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El intendente de la IX Región, el DC Francisco Huenchumilla, le dijo a La Tercera: “No soy partidario de una ley de expropiaciones. Creo que eso significaría crear otro problema político más. No sería conveniente”.

Las palabras del funcionario aparecen a días de que el ministro del Interior Rodrigo Peñailillo sea interpelado en la Cámara por la violencia en la zona, instancia solicitada por la oposición.

Y aún más, sus dichos también contrastan con el documento dado a conocer el pasado 12 de marzo, donde habló sobre “el despojo que el Estado de Chile le hizo de sus tierras”.

En él agregó el problema de los colonos “venidos desde lejos (…), porque el Estado los trajo al lugar inadecuado, en un momento inoportuno”.

Con esos dichos la andanada de críticas ha caído sobre él desde quienes han sido afectados por la violencia en la zona, como también de la derecha.

Aseguró que nunca ha conversado con la Presidenta estos temas, que los puede resolver sólo con el ministro del Interior.

Al mismo tiempo explicó sus expectativas para la región: “Lo que yo he hecho es prender una luz amarilla muy potente, casi roja, de lo que ocurre en La Araucanía. Decirles a políticos, legisladores y ciudadanía que aquí tenemos una situación muy grave para la paz social. Soy optimista de lo que estamos haciendo, pero no es un problema fácil. Si nos ponemos de acuerdo, si aislamos la violencia, si terminamos con la pobreza dura en la región, que es el caldo de cultivo de muchas cosas, si potenciamos la educación, la vivienda y la calidad de vida, vamos a avanzar”.

Inquirido si la política de expropiaciones, Huenchumilla indicó: “La metodología histórica de la Conadi puede tener ripios, pero se puede mejorar. Lo central es que no hay solución del conflicto indígena si no se tiene una política de tierras clara y óptima. Y esto implica muchas cosas. Llegar a acuerdos con los propietarios respecto del precio, y con las comunidades.”

Huenchumilla explicó que en la Araucanía la violencia está acotada, que no son todos: “De las 32 comunas que hay en La Araucanía, las cuestiones violentas están focalizadas en dos o tres. Hay 28 en las cuales eso no pasa. Además, 100 mil millones de pesos no son nada. Son 200 millones de dólares. La paz social en el país cuesta mucho más que eso. En los años 80, el Estado les pasó a los bancos cerca de US$ 4 mil millones para arreglar la deuda subordinada. Se dijo entonces que la situación financiera y fiscal del país así lo requería. Si el Estado gastó ese dinero en arreglar a los bancos, que gaste US$ 200 millones en resolver el tema mapuche es la nada misma”.

Inquirido respecto a si el pueblo Mapuche debiera realizar una autocrítica, Huenchumilla indicó: “Yo creo que es al revés”.

“El Estado debe reconocer el aporte del pueblo mapuche. Todos nosotros decimos que son bravos, celebramos la guerra de Arauco y a Caupolicán. Que los mapuches detuvieron grandes imperios. Ellos se han incorporado a la vida del país, pese al racismo cultural que existe. Y el pueblo mapuche reconoce la soberanía del Estado. Ningún mapuche la cuestiona, salvo grupos violentistas. Lo que el mapuche quiere es que se le reconozca su derecho a ser como es”, concluyó.