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Foto: Alejandro Olivares

A la casa que está arreglando para instalarse definitivamente en Santiago (los diez últimos años lo ha pasado en el extranjero), Máximo Pacheco le puso paneles solares. Se le ve feliz en su puesto de ministro de Energía. Quienes lo conocen saben que desde hace tiempo aspiraba a participar del gobierno. “Su sueño era ser ministro”, me dijo uno. Pacheco –ex Mapu-, pertenece a ese exclusivo grupo de hombres de negocio para quienes, quizás por el peso paterno, el éxito económico no alcanza para satisfacerlos. En eso se parece a Sebastián Piñera (ambos hijos de destacados demócratas cristianos), con quien fue amigo y trabajó en el Banco de Talca. Hoy, asegura, “hemos dejado de cultivar la amistad”.

Da por cerrado el capítulo de Hidroaysén, pero para nada la idea de explotar las potencialidades hidroeléctricas de los ríos Baker y Pascua, donde esta mega central planeaba llevarse a cabo. Muy por el contrario, da la impresión de que esperara ver surgir pronto una nueva propuesta energética para la zona. Insiste en la dimensión política de su cartera. Escapa con facilidad de los detalles técnicos para explorar las dimensiones que debiera atender un proyecto progresista moderno. Para algunos se trata de un político todavía ingenuo, otros ven en él un puente de plata entre la lógica concertacionista y la de La Nueva Mayoría. Su carrera en el ámbito público recién comienza. Falta ver cuán lejos llega.

Me dicen que esta pregunta está de moda en el entorno gobiernista: ¿Es más Concertación o Nueva Mayoría?

Yo me siento muy orgulloso de la Concertación. Soy de los que creen que lo que ella le ha dado a Chile son cuestiones súper valiosas y que me interpretan. Y, por otra parte, me encanta la capacidad innovativa. De modo que esta capacidad que ha tenido la Concertación de reinventarse me gusta mucho.

Entró también otra generación. ¿Son distintos?

Sí, muy distintos. Lo he visto en este ministerio. Cuando yo llegué había diez jefes de divisiones, de los cuales, tras revisar sus antecedentes, me pareció que había que cambiar a siete. Durante el mes de febrero empecé un proceso de selección de gente, y me junté con muchos, a quienes definí, en primer lugar, como “hijos del Estado”, y dos, como personas que tenían una visión mucho más global y menos local. Habían estudiado afuera. Eran hijos del Estado y de Becas Chile. Esa mezcla es muy importante, porque el gobierno anterior convocó a gente que llegaba a hacer un servicio militar, a hacerle una gauchada al gobierno, al líder y al Estado. Este lote, en cambio, está en su hábitat. Les gusta el Estado y entienden cómo funciona.

O sea, vienen de un mundo distinto al suyo.

Para mí fue muy importante, cuando la presidenta anuncia mi nombre, encontrarme con mi hija, que tiene 33 años y es socióloga y le gusta la política, y me dijo, “papá, te voy a dar un solo consejo: por favor, no nombres a un jefe de gabinete que sea de tu generación ni con quien tú has trabajado a lo largo de tu vida profesional. Nombra a alguien de esta nueva camada”. Me lo explicó bien y entendí su mensaje, pero le dije que llevaba diez años viviendo fuera de Chile y que no conocía a nadie de esa gente. Le pedí que me diera una lista de diez nombres de los cuales yo elegiría cinco para entrevistarlos. Y así fue como seleccioné a Gabriel Sepúlveda, a quien nunca antes había visto en mi vida.

¿Le ha costado al mundo cercano al suyo aceptar que el poder empieza a estar en manos de gente que no conoce?

Absolutamente. Lo viví yo mismo. Y te puedo decir que en este ministerio la cuota del Saint George está sobre representada: solamente soy yo. Al resto de la gente nunca antes la había visto. De los jefes de unidad que reportan a mí hoy, tres trabajaban aquí de antes y no los conocía, y los otros siete no vienen de mi mundo. Vienen de regiones, de escuelas públicas, de otra educación, de otra generación. Y te confieso estar sumamente contento con esto. Creo que tengo un equipo potentísimo. Me siento orgulloso de que hayamos logrado construir un equipo basado en la meritocracia. Una meritocracia que en Chile comienza a construirse, con ayuda del Estado. Estos veinte años de Concertación crearon una generación de gente que creció profesionalmente y humanamente y como experiencia política gracias a ella. Fue un semillero notable. Cuando llegué al hotel San Francisco y la presidenta anunció el gabinete, yo conocía a muy poca gente.

Hay una clase social que sólo parece ver capacidad en sus iguales y sospecha de los diferentes. ¿Cómo percibe a ese pijerío chileno al que usted también pertenece?

Tú estás dando en el clavo con esa pregunta, porque yo soy de esas personas que viniendo de donde vengo -por origen familiar, profesional, social-, he vivido diez años fuera de Chile, y cuando llegué a Brasil a nadie le importaba en qué colegio había estudiado ni cuál era mi familia. Yo era un chileno no más. Cuando llegué a Europa, a Rusia, y me hice cargo de empresas en Medio Oriente y Asia, Marruecos, Turquía, bueno, ahí todo eso era aún más irrelevante. Y aprendí una cosa: la potencia de la diversidad. Yo creo que ser capaz de construir equipos y organizaciones basadas en la diversidad tiene una fuerza incomparable. Y a la clase alta chilena le cuesta muchísimo. Nosotros tenemos una elite social que está profundamente marcada porque lee el mismo diario, ve el mismo noticiero, estudian en los mismos colegios, veranean en los mismos lugares y van a los mismos centros de esquí. Viven en un mundo donde no existe diversidad.

¿Con qué se encontró al llegar a este ministerio? ¿Qué le llamó la atención?

En primer lugar, éste es un ministerio nuevo, formado hace cinco años. Constituido por gente joven. Yo estaba preparado para llegar al Estado, donde se supone que hay unos señores que llevan muchos años, con funcionarios públicos, vestidos de gris, burócratas. Es la idea que uno se hace. Pero acá me encontré con puros cabros jóvenes. Este ministerio nació con Bachelet I, al final. Su origen es la Comisión Nacional de Energía. Su primer ministro propiamente tal es Marcelo Tokman, y consigue serlo tan sólo por un mes. Segundo, me encontré con un grupo golpeado, dañado, desmotivado. No se puede tener una organización humana donde durante cincuenta meses ha habido ocho ministros. No se construyen equipos humanos así. Los liderazgos necesitan para consolidarse y validarse, tiempo.

¿Se encontró también con un decreto para regular las tarifas guardado en un cajón, no?

Bueno, sí. Las tarifas eléctricas deben ser semestralmente revisadas. Y ese ejercicio no se había hecho. O, si se había hecho, como es el caso, el decreto estaba firmado pero no había sido enviado a la Contraloría General de la República.

¿Esto porque se supone que las tarifas debían subir y su alza se aplazó para no perjudicar la campaña presidencial de la derecha?

Yo no quiero en esta materia atribuir intenciones, pero efectivamente estos decretos no se enviaron y sí, habrían implicado un alza en las tarifas.

¿Alza que se va a producir ahora?

Exactamente.

¿De haberse realizado esa alza en tiempos de Piñera, la que se producirá ahora hubiera sido menor?

No, no hubiera sido necesaria. Esta alza es retroactiva. Responde a alzas que no se realizaron cuando correspondía hacerlas.

Para entender, ¿Piñera retrasó un alza de tarifas que se debió producir antes?

Así es.

¿Y por qué, específicamente, sigue subiendo la electricidad, cuando se supone que ya es muy cara?

Tenemos la electricidad más cara de América Latina. Ha subido tanto, porque durante muchos años tuvimos electricidad barata gracias al gas argentino. El gas argentino llegaba al país a U$2 por millón de BTU, ahora llega a U$8 desde Trinidad y Tobago. Segundo, hemos tenido sequía durante estos últimos siete años, y Chile tenía un sistema fuertemente basado en hidroelectricidad, y cuando se vacían los embalses y falta el agua, tienes que generar a partir de otras fuentes. En el límite, terminas usando petróleo diesel que es la fuente más cara y con todos los problemas ambientales que conocemos. Y, en tercer lugar, ha habido un frenazo total en las inversiones. Chile necesita todos los años agregar 500 megawatts de potencia para que los hogares chilenos continúen usando sus televisores y encendiendo la luz.

¿Para los hogares o para el crecimiento económico, las industrias, etc?

Para las dos cosas. Un tercio para los hogares y dos tercios para la industria. Uno de esos tercios es minería. Pero al final es lo mismo, porque la minería son personas, sueldos, etc. A la gente esto le llega ya sea por la casa o por el empleo. Si la luz es cara, pasa lo que ocurrió en Concepción, que se cierran las plantas. De manera que necesitamos energía barata para el bienestar de la población.

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¿Cuál es su impresión de las ERNC?

Aquí sucede lo mismo que ocurrió con los teléfonos celulares, cuando apareció esta tecnología nueva era cara, pero con el tiempo tuvo una clara disminución de sus precios. Los paneles solares, en los últimos cinco años han bajado sus precios en un 80%. Ahora bien, las tecnologías nuevas, como los celulares, tienen otras consecuencias: la gente se queja de que se cae la señal, de que no hay suficientes antenas, de que las antenas no hay dónde instalarlas, de que también son invasivas. Son los desafíos de la tecnología. Pero efectivamente las ERNC son una tremenda oportunidad para Chile. Tenemos un desierto con una radiación solar espectacular, lo que es un recurso muy rico. Segundo, tenemos una costa muy venteada. El problema es que son intermitentes. No hay sol las 24 horas del día, ni viento siempre. Pero las cosas se pueden planificar y predecir.

¿Funcionan a una escala menor, no? Al menos, que las mega represas, tan admiradas por generaciones de ingenieros. ¿Le gustan las mega represas?

A mí me gusta, como ministro de Energía, todas las fuentes que le permitan a este país desarrollar la inversión necesaria para terminar con este déficit. Y que obviamente cumplan con todas las normativas ambientales que tenemos en este país y con el respeto a las comunidades. En esta materia, mi punto de partida es que no hay nada peor, más difícil y más duro, que tener los precios de energía que tenemos actualmente. Sin energía no hay crecimiento, y sería un drama para Chile dejar de crecer y un golpe durísimo para nuestro proyecto político.
Si llegáramos a un escenario en el que son otros los que dirigen el país para que crezca, porque nosotros no sabemos hacerlo, eso tendría consecuencias sociales…

Para eso habría ayudado que se aprobara Hidroaysén.

No, pero yo me metí a fondo en el tema. Me metí a revisar no sólo este Hidroaysén, el de hoy, sino su presentación del año 1975, encargado por CORFO y por ENDESA estatal a una firma que se llama CADE. Y te voy a leer un par de cositas que dicen ahí (y ojea un mamotreto escrito a máquina, fechado precisamente en esa fecha): dice que “la primera exploración oficial de los ríos Baker y Pascua fue la realizada por la Comisión Chilena de Límites en el verano de 1898”. Luego dice que “en el decenio de 1940-50 las zonas del río Baker fueron estudiadas por exploradores para la construcción de caminos…” Dice que “en el verano de 1961, Endesa envió una comisión técnica al río Pascua para evaluar sus recursos hidroeléctricos”. Luego que “ENDESA envió una nueva comisión de reconocimiento en 1973” a pedido de Salvador Allende.

O sea, algo hay que hacer en esos ríos.

Quiero llegar. Dice, que, finalmente, “los reconocimientos realizados hasta el presente han permitido comprobar que en la zona comprendida entre los paralelos 47 y 48, que incluyen los ríos Baker y Pascua, se presenta, quizás, la mayor concentración de potencial hidroeléctrico del país. En esta reducida zona, se puede instalar una potencia total del orden de los 1600 mega watts.” Esto escrito en 1975, validando informes del año 46.

¿Qué debiéramos concluir con lo que está contando?

Tenemos que concluir, en mi opinión, que el proyecto de Hidroaysén está rechazado, somos el país más pobre de América Latina en recursos energéticos. No podemos no usar los recursos hídricos para generar energía eléctrica. El desafío que tenemos como chilenos, para la ingeniería chilena, es dejar de concebir estos proyectos como pura ingeniería dura. Como pura infraestructura. Como puro fierro y cemento, o puro manejo del caudal del río. El reto está en la ingeniería blanda. Cómo se diseñan estos proyectos de manera que sean respetuosos del medio ambiente y las comunidades. Y mira que yo no soy ningún gallo que venga cayendo del cielo, naif o ingenuo. El desarrollo tiene un impacto sobre el medio ambiente. Eso es inevitable. El desafío de nosotros como sociedad, como civilización, es saber administrar ese impacto.

Y hay algo más. De pronto la sociedad chilena le concedió un mayor valor a ese patrimonio natural no intervenido. Hubo grandes manifestaciones contra Hidroaysén, impensables en otro tiempo para una causa de este tipo. ¿Qué valor le da a ese patrimonio?

Esto es efectivamente parte de la transformación producida en la sociedad chilena. A mí no se me olvida el impacto que produjo el proyecto de Valdivia sobre los cisnes. Eso fue también una llamada de atención. Yo estaba en el sector en esa época y me acuerdo del impacto que esto produjo.

Y Ralco con los Pehuenches…

Me acuerdo muy bien como uno de los grandes comunicadores sociales que ha habido en Chile, como fue Felipe Camiroaga, hizo de lo que ocurrió con los cisnes un tema súper importante dentro de su propio discurso. Esta cosa fue tomando una fuerza que como sociedad y como Estado nos obliga también a hacernos cargo de eso. Cuando fui hace poco a Aysén, donde estuve tres días y me reuní con mucha gente, de todo tipo, comunidades, académicos, dirigentes sociales, políticos, la gente de Patagonia Sin Represas, de Patagonia sin Tompkins, todos los movimientos que ahí hay, creo que convinimos en algo, y es que Aysén necesita energía eléctrica.

¿Le teme al integrísimo ambientalista? ¿Cómo se lidia con él?

Todas las formas o posiciones extremas impiden y dificultan el diálogo social.

¿Qué mecanismo usará para zanjar los conflictos con las comunidades? ¿Plebiscitos, consultas ciudadanas…?

Estamos trabajando con las comunidades y la comisión asesora de descentralización en un proceso de asociatividad que permita que los proyectos de inversión energética sean percibidos como una oportunidad de bienestar, progreso y movilidad social para las comunidades.

¿Podrían proponer los mismos que aquí fueron rechazados otro proyecto para la zona?

Nosotros lo que hemos hecho aquí es rechazar un proyecto. No hemos vetado a sus dueños, ni hemos dicho que no se van a usar los recursos hídricos. Esta no fue una discusión sobre sus dueños ni una discusión sobre política energética. Fue la discusión sobre un proyecto específico, que fue rechazado.

Le interesa que hayan más actores involucrados en los proyectos.

Es una gran prioridad de la agenda energética.

Para que eso suceda es necesario que el agua puedan usarla más empresas, y hoy está en manos de Endesa.

Absolutamente. Tenemos en este momento un delegado presidencial de recursos hídricos que ha estado trabajando con los ministros más cercanos a este tema -que son los de Obras Públicas, Agricultura, Minería y el suscrito-, algunas propuestas para resolver este tema. No puede ser que aquí haya derechos de agua que se soliciten y al final no se usen. Estamos frente al perro del hortelano.

¿Es ENDESA efectivamente la dueña de los derechos de agua de prácticamente todos los cauces significativos?

Te lo diría de otra manera: ENDESA era una empresa del Estado y, como tal, dueña del agua, y se privatizó y, obviamente, parte de sus activos era los derechos de agua que esa ENDESA estatal tenía. No es que los tenga todos, pero sí una parte muy importante. Para mí como ministro es importante señalar que no se trata de una política para una compañía, sino respecto de un recurso que es importante que usemos en beneficio del conjunto de la sociedad.

¿Durante este gobierno podemos esperar que terminen liberadas?

La presidenta ha hecho un anuncio en su mensaje presidencial del 21 de mayo, y el anuncio tiene que ver con declarar el agua como un bien de uso público. Esa discusión está comenzando, afinando criterios para resolver este tema específico.

¿Es un destino natural de Chile que el agua sea su mayor generador de energía?

Necesitamos aprender de las experiencias pasadas, que aquí no hay una varita mágica ni una bala de plata. El grave riesgo que corremos es pensar una matriz energética basada en una sola fuente. Lo que estamos diciendo, como política, es que queremos tener una matriz energética diversificada, equilibrada y sustentable. ¿Qué significa eso? Que, obviamente, tener hoy un 28% de nuestra matriz energética basada en la hidroelectricidad no es razonable ni le hace bien al país. Nueva Zelandia, país maravilloso, que he visitado 60 o 70 veces en mi vida, está en la misma latitud de Aysén. Y su matriz energética es 58% o 55% de hidroelectricidad. Y es de los países que más admiro por el respeto que tiene a la gente y al medioambiente. Con una comunidad maorí potente y organizada, donde se les respetan sus derechos de manera ejemplar. Ese país tiene un paisaje maravilloso y las centrales hidroeléctricas ahí están acompañando.

¿Le gustaría que en la zona de los ríos Baker y Pascua se desarrollara otro importante proyecto hidroeléctrico que corrija los defectos de Hidroaysén?

Me gustaría ver el modelo de desarrollo de las centrales hidroeléctricas de Nueva Zelanda en una zona como Aysén.

Usted dijo que un 45% de los proyectos que se generen debieran ser de ERNC.

Ese es el compromiso que tenemos en la agenda.

¿Cómo se consigue eso?

Instalando más paneles solares…

¿Y quién los instala?

Privados.

¿Y hay interés?

Muchísimo. En energía solar, eólica, todo lo que son las mini hidros con centrales de pasada, e intentando llegar a puerto con las energías geotérmicas. Tenemos un compromiso de generar talento dentro del ministerio mismo, enviando gente becada del ministerio y de afuera, a que vayan a EE.UU. para hacer estos cursos de post grado un par de años, de energía y medioambiente, de energía y nuevas tecnologías, energía y desarrollo, para tener los profesionales necesarios para hacer todo esto.

Hidroaysén le iba a entregar al sistema 2600 mega watts…

Lo que el proyecto entregaría en los próximos 10 años era una de las centrales, de 360 mega watts.

Lo que fuera que se comprometiera a entregar, ¿va a ser reemplazado por otras generaciones?

Sí. Yo creo que sí.

O sea, no debiéramos llorar una energía que no habrá, porque llegará por otras vías.

Digamos las cosas por su nombre. Necesitamos reemplazar esa capacidad instalada por otra, y lo que no podemos hacer es no generar esas otras.