucho tiempo esa discusión y en general, por supuesto que hay gente que se opone, siempre, pero la gran parte de la población no tiene problemas. Eso da más tranquilidad a la población. Y que se etiquete con ese espíritu porque si etiqueta con una calavera, no po’. Porque la FAO y la OMS dicen que esa cuestión no hace nada. Pongamos la “T”, que es lo más justo.

¿Y no es una carga trabajar aquí? Uno podría imaginarse que cuando te presentas te preguntan que cómo puedes dormir tranquilo siendo gerente general de Monsanto.

Bueno, me ha pasado. Yo me muevo en un ambiente del yoga, bien verde. El domingo pasado me encontré con un yogui. Estuvimos conversando de esto y fue rica la conversa. Partió donde tú dijiste, pero le dije que me dejara contar mi historia y en 10 minutos cambió todo. Me dijo que la empezara a contar más frecuentemente porque la idea que tenía en la cabeza era de la ‘abeja robot’ y todo eso y cuando escucha la historia, cambia. Es algo que sí me pasa en un primer contacto, pero mucha gente quiere aprender, está dispuesta a escuchar. Y estamos en eso.

Ustedes se han visto en la necesidad de tener una línea más abierta. ¿Han tenido que hacer lobby o contratar agencias de comunicación?

No, lobby no hemos hecho. En lo que te refieres a hablar con políticos y eso, no, no lo hemos hecho y es una pregunta que siempre me hacen. Lo que sí hicimos es contratar una empresa de comunicaciones para preguntarles cómo se hace esto, dónde estamos. si estamos tan mal, qué ha pasado con otras empresas. Y me asesoré porque soy ingeniero agrónomo, nadie conocía a Monsanto hasta un año atrás y nunca me vi en la necesidad de hablar con un periodista respecto del quehacer. Siempre era con agricultores, comerciantes por temas de la empresa. Así que me tuve que educar y como compañía tuvimos que hacer un comunicado interno, ir de a poco porque obviamente, la gente que trabaja acá, cuando empezó a subir esta temperatura, se vio afectada también. Ahora salimos a hablar, queremos desmentir y es bueno para la compañía, para la asociación y para todas las empresas en general. No es sólo rentabilidad.

¿Tú crees que es una buena política para países como Chile que se mantenga el mercado regulado como está hoy o hay que avanzar hacia los transgénicos?

Mira, yo creo que donde sí hay que avanzar es hacia una regulación de uso de pesticidas en Chile. Esa es una discusión que no ha sucedido y tiene que suceder. Respecto de los transgénicos, si todos entendemos la paradoja que hoy día pasa en Chile, en donde el 70% de los granos que consumimos en Chile vienen de afuera. De Brasil, de Argentina, de EE.UU., de Canadá, son todos transgénicos. Yo no estoy diciendo que el 70% que entra es transgénico, digo que la probabilidad que tengan de ser transgénicos es altísima y eso no está regulado. Entonces, ese doble estándar sí hay que regularlo. Ahora, ¿a Chile le cambia la vida si tiene transgénicos? No. Porque la escala de volumen en Chile es muy chiquita todavía. Acá hay un millón de hectáreas arables. Si yo voy a Argentina hay solo 7 millones de hectáreas de maíz, de una especie. En esas extensiones grandes, estas tecnologías tienen un montón de beneficios. Yo diría que no es un gran tema para Chile. De pasar, no va a cambiar la vida. Y si hay un tema con respecto a inocuidad alimentaria, hace 20 años seguramente que el pollo que nos comemos comió maíz transgénico. O la chuchoca que compramos para hacer…

O sea, en términos prácticos ya los comemos.

Los productos derivados de soya y maíz en Chile es muy probable que sí tengan transgénicos. Eso lo sabe todo el mundo, que conoce este sector. Entonces, ahí está la paradoja también. Pongámosnos a hablar las cosas como son.

La mala fama en Chile se agrandó por una ley bautizada con el nombre de esta compañía, pero tú has dicho que no tiene nada que ver con lo que hacen en Chile.

Por eso te digo que si genuinamente alguien está preocupado de las semillas o de la propiedad intelectual, le puso el ‘posit’ a la ley, cuando Monsanto no tiene ninguna relación. Esa ley, en primer lugar ya existe en Chile, que es el UPOV. Desde el año 94, lo que se buscaba era actualizarla. Es un convenio internacional, no es una ley chilena, al cual Chile adhiere o no. Chile adhiere a la versión penúltima, que es la 78, y cuando firma el tratado de Libre Comercio con EE.UU. Le dijeron que el derecho de propiedad intelectual en materiales vegetales, no solo a semillas, se actualice a UPOV 91. Eso era todo.

¿Crees que la mala fama de Monsanto tenga que ver con la competencia?

No, no creo que tenga que ver. Uno tiene que hacerse cargo de las cosas de uno. Si tengo un problema de reputación hoy, Monsanto lo tiene que aceptar. Si hay otro actor que quiere ensuciar tu imagen, tú debes ser capaz de mantenerla limpia. Es lo que estamos haciendo ahora.

Si tuvieras que poner un porcentaje a lo que es verdad y mentira que aparece en Google cuando escribe Monsanto.

Ah, no sé. Yo nunca he encontrado algo cierto. No soy muy buscador de Google, pero en mi experiencia nunca encontré algo realista. Ahora, lo que sí es importante entender es que hay fuerzas industriales en juego, porque la agricultura que Monsanto propone es con menos uso de pesticidas. Y hoy día hay 170 millones de hectáreas que ocupan menos pesticidas porque tienen la resistencia adentro. Por ende, alguien dejó de vender pesticidas y ve probablemente una amenaza en el futuro en una agricultura más sustentable, con menos uso de químicos.

¿Pero ustedes también vendían pesticidas?

No, vendemos un herbicida que se llama glifosato, que es una molécula abierta, que es como el paracetamol, y que tiene etiqueta verde. Y para que te hagas una idea: se ocupa una botella de litro y medio en una hectárea y es un matamaleza. Ese es otro mito porque Monsanto vende puras semillas y un herbicida. Entonces, obviamente hay alguien que dejará de vender pesticidas en la medida que esta industria avance.

Y sobre todo estos mitos, hay mucha información dando vuelta sobre lo que ha hecho o hace Monsanto. Has visto, por ejemplo, “El mundo según Monsanto” o “The Corporation”?
Me leí el libro, entero. El “The Corporation”, no, pero “El mundo según Monsanto” lo leí y me sirvió mucho leerlo porque hay elementos de 1940, 1960 donde efectivamente Monsanto, en función de una cierta regulación existente donde ocurrió, faltó a la norma, no? De eso nos tenemos que hacer cargo, al igual que muchas otras compañías. Lo que te puedo decir es que del Monsanto agrícola hoy día, nunca trabajé en una empresa tan normada. Al final es así. Cuando eres una compañía tan criticada debes duplicar los esfuerzos para que todas las normas se cumplan. Y cuando operas en 100 países con 20 mil empleados debes tener varios procesos para que donde opere lo haga bajo la norma local y vigente. Pero sí, “El mundo según Monsanto” tiene elementos concretos, del pasado, y los elementos del hoy, cuestionables, totalmente. Pero hasta ahora, evidencia científica con respecto a los trangénicos es toda positiva. Hay gente que puede estar en desacuerdo y está bien, pero entendamos de qué se trata. Generalmente la gente que se opone es la que no tiene que ver mucho con la realidad agrícola, si ser agricultor no es fácil. En verano, estar cosechando tomates a 40 grados, la gente prefiere irse al mall. Es fácil opinar desde el palco. Yo creo que humildemente tenemos que empezar a generar más consciencia en eso. ¿Que Monsanto no trabaja con agricultores chicos? Tiremos un dardo al mapa de Chile y te aseguro que cae en uno de los nuestros.