kistine tompkins
Fotos: Alejandro Olivares

¿Se puede hablar de conservacionismo en términos ideológicos?
No creo que sea ideología. Yo creo que es un reconocimiento. Millones de personas ven que la cultura industrial ha convertido tierras y ecosistemas tan rápido en los últimos cien años, el cambio climático y todo eso, o sea hay señales de un desequilibrio entre mundo humano y ecosistema. Ideología no creo, pienso que es sentido común.

Uno de los hitos que rompió esa relación amable entre el hombre y la naturaleza es la revolución industrial, ¿no?
Absolutamente, el crecimiento industrial empezó a subir la velocidad muy, muy rápido, y ha convertido a la tierra, el mar y todo en algo muy toxificado, denigrado.

Y la explosión en la tasa de la natalidad también…
No puedes separar las dos cosas.

¿Crees que el control de la natalidad es importante para el futuro del planeta?
Todo el mundo está hablando de eso.

Quiero saber qué opinas tú.
Sí, por supuesto, es un factor. Cada sociedad tiene que gestionar esta cuestión como quiere y toma muchas generaciones, pero hay cambios en cómo los países, los líderes de las distintas religiones están pensando en eso.

Hay miradas opuestas de la revolución industrial, una que la culpa de arrasar la naturaleza y otra que le reconoce avances para que el hombre viva más y mejor.
Sí, estos temas son súper complejos. Imposible distinguir específicamente cuáles son los clics donde nuestra manera de ser vivió cambios muy profundos. Otro hito es cuando pensamos que nuestra vida son todo derechos y no responsabilidades. Tengo derecho hacer lo que quiero, cuando quiero, como quiero: la libertad. Olvidamos que eso trae también responsabilidades para ti mismo, tu familia, tu comunidad, tu país, el mundo.

Otro asunto relevante para nuestra relación con la naturaleza es qué comemos y cómo se producen los alimentos.
La producción de comida es muy central en la salud y el ecosistema, si no podemos producir nuestra comida en una manera sana, hay poca esperanza que el planeta vaya hacia un lugar muy saludable.

¿Qué industrias alimenticias hacen un daño brutal o no debieran existir?
Más que una industria, es el concepto de toxificar la comida a través de pesticidas, todos los químicos malos para la salud o los suelos. Crecimos pensando que no hay límites.

¿Y la producción de vacas? ¿Debiéramos dejar de comer carne roja?
Mira, no es tan blanco y negro, hay lugares donde uno puede tener vacas. Pero debemos contar con comida orgánica.

¿Cómo es posible eso con una población que crece y con la desigualdad que hay? Comer orgánico, eliminar los pesticidas, todo eso es más caro.
¿Sabes qué? Escucho eso siempre. ¿Qué porcentaje del mundo produce su propia comida sin usar nada en sus suelos? Mucha gente. En nuestra cultura comer orgánico tiene esa imagen muy elite, pero si yo te digo que cada cosa que pongas en tu mesa está toxificando a tu familia, ¿qué vas a hacer?

No se los daría.
Claro, ¿y cómo vas a hacer? Trabajando la tierra. No sé dónde venden acá en Santiago comida orgánica, puede que por haber muy poca demanda sea más cara, pero nadie está insistiendo: “Yo paro acá, no voy a aguantar ese tipo de comida más, y yo salgo y busco cosas buenas para mí y para mi familia”.

Pero vivimos cada vez más en ciudades, nuestro acceso a los alimentos es el supermercado, no es el huerto.
Pero la gente que conoce lo qué está pasando con la comida, demanda mucho. ¿Tú demandas mucho, buscas cosas buenas para comer? Probablemente no. No te conozco, pero me imagino que no. Tienes que demandar, si tú estás bien educada, muy sofisticada, qué sé yo, pero igual uno va a tu casa y no pones un esfuerzo en comer bien, entonces tienes que pensar en el espejo. Si tú piensas que “¡ah, las ecologistas son medio locas!”…

-¿La gente piensa que los ecologistas son locos?
No locos…

¿Pero existe un prejuicio?
Sí, los ecologistas son soñadores o no sé qué, y si uno mira y lee, del cambio climático por ejemplo, qué lamentable que muchos de nosotros vamos a empezar a cambiar porque hay una crisis encima. Yo estudio mucho historia y me gusta leer de los colapsos de civilizaciones y hay cosas en común, que es nuestra inhabilidad para entender que el poder de la cultura siempre gana sobre el sentido común. Hay muchas cosas que yo misma personalmente puedo hacer y que a veces no hago, porque estoy floja, distraída, floja, floja, floja, jajaja. Tomo la ruta más fácil, todos hacemos eso, pero es la culminación de actos que están empujados por la cultura, no por el sentido común, por eso no cambiamos las cosas tan rápido como debemos.



¿Estamos viviendo el colapso de esta civilización?
No, no, no, no… Pero sí creo que hay truth (verdades) que no podemos evitar, y uno es el cambio climático y que hay límites. Y tenemos que repensar cómo vivimos bien entre nuestras comunidades y el mundo natural.

Es que casi no hay relación con la naturaleza.
Pero yo no hablo de comunicarme con los pájaros, estoy hablando de reconocer que el bienestar humano está basado en un ambiente limpio y equilibrado.

Recién hablaste de la flojera…
Estoy hablando de una persona como yo. Crecí en un momento histórico de bienestar en que se podía tener todo, solamente había que trabajar bien y llegar a las estrellas. Esa es mi generación, después de la Guerra Mundial dos, era todo para arriba.

Babyboomer.
Babyboomer, jajaja. Pienso que estamos empezando a reconocer que no es posible ni debemos querer tenerlo todo, hay límites, responsabilidades.

¿Qué es vivir de una manera consciente?
Que compres lo que necesites y no lo que quieres. Que cuando uno recibe mucho en su vida, compartas en tu comunidad o en tu familia, el bienestar de todos es responsabilidad de todos. Mucha gente me pregunta, ¿por qué filantropía? Viene de mi familia, mientras más uno recibe, más debe compartir la gracia que tienes en tu vida.

Muchos millonarios que hicieron sus fortunas gracias al capitalismo y el sobreconsumo –Warren Buffet, Bill Gates– están donando gran parte de su fortuna…
Es muy buen movimiento, pero Doug ni yo tenemos el nivel de ellos.

-Ah, no son tan millonarios…
Jajajaja, para nada. Pero no importa cuánto uno tiene, la ética es la misma: no basta que yo tenga lo que necesito.

Pero tú fuiste parte de un sistema que reprodujo el sobreconsumo que criticas ahora.
Por supuesto, nosotros venimos de una parte del problema, entonces, ¿por qué no en la tercera etapa de tu vida empezar a devolver lo que uno ha ganado? Algo que pueda mejorar, ojalá, hablando en términos grandes, el planeta.

¿Pero cómo sucedió ese cambio en ti?
Viene del principio, si conoces a mi madre, ahí está, con su iglesia anglicana, es una épica, la familia Rockefeller, de hace cinco generaciones, no sé, los judíos son famosamente generosos, filántropos…

¿Se sienten culpables?
No, no tan culpables, sino agradecidos.

¿Hay algo que te indigne?
Yo veo cosas en mi propia manera de hacer las cosas. Y me mata que en Estados Unidos, mi país, el Congreso no pueda pasar una legislación para poner un tope al carbono. Juegan con el futuro de todos, para mí es un crimen.

¿Te has juntado con Obama?
Me gustaría, pero no conozco nada del mundo político en ningún lado.

¿Qué le dirías?
¡Por Dios tu administración, qué vergüenza! Obama intenta, pero el Congreso está congelado. Hay muchos senadores que no creen en el cambio climático.

No sólo senadores.
Bastante imposible. ¿No actuar? Eso es lo que me da rabia. En eso yo no tengo paciencia ni para mí misma ni para nadie.

¿Crees en Dios?
No hablo de religión. Siempre digo que mi catedral es la naturaleza y lo dejo ahí.

No te gusta hablar de religión.
De la historia de la religión sí, pero de lo que crees no. Para mí es ridículo. Yo creo y tú no crees, ¿qué hay que decir?

¿La ecología no es una creencia tampoco?
Es una creencia como ser feminista o pro derechos humanos. Ecologista es dónde están tus puntos de interés, de acción, y eso viene de una creencia pero no es como la creencia en una deidad.

¿Te defines feminista?
¡Sí! Me arrepiento de muy poco en mi vida, pero una de las cosas que me arrepiento es que cuando era gerente de la empresa Patagonia no hice más como ejemplo de feminista. Mi padre siempre nos dijo hagan todo lo que quieran, entonces nunca sentí que por ser mujer no se podía hacer algo.

No fuiste consciente.
Debí ser más activista y no puedo cambiarlo, pero ahora sí, estoy muy interesada en asuntos de mujeres y chicas mundialmente.

¿Crees que el tema del aborto es fundamental en Chile como agenda pública?
Ellos tienen que decidir, no me meto en eso.

¿Los temas políticos no te interesan?
No me meto en los temas de partidos políticos y la política. Lo que me interesa es la política de Hidroaysén, por ejemplo, o los derechos de mujeres y niñas, mucho.

El aborto es un derecho que tiene que ver con la mujer.
Sí, pero es algo súper personal, súper metido en el país y no me meto en eso.

Hablemos de Hidroaysén. ¿Cómo recibiste lo que se decidió?
Bueno, yo pienso que ciudanía de Chile ha hablado fuerte y el gobierno de Bachelet los escuchó. Era un proyecto mal pensado, yo estoy feliz con esta decisión.

El ministro dice que Aysén, para industrializarse, necesita energía.
Es una palabra inmensa. Chile tiene que desarrollar un ordenamiento territorial y calcular qué tipo de desarrollo quiere tener y de dónde viene la energía y desarrollar un plan, y un plan de conservación ¿Cómo puede ser que Chile no tenga un plan nacional de conservación energética?

¿Qué modelo de desarrollo energético te gusta para Chile?
No conozco suficiente el tema, pero cualquier desarrollo tiene que estar equilibrado con el ecosistema, si no va a fracasar. ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Hasta qué límite? No tengo idea.

PARQUE PATAGONIA

Conservación Patagónica es la fundación creada por Kristine Tompkins para conservar áreas silvestres de la Patagonia argentina y chilena, que luego serán donadas como parques nacionales. Monte de León en Argentina, en 2002, fue el primer proyecto traspasado al Estado. El futuro Parque Nacional Patagonia, en Aysén, partió en 2004 y sus 79 mil hectáreas se están desarrollando para eventualmente donarlas al país. Para noviembre de este año contará con restaurante, lodge, campings y senderos.

Cuando hablamos del trabajo tuyo y de Douglas, ¿es lo mismo?
O sea, hacemos todo juntos, pero son fundaciones sin fines de lucro separadas.

¿Cuántas hectáreas están conservando los Tompkins en total?
Entre Chile y Argentina, hay más o menos 800 mil hectáreas.

De esas 800 mil, ¿quieren el 100% como parques nacionales?
Sí, esa es la meta.

¿Cuántas ya lo son?
Monte León en Argentina, el Parque Nacional Corcovado –que lo hicieron Doug con su ex socio de Esprit, junto al fisco y la Armada– y las 39 mil hectáreas que donamos al Estado durante la administración del presidente Piñera y junto con el fisco se creó el Parque Nacional Yendegaia.

¿Qué condiciones hacen falta para donar los terrenos?
A veces tienes que restaurar el terreno, construir la infraestructura para el acceso a público, y a veces, puede ser que el Estado no está en condiciones o no quiere recibirlo.

¿Cuántos años demora ese proceso?
Es muy variable, Monte de León fue un poco menos de dos años, Yendegaia fue muy rápido también. Pumalín, si podemos donarlo un día, que es nuestra esperanza, puff, sería en veinte y más años, pero quisimos terminar bien Pumalín.

¿Cuál es tu próximo proyecto luego del Parque Patagonia?
¡Ah!, tenemos que terminar esto primero, es tan grande, yo estoy buscando fondos para terminarlo.

¿Tú eres la persona que va a buscar fondos?
Sí, como un ratoncito. Mi vida es Chile, Argentina, New York, California, Chile. Pero casi todos los donantes significativos vienen a Chile a ver Pumalín. Y cuando ven un proyecto como ese y luego visitan Parque Patagonia, son hechos que venden y convencen a una persona de ser socio.

¿Cuál es la inversión del Parque Patagonia?
No hemos terminado, pero calculo que 60 millones de dólares.

Cuando se donan, ¿los parques se pueden mantener o necesitan plata del Estado?
Al pagar una entrada, los parques en su gran mayoría se pueden mantener.