cipriani

Cristian Cipriani habla desde su oficina en Medellín un día feriado en Colombia. En una esquina tiene una enorme figura de Superman de más de un metro de alto. Como buen pornógrafo, las excentricidades y el profesionalismo parecen ir de la mano. Llegó al mundo triple X gracias a Andrea García, a quien conoció “rumbeando”. Hoy es su mujer y tienen dos hijas. Hace nueve años Andrea, que estudiaba comunicación social, comenzó a animar el primer programa para adultos en Colombia. Se llamaba Sex Magazine, “era muy hot, de media hora a la semana, se hablaban temas muy candentes y se invitaban expertos. Eso era como una revolución sexual en una sociedad tan conservadora como la colombiana o la latinoamericana de esa época”, cuenta Cipriani.

Hoy son dueños de dos páginas web: 7labios.com y Santalatina, que es el mayor sitio porno con contenido exclusivo de mujeres latinas, como su nombre indica. Hace unos meses lanzaron una web innovadora: Santolatino.com, pensada en el porno para mujeres. Los candidatos llenan un formulario y suben fotos sensuales para que el público femenina escoja a quién quiere ver en la pantalla. “En el porno normalmente el actor agarra la cámara y graba desde su punto de vista, se llama point of view. En este caso yo no voy a darle la cámara al actor, sino que te la voy a dar a ti. Tú vas a elegir lo que quieres que ese hombre haga; por ejemplo, traerle a la mujer algo rico de comer, darle un masaje en los pies, hacerle sexo oral. Porque como las mujeres piensan diferente a los hombres, no quieren un pene grande. Quieren un hombre inteligente, atractivo, que les converse, que sea gracioso y las haga reír. Entonces el porno para mujeres es muy difícil de hacer, pero tiene que ser hecho por mujeres”.

andrea garcia

Antes de Santalatina y 7labios, el camino fue difícil. Andrea llegó al canal Kamasutra, donde se dedicó a crear películas y series softporn o porno suave, ese género sugestivo y erótico donde no hay primeros planos ni genitales. Al mismo tiempo Cristian tenía un programa de entrevistas sexuales en el mismo canal y así ambos llegaron a Barcelona, a cubrir festivales: “Nos abrieron los ojos a muchas más posibilidades y a entender lo que era el negocio. Porque aquí en latinoamérica no había esa cultura empresarial de lo que es manejar el tema para adultos”.

cipriani y andrea

El salto al porno duro vino gracias al empresario mexicano Carlos Slim, dueño de Telmex y uno de los hombres más ricos del mundo. En 2005 compró, entre otras cableoperadoras, a Kamasutra. “Entonces pensamos en internet”, dice Cipriani. Así, se establecieron en el mercado colombiano, el que menos pornografía consume. Según un estudio de AshleyMadison.com un 38% de los hombres y un 19% de las mujeres lo hacen frente a un 92% de australianas y 89% de alemanes. También son los que menos están dispuestos a pagar, según Cirpiani.

Cada dos días Cipriani recibe un correo de una chica nueva que quiere hacer porno. Por cada mujer llegan 100 hombres y por eso, ellos no buscan a nadie y eligen con pinzas a su equipo de trabajo. Ya han tenido malas experiencias trabajando con Culioneros, un intento de porno latino que hizo BangBros. “Ellos engañaron a las chicas. Les dijeron que los videos nunca se iban a ver en Colombia y era mentira. Les ofrecían millones de pesos (colombianos) y me mataban, porque yo no ofrezco eso”. Además, se metieron en líos legales cuando grabaron en el Castillo de San Felipe y en otros lugares patrimoniales de Cartagena de Indias.

Cirpiani y García pagan a las actrices entre 100 y 700 dólares por escena y muchas son casadas: “sus esposos vienen y comparten con nosotros, son nuestros amigos. La actriz se queda trabajando y el esposo la recoge en la noche. Todo es de manera muy profesional”. Muy similar a lo que es el negocio en Estados Unidos. Es en Las Vegas donde Cristian y Andrea tienen inscrita su empresa. Ahí pagan impuestos y ahí llegó Penthouse a pedirles más de 200 escenas de colombianas el año pasado.

Si bien es una industria que genera $57 mil millones de dólares en el mundo, es también un mercado que se contrae cada año. Tal vez una excepción podría ser Chile, el país con mayor consumo de porno en Latinoamérica: “Lo que pasa es que en público son muy rectos y serios; ven porno y no se lo dicen a nadie. Chile es el que más consume y el que más paga por porno. Los colombianos no pagan tanto como los chilenos”, dice Cipriani.

Este consumo no sirvió, sin embargo, para que Chile tuviera una industria nacional, con apenas una decena de películas entre el año 2000 y el 2011. Para Cipriani esto se debe a que no se puede generar el mismo modelo de negocios que en Colombia “porque Chile, creo yo, es el país más machista de todo Latinoamérica. Los hombres no saben tratar a las mujeres, son abusadores y controladores. Son muy formales en público, pero son infieles. Quieren tener a la mujer todo el día en la casa lavando, planchando. Les da muchísimo miedo que su mujer gane más dinero que ellos. Hay un montón de factores culturales que no permiten que una actriz porno en Chile sea bien vista. A la mujer chilena le hace falta una revolución sexual”.

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