Rodrigo Rocco Mineduc

Primero fue Miguel Crispi y ahora Rodrigo Roco. Los ex dirigentes estudiantiles, hoy asesores del Mineduc, rompieron con el silencio público que hasta hace un tiempo identificaba a los orejeros de un ministro de Educación para defender la reforma que impulsa la cartera de Nicolás Eyzaguirre.

-Hay que repartirse la pega y todos los que estamos trabajando acá, de los distintos colores políticos, o que son independientes y no tiene militancia de ningún partido, estamos contentos y con la camiseta puesta porque es un cambio en el que creemos-, dice Roco, ex presidente de la Fech y ex militante de las Juventudes Comunistas en la segunda mitad de los noventa.

Hoy con oficina en el séptimo piso del ministerio, Roco señala que las críticas que hablan de que la reforma educativa es un nuevo Transantiago son injustas y hasta un poco malintencionadas. Ni hablar del “fuego amigo” del senador Ignacio Walker, quien criticó el supuesto despilfarro de dinero en “fierros” de los establecimientos educacionales. “Para un tipo que hizo un posgrado en Princeton aquí hay un engaño, hay una trampa”, dice sobre el timonel de la DC que el viernes se quejó airadamente de la “doctrina Rossi” que se habría instalado en la Nueva Mayoría y que consiste en culpar a la falange de los problemas en la tramitación de la iniciativa.

Presentaron un primer proyecto que generó un vendaval de críticas ¿Sienten que los actores de educación se pasaron a la vereda del frente?
No, yo no diría eso. Justamente ahí hay un punto:  la ciudadanía espera que se clarifique si estos proyectos, en particular el de terminar con el lucro, el copago y la selección -que como lo ha dicho insistentemente el ministro son proyectos indispensables, necesarios, pero no es toda la reforma- son suficientes para lograr objetivos mayores. Con objetivos mayores me refiero a la revitalización de la educación pública o un sistema de educación que no esté entrampado en una calidad estancada, que es lo que nos dicen en general todos los informes que tenemos disponibles como país. Entonces, yo separaría el orden de críticas que están viniendo desde la derecha y otras que están viniendo desde la izquierda.

¿Son esperables?
Sí. Ahí la pregunta que debemos hacer es si vamos a algo concreto. Aquí hubo una demanda ciudadana muy específica, que  se expresó en la idea de que el lucro como motor de nuestro sistema educativo -y en general en todo orden de cosas- se  no era algo adecuado, entonces la interrogante es si estos proyectos responden o no a eso. Creo que sí, absolutamente. Estos proyectos se proponen acabar con el lucro en la educación obligatoria, con el copago o el cobro a las familias y con la selección como mecanismo que va reproduciendo la desigualdad socioescolar a lo largo del sistema. Entonces, son proyectos bastante claros, o sea que no hay duda respecto a ellos; y son proyectos que buscan establecer transiciones viables entre lo que tenemos hoy día y un horizonte de llegada al futuro donde estas tres trancas ya no van a estar.

Pero la gente no tiene esa claridad.
Hay gente que dice que bastaba con controlar mejor los colegios que usan la subvención, pero ¿qué pasa con los colegios que atienden a un millón 300 mil  niños, donde tienes que asegurar que va a haber continuidad, que no va a cambiar todo de un día para otro? Nosotros no estamos disponibles para que se produzca un colapso del sistema educativo. En ese sentido, frente a la crítica de  la derecha al decir que esto es como un Transantiago o a ex ministros, como Mariana Aylwin, algo similar, la verdad es que no po’, esto no es día para otro. Esa es una comparación absolutamente falsa, errónea e incluso un poquito malintencionada. Justamente lo que se hace es plantear transiciones y gradientes en el tiempo, bastante prolongadas, que permiten que el país vaya poco a poco adecuándose a cambios que representan también cambios culturales. Para desgracia del país hay gente que cree todavía que pagar es una especie de derecho, en circunstancias que en el mundo desarrollado la educación es gratuita y es buena, mejor que la chilena además.

¿Y cómo se explica entonces que exista este nivel de críticas y la necesidad de claridad que tiene la gente? Porque hoy la gente está preocupada por los efectos de la reforma.
Mira, tengo la impresión de que hay algunos que pueden tener la tentación de crear una sensación de pánico en las familias -“vamos a cerrar el colegio, no sabemos qué hacer”- básicamente con el objetivo de que no se acabe el lucro en la educación, porque hay gente que cree en el lucro y no se atreve a decirlo. En general le diría a los apoderados y las familias que esta es una discusión que está recién empezando, en la que  ya hemos tenido un pronunciamiento, bastante categórico. Los recursos que hoy día se van al bolsillo de algunos sostenedores, que es una suma bastante cuantiosa, son justamente los que debieran servir para mejorar la calidad. Me da un poco de susto que algunos sostenedores se vieran tentados de poner a las familias como carne de cañón para seguir negociando o para que les paguen un precio más alto por la inversión. Le pediría a las familias que tuvieran mucho cuidado en dejarse utilizar por ese tipo de discursos.

Crees entonces que críticas han sido  injustas.
Hay dos que me parecen muy injustas, por ejemplo, la del Transantiago. Esto no es de un día para otro, esto es un proceso y hay tiempo para ajustar. Lo otro, que me llama profundamente la atención, es lo del senador Walker. Me parece que confunde bastante a la opinión pública. Cuando él dice “mire, aquí nos vamos a gastar el 60% de la reforma tributaria en un año en comprar fierros”. Pucha, para un tipo que hizo un posgrado en Princeton aquí hay un engaño, hay una trampa. Porque resulta que hoy día, con la subvención que pagamos todos los chilenos se están pagando permanentemente esos fierros. Lo único que hace este proyecto de ley es transparentar esta situación y que en un plazo de 12 años cada establecimiento educacional en Chile tenga un dueño claro y los activos claros para educar, sea un sostenedor privado o el Estado. Esta idea de que se van a comprar todos los colegios particulares subvencionados, es un poquito también campaña del terror. Por eso yo llamo a no dejarse llevar por los cantos de sirenas y por eso molesta mucho lo que dijo el senador Walker. Yo estoy seguro de que si en su casa toma la calculadora y hace los análisis se va a dar cuenta que no está en lo correcto.

¿Cómo podríamos explicar entonces las críticas del senador Walker?
Tengo una impresión positiva de él. Lo he escuchado un par de veces en las conversaciones que el ministro ha tenido con él y se ve que está preocupado de hacer aportes y poner puntos. Pero llevar la discusión pública en un racionamiento que tiene una base errónea, eso me parece delicado.

¿Esas críticas las ha planteado de manera privada? Uno podría pensar que el presidente de un partido importante de la coalición de Gobierno tiene un diálogo fluido con los ministros.
Lo tiene, pero no soy parte de todas esas conversaciones por razones obvias. El ministro conversa con todos quienes estime conveniente hacerlo y yo diría que se ha dado el tiempo de conversar con distintas bancadas, incluida la de la DC.

¿Pero tú lo has escuchado haciendo esas críticas?
Este punto, de explicar la amortización a través de una cuota anual que no representa más del 8% de la reforma tributaria en régimen, que es algo que por lo demás ya ocurre hoy sin reforma, es algo que ha sido explicado con bastante detalle. Si hay un punto del que el  ministro sabe es de finanzas y números, así que mi llamado es que no se confunda a la opinión pública con cosas que no son. Por ejemplo, que un sostenedor diga que va a cerrar el colegio, cuando, momentito, tiene varias opciones antes de eso. No son pocos los sostenedores que tienen emprendimientos individuales que ven en esta reforma la posibilidad de  impartir una mejor educación y transparentar.

Pero ellos no han aparecido. ¿O ese es un problema nuestro, de los medios, que no los hemos mostrado?
No sé si sea un problema de ustedes, pero al menos algunos medios no han reporteado todo lo que pasa en el país. Hay muchos ejemplos donde no hay selección por vía entrevista en la Iglesia Católica. Cuando alguien de la Iglesia dice que es importante conocer a las familias, por supuesto que lo es. Otra cosa muy distinta es entrevistarlos para decir “tú sí, tú no”. Pero hay muchos colegios que no lucran, no cobran copago, trabajan en zonas vulnerables y tienen un trabajo realmente encomiable.

Fuiste dirigente en los 90 y esos gobiernos se caracterizaron por tener ministros de Educación DC. De hecho te enfrentaste a ellos, al frente de la Fech. ¿Qué diferencia hay entre la DC de esos años y la de ahora?
Mira, lo que percibo, es que hay una camada de jóvenes que son militantes o cercanos a la DC que están por construir cambios en educación. En el mismo Congreso Ideológico de la DC se planteó  que había que acabar con el lucro, el copago y la selección para avanzar en un sistema más inclusivo como base para la calidad. Muchos jóvenes de ese mundo han estado impulsando cambios. No me corresponde a mí calificarlo, pero no sé si las palabras de Ignacio Walker los interpretan. La educación pública es y va a ser una prioridad legislativa, sobre todo en el segundo semestre, como ha dicho el ministro. Pero de ahí a pensar que se va a acabar con el particular subvencionado, eso no está en el programa. Cuando tú escuchas a Andrés Allamand diciendo que aquí se va a acabar con la educación particular subvencionada, que aquí el Estado se va a hacer cargo de todo, tú dices “este señor se quedó pegado en los setenta, en otro contexto de discusión”. Están levantando un mono de paja para después quemarlo y con eso tratar de recuperar credibilidad en un segmento social, pero por un camino que no tiene que ver con educación, sino que con estrategias de otro tipo.

Pero ustedes tienen que convivir con esas estrategias también.
Por cierto, pero aquí hay una suerte de campaña del terror y cuando ella viene de gente que tiene un nivel de razonamiento que le permite darse cuenta de lo débil de los argumentos que está planteando, eso a cualquiera le molesta. Las alternativas que están en el proyecto de ley justamente apuntan a que algunas opciones particulares se mantengan. Ahora, insistiría que hay un intención de desviar la atención y es una pregunta que yo también le haría al mundo social. Los proyectos son perfectibles, ¿pero estamos o no yendo en la dirección correcta? Es una pregunta que algunos han eludido responder, por ahora.

En ese sentido, ¿cómo se toman las críticas de los estudiantes, que han salido a explicar cuáles son las diferencias de sus demandas con lo que presenta el ministerio? La semana pasada hubo hasta un puerta a puerta.
Hay dos cosas que los estudiantes han planteado y son muy interesantes de escuchar. Una es lo referido al fortalecimiento de la educación pública y lo otro, sobre la participación. Respecto de eso, el ministerio hizo el viernes algo que nunca se había hecho en Chile, que es juntar en una misma mesa desde la Aces, la Cones, la Confech hasta el rector de la Universidad del Desarrollo. Con diputados de derecha de la bancada de la Educación hasta sectores fuera de la Nueva Mayoría y con una serie de actores que incluso en otros periodos habían sido invisibilizados, como las parvularias o los asistentes de la educación. Esa jornada busca resolver esa inquietud, no sólo de los movimientos sociales sino que es una necesidad de todos. Entonces, la calidad de esa discusión va a depender de la disposición de los estudiantes al diálogo, de llegar con propuestas, con argumentos y a discutir con otros, no sólo con el gobierno. A ponernos de acuerdo como sociedad frente a esto. No se puede creer que el Gobierno tiene una varita mágica para resolver el problema. Agregaría a esto el por qué no se pensó en un primer momento el fortalecimiento de la educación pública.

Es justamente lo que reclaman.
Esa es una crítica errada. El detrimento de la educación pública es justamente lo que ataca el fin al lucro, a la selección y al financiamiento compartido. Entonces, si tú sigues teniendo esas reglas del juego, puedes hacer muchas mejoras, inyectar mucha plata y las mejoras van a ser marginales. Ese es un punto que me llama la atención y que a la gente de izquierda le cueste verlo. Porque siempre la derecha dijo ‘usted Estado arregle el problema de la educación pública, pero no me cambie las reglas del juego’, justamente por eso. Entonces, ese cambio de reglas del juego precisamente va en la dirección de establecer un escenario donde la inversión en la educación pública tenga sentido y tino y de frutos. Y eso cuesta que de repente algunos entiendan. Pareciera o que no lo quieren ver o que no les parece tan importante.

Ellos han dicho dos cosas. Que les parece mal que el proceso de participación se haga paralelo a la construcción de proyectos y segundo, algo que dijeron a la salida de este proceso el viernes, que en términos prácticos este proceso no iba a ser resolutivo, vinculante y que era menos que el Consejo Asesor.
Es una visión errónea. Primero, es mucho más que los Consejos Asesores Presidenciales ya que aquí se pretende involucrar no sólo a los “incumbentes”, aquí se está ampliando la discusión a sectores que antes no entraban. Esta no es una discusión sólo de gremios o sindicatos y federaciones estudiantiles. Aquí no se propone que se haga una mega comisión, esto es un proceso que integra mesas de conversación temáticas y que incorpora un componente ciudadano importante. Es mucho más que el Consejo Asesor Presidencial del 2006. Con respecto a lo vinculante, hay que ser claros: que puedas incidir en ello nos parece totalmente legítimo, pero otra cosa es que cualquier ciudadano tenga la capacidad de decirle al parlamento ‘usted tiene que hacer esto, no puede hacer otra cosa’. Tengo la impresión de que esa es otra agenda, es una propuesta de otro ordenamiento jurídico. Soy muy crítico del sistema, pero no puedo negar que la institución parlamento -que esperamos sea mejor, más proporcional- es el espacio final de decisión de cualquier pueblo para definir cuáles son las leyes que lo rigen. Entonces, lo vinculante lo veo más sujeto a la solidez del diálogo que se genere, que es público, abierto. El ciudadano podrá juzgar después si hay ideas que fueron o no recogidas. Los movimientos sociales tienen toda la posibilidad de incidir en esto en la medida que entren a una dinámica de diálogo donde tú aprendes de los otros, ganas en algunas cosas, cedes en otras… una dinámica de conversación y de ponerse de acuerdo, como en cualquier circunstancia.

Pero dado que ellos empujaron este tema para que el Gobierno como administrador del Estado se haga cargo de la Educación, es natural que insistan y que digan lo que están diciendo hoy: que se tomaron en cuenta sus consignas, pero no de la forma en que  se tienen que hacer.
Bueno, para eso los países tienen mecanismos por los cuales resuelven sus grandes diferendos. Tienen elecciones, donde se presentan alternativas. Como nunca en la anterior presidencial se presentaron nueve alternativas, con distintos lenguajes y propuestas, y eso la ciudadanía lo puede juzgar. Insistiría que los estudiantes son un componente fundamental. Si tú me preguntas a mí si ellos se restan o entran en una actitud de no diálogo, probablemente no vamos a tener una reforma importante. Tengo la impresión de que en el movimiento no ha habido mucha claridad en decir sí o no. Ok, se puede perfeccionar pero la pregunta de fondo es si vamos en la dirección correcta y creo que sí. Esto recoge las demandas de las movilizaciones, particularmente de las de 2011 y siguientes. Y eso se puede corroborar.