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Una amiga me preguntó el otro día por qué me están haciendo tantas entrevistas. La respuesta me parecía un poco obvia: “soy trans”, le dije en tono confuso. Pero al salir las palabras de mi boca me di cuenta de algo. No podía ser solo por eso que yo les interesaba tanto, si hay miles de otras personas trans en Chile. ¿Qué era, entonces? Quizás las otras trans no están exactamente en mi situación. Algo debo tener yo que ellas no tienen.

Mi primera inclinación fue pensar en mi estrato social, el mítico ABC1. ¿Una trans que estudió en el Grange? La fascinación no venía de la incongruencia entre mi mente y mi cuerpo, sino entre mi manera de actuar y el contexto en el que me crié. Sólo por venir de un mundo que se enfermó con su necesidad de parecer perfecto, que yo no concuerde y decida salirme de la norma les llama la atención. Qué ridículo, yo pensando que rompía con los paradigmas de género y en realidad lo único que hacía era romper con los paradigmas del protocolo.

La segunda diferencia podía ser mi orientación sexual, aunque de esto recién me di cuenta después de estar en la televisión y revisar, en la privacidad de mi departamento, lo que el público opinaba en las redes sociales. Nadie lograba comprender cómo un hombre quería ser mujer si le gustaban estas mismas. Es obvio, al menos para mí, el error en que caen estas personas. Partamos del hecho de que no soy un hombre, soy una mujer. Y como cualquier otra mujer podría hacerlo, prefiero relacionarme de manera íntima con otras mujeres; la vil definición de una lesbiana. Pero el chileno promedio no logra concebir que el género y la sexualidad sean cosas separadas.

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Antes de cada entrevista me hacían la pregunta: “¿de verdad eres lesbiana?”. Nunca pensé que ser lesbiana fuera un atractivo, que de verdad les llamara la atención. Para mí siempre fue de lo más natural, quizás porque antes de, ya saben, el cambio, no necesitaba ocultarlo. Pero ahora estoy entendiendo que cuando la gente me ve en la calle, o en una revista, o en el televisor, no ven a una mujer trans, sino a un hombre homosexual, y eso es lo que les choca al conocerme: si le atraen las mujeres, ¿para qué quiso ser una mujer lesbiana, cuando podría haber sido un hombre heterosexual?

Por fin se están preguntando cómo es que de verdad funcionamos, biológica y socialmente. Por fin nos estamos conociendo.