83 Agustín Edwards
Cuando llegué a Chile como un periodista joven en 1972, era bastante común que la gente me acusara de ser “un agente de la CIA”. Solo bastaba ser nortemericano y vivir en Chile, da igual la opinión que tuvieras sobre el presidente Salvador Allende. Varios años después, cuando entrevisté a Jack Devine, un verdadero agente de la CIA, para mi libro “Operación Cóndor”, le comenté mi experiencia como diciendo “No le parece demasiado paranoica pensar que yo, un periodista, estuviese trabajando para la CIA”. Pero Devine me contestó, supongo que bromeando, “¿Cómo puedes estar tan seguro de que no estabas trabajando para nosotros?” Su chiste quería decir, me imagino, que, en esos años en Chile, la CIA estaba en todas partes.

La historia de la CIA en Chile aún se está contando, y solo días atrás se revelaron nuevos secretos. Pero el secreto mejor guardado –y el más controversial de todos- es la identidad de docenas o quizás centenas de chilenos que recibieron dinero de la CIA. Solo sabemos lo siguiente: El Gobierno de Estados Unidos asignó 10 millones de dólares para que la CIA gastara en Chile entre los años 1970 y 1973 con el exclusivo propósito de derrocar el experimento socialista de Allende.

Eso es mucho dinero, suficiente para repartir entre mucha gente, suficiente también para pagar muchas acciones en contra del Gobierno de Allende. Lo cierto es que la CIA estaba reclutando gente no solo para recolectar inteligencia, sino para que actuaran “conforme a los ordenes” del servicio de inteligencia. Cuánta gente y quiénes eran, solo Dios y los archivos secretos de la CIA podrán decirlo. Y por supuesto los mismos chilenos que recibieron la plata. Ellos sí que saben quiénes son.

Hemos podido saber las tarifas que se acostumbraba pagar. Para un líder comunista reclutado por la CIA, dice Devine, el sueldo era de 1000 dólares mensuales.

Hubo casos especiales, notablemente el de Agustín Edwards. Dueño de El Mercurio, Edwards era y todavía es el hombre más poderoso de los medios escritos chilenos. Hace poco el agente Devine y la misma CIA reveló nueva información sobre Edwards y su periódico, que demuestra que su trabajo para la CIA fue mucho más intenso de lo que se creía.

En un artículo de la revista Foreign Affairs, Devine cuenta que tenía 31 años cuando llegó como agente clandestino a Chile. Dice que era el encargado del proyecto de medios de la CIA, específicamente del financiamiento de El Mercurio. Confirmó que se le dieron 2 millones de dólares a ese medio de comunicación entre 1971 y 1972 y agrega este nuevo detalle: el dinero fue derivado al “área comercial”, (business side” en ingles), no a los periodistas del diario. El “área comercial”, por supuesto, era Agustín Edwards. ¿Que recibió la CIA a cambio del dinero? Devine sostiene que fue solamente para garantizar la sobrevivencia del periódico durante tiempos duros. Otros documentos cuentan de la publicación en El Mercurio de propaganda de la CIA, casi diariamente.

Más novedoso –e importante–, sin embargo, son las revelaciones publicados la semana pasada por el Departamento de Estado, bajo el poco pretencioso título de “Relaciones Exteriores de Estados Unidos, 1969-1976: Chile, 1969-1973”. El libro de 1045 paginas es la historia oficial de la intervención clandestina de Estados Unidos en Chile, contado con una franqueza notable a base de documentos desclasificados.

Es la historia de las actuaciones de Devine, Edwards y muchos otros participantes: Primero, para evitar que Allende ganara las elecciones de septiembre del 70 –sin éxito-, luego planeando un golpe militar para que no pudiera asumir el cargo seis semanas después –un intento desastroso que terminó con el asesinato del Comandante de Fuerzas Armadas, General René Schneider—, y finalmente la campaña de tres años en conjunto con muchos protagonistas chilenos independientes para “crear el ambiente” necesario para el Golpe Militar que llevó a Pinochet al poder el 11 de septiembre de 1973 –un éxito según el punto de vista del Gobierno de Estados Unidos, una catástrofe de Derechos Humanos desde el punto de vista de la mayoría del mundo democrático.

En varios documentos de 1970, aparece el nombre de Edwards junto al de los ex presidentes Jorge Alessandri y Eduardo Frei, como los tres hombres poderosos que los oficiales de EEUU consideraban fundamentales en el éxito de la misión para liberar a Chile de Allende. El documento más relevante de ellos –Número 89, pp. 244 ff- es un informe sobre una reunión entre Edwards y el director de la CIA, Richard Helms, el 14 de septiembre de 1970, diez días después de la elección presidencial de Allende.

Hasta ahora se había ocultado el nombre de Edwards en este documento.

La nueva publicación quita el velo del secreto sobre el rol de Edwards y revela el detalle sobre lo conversado con Helms. ¿Lo nuevo? Ahora sabemos, según la versión oficial de la CIA, que Edwards no solo recibia dinero para su empresa, sino que había estado siguiendo instrucciones del Gobierno de Estados Unidos. La evidencia indica que Edwards puede haber sido lo que en la jerga de espionaje se llamaría un “agente de influencia”.

Edwards siempre negó su participación en el golpe militar y su maquinación. Y asevera que, hasta la reunión con Helms, nunca tuvo nada que ver con la CIA. El octubre recién pasado lo testificó bajo juramento antes el juez chileno Mario Carroza.

Este es el recuento de su negación: “Reitero que tuve una reunión con Kissinger y con Helms… Pero en ningún caso se pensaba en un Golpe de Estado o algo parecido, ni menos de un financiamiento hacia el diario El Mercurio”. Y después añadió “A su pregunta, nunca recibí dineros de la CIA”.

Esas declaraciones son imposibles de conciliar con la versión de los eventos que entregó el Gobierno de Estados Unidos. Una de dos: o Edwards está mintiendo o el agente Jack Devine y los documentos de la CIA están mintiendo.

Esto es lo que los documentos dicen:

Allende recibió la pluralidad de los votos el 4 de septiembre de 1970, y es bien sabido que el presidente Richard Nixon le ordenó a la CIA evitar que accediera al cargo, preferentemente mediante un golpe militar. Para definir la manera en que se llevaría a cabo, Nixon y su asesor de seguridad nacional, Henry Kissinger, decidieron que había que hablar con Agustín Edwards. El tema: “Determinar si existían las posibilidades de una acción militar para evitar que Allende tomara el poder”.

Edwards viaja a Nueva York y luego a Washington. El 14 de septiembre se reúne con Kissinger y toman desayuno. Acto seguido se reúne con el director de la CIA Richard Helms. Hasta ahora todas las reuniones y sus participantes habían sido pintadas con tonos inocuos. Como si Edwards hubiese estado por casualidad en Estados Unidos y le hubiesen pedido que compartiera sus opiniones sobre la situación en Chile.

Al contrario. De hecho, fue una reunión de negocios pura en la que predominaba el tema del golpe militar, comenzando con el subtítulo “Sincronización para Posible Acción Militar”. De las 1900 palabras que hay en el documento solo unas 500 se refieren a otro tema que no sea un golpe, temas como “Solución Constitucional”, que implica maniobras parlamentarias para bloquear la gestión de Allende, lideradas por Frei y Alessandri. Sobre esa materia, Edwards dice escéptico “¿Podemos correr el riesgo de que el plan Alessandri/Frei funcione?”.

Edwards, y un participante no identificado en la reunión, dan su opinión sobre qué oficiales del ejército chileno serían los mejores candidatos para lidera un golpe militar, y cuáles oficiales debían ser “neutralizados” por no ser confiables en esta materia.

Uno de los párrafos claves en el documento provee evidencia directa de que la reunión estaba lejos de ser la primera relación entre Edwards y la CIA. En él Edwards se refiere a su trabajo con la CIA antes, durante la campaña. Parece quejarse, según el documento, de que sus jefes no le había permitido hacer aún más para evitar que Allende ganara las elecciones.

Aquí está el texto de la CIA:
“Edwards dijo que ‘es lamentable que no se nos haya permitido quitarle votos a Tomic’. Era una referencia a la advertencia del Gobierno de Estados Unidos que limitó los esfuerzos de Edwards a petición nuestra (“on our behalf”) a una campaña anti-Allende sin apoyo directo a Alessandri”.

La lectura literal de este párrafo es que Edwards, durante la campaña electoral, ya estaba actuando segun las ordenes de la CIA y que se dejaba guiar sus acciones contra Allende por los limites impuestos por el Gobierno estadounidense. Cual era el plan de Edwards para “quitarle votos” a Radomiro Tomic, el candidato de la Democracia Cristiana que obtuvo un distante tercer lugar en las elecciones, todavía no ha sido revelada.

Los pagos de la CIA a El Mercurio comenzaron a fluir en 1971 – $700.000 en septiembre, más $300.000 para finales de año. La CIA estableció como condición que el periódico de Edwards “lanze una intensa campaña de propaganda contra Allende en cuanto al tema de la libertad de prensa.”

Y a principios de 1972, Edwards pidió más. Las cantidades fueron impactantes, incluso para la CIA.

“Parece que recibimos una gran cuenta cada pocos meses para mantener El Mercurio a flote,” un funcionario de EE.UU. se quejó a Henry Kissinger. A la CIA se le ordenó que comprobara si había “algún desvío de los fondos hacia otras empresas de Edwards.”

Pero el periódico se consideró demasiado importante como “una espina en el costado de Allende”. Un colaborador de Kissinger recomendó que se apruebe el financiamiento, mediante una solicitud al Comité 40, la entidad gubernamental secreto de EE.UU. a cargo de autorizar las actividades encubiertas de la CIA. Pero añdió una advertencia.

“Me gustaría escuchar un resumen exhaustivo de lo que El Mercurio ha hecho por nosotros recientemente”, escribió el funcionario. “En otras palabras, ¿estamos obteniendo un rendimiento razonable de la inversión?”

El 11 de abril de 1972, se aprobaron los nuevos fondos, con los que el total recibido por Agustín Edwards y su empresa alcanzó a 1.965 millones dólares.

Extractos:

“Edwards dijo que ‘es lamentable que no se nos haya permitido quitarle votos a Tomic’. Esto era una referencia a la advertencia del Gobierno de Estados Unidos que limitó los esfuerzos de Edwards a pedido nuestro a una campaña anti-Allende sin apoyo directo a Alessandri”.
–Foreign Relations of the United States (FRUS-Chile), Vol. XI, Chile 1969-73.

“Mi responsabilidad más importante en esa época era manejar la “agenda mediática”, especialmente la relación de la CIA con El Mercurio… La CIA se reunía exclusivamente con el área comercial del periódico. … La agencia le dio al diario aproximadamente 2 millones de dólares en el transcurso de dos años, lo que le permitió continuar publicando”.
–Jack Devine, oficial de la CIA en Chile, 1971-1974.

“Tanto el gobierno de los Estados Unidos y la ITT estaban canalizando el dinero a las manos de personas asociados con [El Mercurio].” (…) Otros agentes, todos empleados de El Mercurio, permitieron a la oficina (de la CIA) generar más de un editorial al día basado en las instrucciones de la CIA. El acceso a El Mercurio tuvo un efecto multiplicador ya que sus diarios eran leídos en todo el país y en diversas cadenas nacionales de radio. Además El Mercurio era uno de los periódicos más influyentes de América Latina, sobre todo en círculos de negocios en el extranjero.
–Acción Encubierta en Chile

Septiembre, 1971: “Recomendación, que usted autorice el financiamiento encubierto (…) a El Mercurio, con la condición de que El Mercurio lance una intensa campaña de propaganda contra Allende en cuanto al tema de libertad de prensa.”
– FRUS-Chile 290

Abril 1972: “Parece que recibimos una gran cuenta cada pocos meses para mantener El Mercurio a flote. Pregunté en la reunión preliminar del Comité 40 si había alguna evidencia de algún desvío de los fondos hacia otras empresas de Edwards. La CIA afirma haber estudiado esto a fondo, y no encontró dicha filtración (…) Pero antes de emitir un voto final, me gustaría escuchar un resumen exhaustivo de lo que El Mercurio ha hecho para nosotros recientemente. En otras palabras, ¿estamos obteniendo un retorno razonable de la inversión? ”
– FRUS-Chile 295

“Mr. Gardner se preguntó si El Mercurio, que es una de las empresas de Edwards, no estaba siendo utilizado por Edwards como metodo para chupar fondos de los EE.UU. con el fin de preservar no sólo El Mercurio, sino el resto de las empresas de Edwards. ”
–FRUS-Chile 290

Nota del autor: Escribí antes que el golpe de 1970 organizado por la CIA había sido un desastre porque tuvo como resultado la muerte del General Schneider, en un fallido intento de secuestro. En el documento de la CIA que hace un recuento de las opiniones de Edwards, aparece la siguiente conclusión sobre el General: Era muy probable que apoyara la Constitución, por lo tanto “la clave para un golpe implicaría neutralizar a Schneider”.

* John Dinges trabajo como corresponsal free-lance en Chile 1972-1978. Profesor de periodismo Godfrey Lowell Cabot en de Columbia University, es autor de Operación Cóndor: Una década de terrorismo internacional en el Cono Sur (Ediciones B), entre otros libros.)