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Camilo Escalona ya ha pasado por muchas. Repetir su carrera desde la dirigencia escolar en tiempos de la Unidad Popular hasta la presidencia del Senado sería redundante. Ha subido y bajado en la montaña rusa de las ondas políticas. Las ha hecho de bueno y de malo ya muchas veces. Está libre de estridencias. Nada más lejos de él que la “nueva política”, y nada más cerca que la política. Se podrá decir lo que se quiera, pero por sus venas corre la historia del Partido Socialista de Chile. Tiene incluso cara de socialista. Aspira a presidir nuevamente su partido. Esta vez, a diferencia de cuando lo hizo durante el anterior gobierno de Bachelet, no pretende ser su escudero. Si Altamirano le exigía acelerar los cambios a Salvador Allende, Escalona quiere presionar a Bachelet para que los ralente. Enfrenta el presente más atento a los peligros aprendidos, que al entusiasmo desbocado. No se encanta con los discursos soñadores. Reconoce que le ofrecieron ser director del BancoEstado, pero no se sentía capacitado para eso. Es difícil imaginárselo sacando cuentas y ordenando billetes. Aparenta no creerle nada a Marco Enríquez-Ominami. A mí me huele que una vez más está poniendo en circulación el nombre de José Miguel Insulza para la próxima elección presidencial. Me lo mencionó a la hora de enumerar los posibles candidatos del PS, y me cuentan que ya lo había hecho antes en otra entrevista. Camilo ha vuelto a las pistas. Su última derrota electoral lo dejó golpeado, pero sólo por un rato. Cuando la ciudadanía pedía ser escuchada, Escalona le resultaba un estorbo; ahora que quiere escuchar a los políticos, volvió al estrellato. No aspira caer bien y, casi siempre, dice lo que piensa.

Fotos: Alejandro Olivares

Se van a cumplir 41 años del golpe. ¿Salvador Allende fue un buen político?
Sí, en el sentido de que soñó primero una alternativa de país, y la logró traducir después al lenguaje político práctico. Esto de construir el socialismo en democracia, pluralismo y libertad.

Pero parece que no lo terminó de construir.
No. Sus recursos no lograron vencer la tremenda polarización de la época. Y, en consecuencia, su proyecto político se desplomó. Pero para el Chile de ese tiempo, que requería cambios profundos, no había otra posibilidad que intentarlos sobre la base de elecciones y respeto a la libertad.

¿El golpe era evitable?
Yo creo que no era una fatalidad. Creo que la incomprensión del proceso de Allende, en la Reforma Agraria, por ejemplo, que llevó a tomarse pequeños predios y que se transgrediera completamente el sentido de la reforma, que grupos se tomaran parcelas de 10 o 15 hectáreas, que cuando hacían las tomas sacrificaban a los animales, atentaban contra la propiedad de gente modesta y humilde, y en las ciudades grupos radicalizados se tomaran pastelerías, dulcerías, emprendimientos de gente que trabajaba sin un pelo de ánimo reaccionario o conservador, ese descontrol aisló al gobierno de Allende. Le redujo su base de sustentación social y permitió que el golpe de Estado se abriera paso. Por eso estoy convencido que si el programa popular se hubiera mantenido en su matriz original, de fortalecer un área mixta de la economía sobre la base de una mayor presencia del Estado y hacer una Reforma Agraria que modernizara el campo… Si el sentido originario se hubiera mantenido, como tantas veces el presidente Allende insistió, el golpe de Estado no tendría por qué haber ocurrido.

Te lo pregunto, porque últimamente has sacado a colación varias veces lo aprendido en la UP.
Por ejemplo, en el tema educacional. Yo participé en 1971 –tenía 16 años- de un evento que se llamó Congreso Nacional de Educación. Me acuerdo que en todas las grandes ideas matrices de un país libertario, independiente, con camino propio, coincidían en 60%, 70% o más, de los allí reunidos: profesores, trabajadores de la educación, organizaciones estudiantiles, y de pronto, cuando se planteó la Escuela Nacional Unificada, como conclusión del documento se dijo que era para iniciar la formación del hombre nuevo y crear la sociedad socialista. Y así, en una frase, se echó por la borda la totalidad del proceso participativo anterior.

¿Ves hoy fuerzas ultronas latiendo en Chile?
Hay un radicalismo artificial. Por ejemplo: comparto que la Reforma Tributaria tendría que haberse llevado adelante con todos los partidos de la Nueva Mayoría, porque si son todos parte, tienen el mismo derecho a la participación y a la información. No justifico que se haya excluido de esa parte del proceso al PC. Sin embargo, observo que hay personas que de manera infantil rechazan el acuerdo tributario cuando este permite recaudar más de 8.000 millones de dólares y tiene un dato que yo no pensaba que fuera a ocurrir, y es que RN y la UDI hayan ido a firmar un aumento de impuestos al 27% en la primera categoría, a la renta y el capital. Eso era imposible. Estuvimos durante un cuarto de siglo intentando crear avances que permitieran financiar las políticas sociales con mayor holgura, y cuando lo conseguimos, no nos gusta. No me lo explico.

¿Te atreverías a ponerle nombre a estas fuerzas ultronas que rondan?
No me gusta ponerles nombre, porque no quiero hacer con otros lo que a mí me hacen. Que me descalifican en lo personal. Son de dos tipos: una especie de farandulización de la política, o sea, estar de acuerdo con el hombre de la calle, idealizar la opinión del ciudadano de a pie. Y más que idealizarla, uniformarla. Porque cada ciudadano de a pie tiene su propia opinión.

¿Y si no estás mirando al hombre de a pie, a cuál hombre hay que mirar?
Es que esto lleva a que muchos escondan su condición de políticos. Ejercen este oficio de manera vergonzante y atacan a los políticos cuando ellos mismos lo son. A este fenómeno le llamo “farandulización de la política”. Y de otra parte están los ultrones propiamente tales: una vertiente que tiende a pensar que los cambios son mucho más fáciles de hacer de lo que efectivamente son, que simplifican la realidad y que creen que todo el sistema político es intrínsecamente conservador y reaccionario. Si no existiera, no hallarían qué hacer, porque se alimentan de un sistema político que rechazan.

¿De dónde vienen estas voces que tú escuchas?
De figuras individuales en el marco de la Nueva Mayoría… Por ejemplo, hoy día leí que el senador Navarro dice: “rechazo cualquier acuerdo”. Eso me parece absurdo. ¡Cómo alguien puede rechazar cualquier acuerdo! ¿Y si el acuerdo le conviene a él? ¿Y si el acuerdo permite avanzar?

¿Tú fuiste revolucionario?
Sí, pero siempre actué desde la tesis más ortodoxa de la izquierda de los años 70, que partía de la base de las condiciones objetivas. En mi escuela política se nos inculcaba que cambiar la sociedad no era una tarea que se pudiera concebir para darse gustos o hacer lo que se quisiera con ella.

¿Y qué te parece hoy la idea de revolución?
Yo creo que fuimos capaces de hacer una revolución en Chile. El 2005, por ejemplo. Que una mujer llegara a ser presidenta de Chile representa una revolución cultural impensable pocos años atrás. Ahora, que eso no fue por la vía de un foco guerrillero, que el camino que recorrió esta revolución no lo imaginamos nunca, es otra cosa. Pero que ocurriera es un hecho increíble. Y así fue.

¿Los ricos todavía son explotadores?
Hay ricos que son explotadores. Por ejemplo, los que duplican o triplican el precio del pasaje durante los fines de semana largos. Nuestra sociedad tiene una fuerte desigualdad, y esta desigualdad genera una cultura de abusos, de atropellos enormes. Esa cultura alimenta el resentimiento social.

¿Hay lucha de clases? Antes se decía que no era opinable, sino un dato.
Hay intereses económicos diversos. Eso es un dato. Ahora, depende de la política que no se antagonicen. Depende de la política que se pueda construir una sociedad en paz y con justicia social.

No es lo mismo intereses económicos diversos, que intereses económicos en pugna.
Yo alerto que el hombre con poder es peligroso. Me explico. Una religión justifica a los de la Yihad islámica a desatar una guerra, a oprimir a la mujer de manera bestial, a mutilar el cuerpo de esas mujeres, muchísimo peor que cualquier capitalista. Es decir, depende de la política que la persona humana tenga condiciones de convivencia en que se respete su dignidad. Yo fui de los que pensó que el avance al socialismo iba a resolver por sí solo estos tremendos conflictos y antagonismos. Y no ha sido así. El ser humano con poder es peligroso. Por eso es que yo me explico esta desconfianza con la política. El poder democrático también tiene que estar bajo control, fiscalizado y sometido a una constante rendición de cuenta. No basta la mayoría para hacer lo que se quiere.

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¿Cuál de las cosas que tú creíste alguna vez hoy te parece un error?
La dictadura del partido único. Ese fue el error capital de la izquierda del siglo XX, porque atentaba contra la diversidad, generó un Estado anquilosado, concentró el poder en un puñado de personas, negó la democracia. Esto lo he pensado 50.000 veces, y tengo la siguiente conclusión: el enorme coraje, la entrega maravillosa que tuvieron millones de militantes de izquierda en el mundo, se anuló por este error capital.

También se creía en un hombre nuevo, ¿no?
Todos los días está surgiendo un hombre nuevo. Lo que pasa es que no se puede modelar a la voluntad de un ser o grupo mesiánico que tenga el poder. Yo entiendo que hay un problema de comunicación con la nueva generación que está en política, por dos razones: uno, por culpa nuestra, porque no hemos defendido con dignidad lo que hicimos, no hemos defendido con dignidad la memoria de nuestros compañeros que dieron su vida por la recuperación de la democracia, con todas las limitaciones que esta pueda tener. Esa es la culpa nuestra: no haber construido una sana memoria histórica. Pero también hay problemas de comunicación porque estos jóvenes son un hombre nuevo, completamente distinto. Tienen acceso a medios digitales de comunicación, lo que ha puesto en sus manos un volumen infinito de información. El otro día vi en la tv a un señor hablando de los juegos de play station y otros que hay ahora, que son cibernéticos, y él, como uno, decía que cuando niño jugaba con un runrún. Es decir, una latita aplanada con una pitilla. La socialización de los jóvenes ahora corre por un camino distinto.

Últimamente has figurado como uno de los más férreos defensores de la vieja Concertación. ¿Cuáles son sus valores que defiendes?
Tuvo el valor de ponerse de acuerdo para restablecer la democracia. Yo estoy seguro que Pinochet, si nos hubiésemos puesto de acuerdo antes, no hubiera instalado la Constitución del 80. Pinochet operó sobre la base de la represión y la división de las fuerzas democráticas. Costó 10 años para que cayera la chaucha. Para que se descubriera lo que era crudo y evidente. Sólo la derrota política de la dictadura, por la vía de un amplio frente unitario, era capaz de sacar a Pinochet del poder. Y para eso hay que tener valor: el valor de la unidad. Y el valor de la unidad llevó a respetar la diversidad. Ni más ni menos. Es decir, a entender que con protagonistas que tienen una identidad diferente puedo tener objetivos compartidos. Y que no tengo que tratar de cambiar esa identidad, sino que la debo respetar, e incluso promover, porque sólo de esa diversidad puede surgir la mayoría que se necesita. El gran déficit de la teoría de la retroexcavadora, es precisamente ése: que hace una afirmación de voluntad –voy a sacar de raíz lo que hay- y prescinde de los actores, y, en consecuencia, prescinde de la diversidad.

¿Y le reconoces vicios a esa Concertación?
Sí, pues. Yo creo que en algún momento del proceso –no es un año específico, no se puede poner una fecha, porque son procesos subyacentes- la Concertación se durmió en los laureles.

¿Qué significa “se durmió en los laureles”?
Que no tuvo la capacidad de advertir que la sociedad chilena estaba en condiciones de correr la frontera de lo posible. No se trata de caer en la locura y la irresponsabilidad, como quieren algunos, pero un ejemplo es esta cifra de la encuesta CEP, donde se entiende que la enorme mayoría de la sociedad chilena cree que se debe legislar sobre el aborto.

¿Nunca te lo hubieras imaginado?
No con esa mayoría tan apabullante. La necesidad de mover la frontera de lo posible no la advertimos con la sagacidad que se necesitaba. La coalición durante mucho tiempo perdió la capacidad de deliberar políticamente. Por muchas causas, incluso prácticas. Por ejemplo, el año 90 y 91 nuestros centros de estudios se vaciaron, y nuestros principales ideólogos, profesionales, técnicos, todos se volcaron a las tareas del gobierno. Los partidos quedaron sin capacidad de procesar ideas. Y la deliberación política se empobreció en proporciones gigantescas.

¿Llegó entonces el momento de superar la Concertación?
Ya se superó. Surgió un nuevo bloque que se llama Nueva Mayoría.

Algunos insisten en que volvió a aparecer la vieja Concertación, y que la Nueva Mayoría es pasajera.
Hay personas que reviven la idea de que hay una Concertación, porque están en un proceso para quebrar a la Nueva Mayoría. Esta idea ha surgido de las principales cadenas de información, y no veo ninguna razón que la justifique. El comunismo como sistema ya no existe. En los años 70 existía un sistema comunista mundial, organizado en torno a la URSS., que llegaba a ocupar el centro de Europa. Si se ponía de acuerdo con China tenía dos tercios de la población mundial. Ese sistema ya no existe. El peligro del comunismo es sólo una imaginación. Entonces, si tenemos un acuerdo programático común, no veo razones para que se deba terminar con la Nueva Mayoría.

¿De quiénes te sientes más cerca, de la DC o del PC?
Yo siento que la tarea de las tareas, la clave del proceso político chileno del próximo tiempo, es mantener a la Nueva Mayoría unida. Uno que se salga, y dejamos de ser mayoría.

Qué es más grave, ¿romper con la DC o con el PC?
Para ser directo, yo creo que las personas de izquierda que piensan que se puede prescindir del entendimiento con el centro, están rotundamente equivocadas. Estimo que una tarea política esencial, no para que se mantenga un bloque político burocrático, sino para que las reformas estructurales tengan sentido, para que finalmente se puedan alcanzar, hay que bregar por la unidad del bloque de la Nueva Mayoría. Incluso proyectándolo a un nuevo gobierno. Es una de las lecciones claves de la Unidad Popular. Hay un libro que lamentablemente nadie lo publica y hay pocos ejemplares en circulación, que son las memorias de Orlando Millas -dirigente comunista, miembro de la comisión política de ese partido, una de sus figuras más emblemáticas durante los 70-, y él relata que el año 72, con la autorización del Presidente Allende, sostuvo largas conversaciones con Renán Fuentealba, entonces presidente de la DC, y estuvo a punto de llegar a acuerdo, un pacto de gobernabilidad, incluso extendiendo el área de propiedad social de la economía, no como estaba planteado en el programa inicial de la Unidad Popular, pero sí significativamente, con el partido Demócrata Cristiano, donde entendían que era bueno para el país que hubiera una área estratégica del Estado. Eso hubiese sido un acuerdo políticamente muy promisorio, que hubiera evitado el golpe de Estado. Pero los actores políticos de la época no fueron capaces de entender la importancia del entendimiento entre la izquierda y el centro.

A propósito, ¿qué te parece Giorgio Jackson y Revolución Democrática? ¿Boric y la Izquierda Autónoma?
Yo siento que son figuras con bagaje y potencia, pero en el caso de Revolución Democrática, que hace una crítica a las viejas formas de hacer política, lo que no me gusta es que está dentro del gobierno, pero no se reconoce como tal. Entonces, hace una política ambigua, de encubrimiento. Incluso en el sector de educación, donde está más que comprobado que ellos han tenido un rol esencial en la formulación de las propuestas, insisten en considerarse impolutos. Yo no estoy de acuerdo con esa manera de entender la política. Creo que las opciones que uno toma deben ser transparentes.

¿Y Boric?
Él hizo una apuesta exitosa, hasta ahora. Se presentó por fuera, no llegó a ningún acuerdo con nadie, y rompió el binominal en la región de Magallanes. Yo encuentro que está total y completamente autorizado para llevar a cabo una política con el acento que él usa, porque demostró que se la pudo.

¿Ves en ellos algo de tu juventud?
Prefiero no hacer la comparación, porque puede ser motivo de malos entendidos.

Son interesantes a veces los malos entendidos…
(Ríe) Lo que pasa es que los proyectos políticos en los 70 eran sumamente verticales, totalizantes y rígidos. Por ejemplo, la JS tenía como gran referente a Elmo Catalán, un socialista chileno que murió en la guerrilla con el Che en Bolivia. La brigada de rayados de nuestra juventud se llamaba Elmo Catalán. Yo tantas veces salí a pintar, orgulloso de ser parte de la brigada Elmo Catalán, y de saber que él había muerto heroicamente en Bolivia. Entonces, no son comparables.

¿Pero les ves una convicción política interesante?
Yo creo que ellos son un actor surgido de las luchas estudiantiles, y ahora hay que ver su capacidad de quedarse por un largo plazo.

¿No debiera el PS naturalmente buscar acuerdos con ellos?
El PS tiene que entenderse con todos los que quieran entenderse con él, pero no tratar de absorberlos. Nuestro partido tiene ahí una ambigüedad. Piensa que la interlocución con Revolución Democrática o con la Izquierda Autónoma daría paso a la posibilidad de que en algún momento ellos deviniesen en socialistas. Ellos debieran recorrer su propia experiencia.

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¿Y Marco Enríquez-Ominami?
Marco está haciendo una vistosa exhibición de flexibilidad al señalar que en algún momento espera dialogar con quien él mismo señaló como su enemigo principal. Está en evolución. Eso confirma que el viejo dicho de Enrique IV, “París bien vale una misa”, cuando se convirtió al catolicismo para tener la venia del Papa. Dicho de otra manera, la presidencia de la república para muchas personas es un objetivo total y definitivamente envolvente.

¿Lo encuentras un político talentoso?
Él toma una decisión y se embarca. Más que talento, tiene decisión.

¿Y podría llegar a ser el candidato de tu partido? Sabemos que han habido conversaciones.
Sí, han habido conversaciones, pero… no me quiero pronunciar sobre el tema presidencial todavía. Ya cometí un error con Insulza el año 2006, que me apresuré y lo planteé antes de tiempo.

¿Pero es posible?
En el Partido Socialista hay muchas personas que se van a levantar como candidatos. Yo conozco a lo menos tres: Insulza, Rossi y Allende. No me quiero adelantar al tema presidencial.

Ya, ¿pero ves posible que el PS, después de todo lo que ha pasado, termine teniendo como candidato a Marco Enríquez?
Entiendo que el esfuerzo que está haciendo Marco Enríquez-Ominami, es porque quiere que la Nueva Mayoría lo acoja como candidato en las primarias. Ahora, eso es distinto a que él piense que el PS lo pueda acoger como su pre candidato.

Eso es lo que ha pensado, ¿no? O lo que lo han invitado a pensar.
Eso yo no sé. No me atrevo a llegar tan lejos

¿A qué político chileno tú has llegado a admirar?
Clodromiro Almeyda. Él era una un ideólogo, pero un ideólogo pragmático. Fue determinante en que el Partido Socialista que él encabezaba, que estaba embarcado en una lucha frontal con Pinochet bajo la línea de la lucha rupturista con la dictadura, se metiera en la campaña del NO. No se dejó vencer por la ideología que rechazaba la política del NO, y se metió ahí con todo

A la Presidenta Bachelet parece que nunca la convenció mucho la política del NO.
Bueno, yo recuerdo que en el PS de Almeyda hubo un voto en contra en el Comité Central. De 70, un solo voto en contra, pero no era de ella, porque no era miembro del Comité Central.

¿Qué te pasa cuando se habla de la vieja política como si fuera una mierda?
Creo que se peca de soberbia, porque quien está hablando de la vieja política se presume a sí mismo representante de lo nuevo. Creo que ese discurso es muy arrogante.

¿Lo vinculas con alguien cuando piensas en esa frase?
Bueno, yo creo que quien ha hecho abuso de esa expresión es Andrés Velasco. No es quiera darle recomendaciones de manera pública, pero si él piensa cautivar la voluntad de la Nueva Mayoría, ese es un discurso muy violento hacia partidos políticos que tienen una larguísima trayectoria. La Falange Nacional, hoy Democracia Cristiana, tiene cerca de 80 años, el Partido Socialista ya traspasó esa edad, el Partido Comunista está cerca del centenario si se toma como fecha su fundación propiamente tal en 1920, o si se tomara la del Partido Obrero Socialista de 1912 ya habría cruzado los 100 años de existencia, y el Partido Radical tiene más de un siglo. Entonces, yo a veces me quedo perplejo ante tales afirmaciones, porque digo “estas personas no saben con quién están tratando”. Se están vinculando con fuerzas políticas que han resistido la prueba del tiempo, cosa que no cualquiera puede decir.

¿Estás al tanto de lo que se habla en las asambleas estudiantiles? Te lo pregunto porque hay algunas, como la Confech, donde el PS suena poco menos que a partido de derecha.
Pero tiene representación. Baja, pero tiene.

Les debe dar miedo levantar el dedo en la asamblea.
Siempre han habido socialistas valientes. Yo la primera asamblea de estudiantes grande que fui, el año 69, cuando la sociedad chilena se preparaba para elecciones presidenciales y el pueblo quería a Allende o a Tomic, la FESES se dividió entre un grupo de las juventudes comunistas y la juventud radical, y una alianza en que estaba la juventud socialista, el MIR y un grupo ultra que se llamaba Fuerzas Armadas Revolucionarias, ni más ni menos, las FAR. Era un micro clima. El año 70 recuerdo, lo cuento en mi libro, como la FESES estaba dividida y la JS tenía alianza con el MIR, yo veía que en mi población estaba todo el mundo feliz porque había sido Allende electo presidente, pero la asamblea de las FESES y los dirigentes del MIR denostaban contra el reformismo, que esto era lo peor que le podría haber ocurrido a Chile.

O sea, según tú, se generan microclimas, a veces, en esas asambleas.
Sí, se generan microclimas. El movimiento social se olvida que es universal, en el sentido de que en un movimiento social participan todos. El año 2006, los pingüinos eran de todo: socialistas, comunistas, democratacristianos, ultrones, había hasta un dirigente que se reconocía como RN, Isamit. El 2011 marchaba toda la sociedad por la reforma educacional. A veces se pierde de vista que los movimientos sociales representan, en torno a un propósito concreto, demandas universales… en este caso, la reforma educacional.

¿Por qué no te convence la Asamblea Constituyente?
Porque, en mi criterio, no va a llevar a una nueva Constitución. Significa proponerse un juego constitucional que no existe a nuestro alcance. Significa que tú le pides al Congreso que apruebe el máximo quórum constitucional que exige la Constitución: 2/3 en ambas cámaras para poder convocar a una asamblea constituyente y elaborar una nueva Constitución. Entonces vamos a llegar a la siguiente contradicción: si se propone ese camino necesitaríamos los votos de la derecha para emprenderlo. Por eso he sugerido una comisión bicameral que abra debate en todo Chile, que se instalé en las regiones, que reciba a los movimientos sociales y que detectadas las diferencias de fondo, esas se plebisciten.

La nueva Constitución a ti te gustaría que se hiciera con una hoja en blanco o reformando la existente.
No hay ninguna que se haga en una hoja en blanco.

Alguna vez le hice esta misma pregunta a Ricardo Lagos, y él decía que le gustaría que fuera en una hoja en blanco, no corrigiendo la existente.
Yo veo que ese ejercicio es irreal. En la nación donde surgió la Carta Magna, la fuerza de la constitucionalidad es consuetudinaria y no escrita, es decir, el peso de la tradición y las costumbres es decisivo. En nuestro país, aún cuando somos una nación joven, hemos tenido la idea de redactar diferentes Constituciones a lo largo del tiempo -se redactó una en el 25, otra el 80-, de todas maneras esas Constituciones han ido generando una tradición y una práctica democrática en nuestro país, de la que no se puede prescindir. Por eso creo que no es aceptable el término “hoja en blanco”.

A propósito del reconocimiento a las tradiciones, ¿uno se pone más conservador con los años? ¿Se le reconoce a la historia más que cuando joven?
Eso es normal, porque cuando uno es joven conoce poco de la historia. Tiene que estudiar más todavía. Pero no sé por qué razón, y esa es una diferencia con la generación actual, el peso de la historia era un dato decisivo en la formación cultural de mi generación. El peso de la figura de Recabarren, la trayectoria del movimiento obrero, el estudio de la Revolución Rusa. En nuestro pequeño país, en los años 60 se nacionalizó la antigua Zig-Zag, se creó la editorial Quimantú, y una de las primeras cosas que hizo Quimantú fue publicar la historia de la Revolución Rusa de León Trotsky en tres tomos. Y todos los estudiantes de mi generación se peleaban esos libros.

Algunos comentan que Escalona se puso conservador.
No, ¿por qué me puse conservador? ¿Porque no acepté una embajada y preferí quedarme aquí trabajando por lo que creo? En algunas personas eso es una infamia y en otras no, no en todas, pero en algunas es un intento de descalificación personal.

¿Te ofrecieron ser director del BancoEstado?
Bueno, no voy a decir cosas, pero esto lo dije en el Senado: yo no estaba en condiciones de aceptar responsabilidades técnicas, porque no tengo la preparación, soy un dirigente político.

¿Te gustaría ocupar algún cargo en el gobierno?
Yo no desprecio el gobierno, pero siento que no tener ningún cargo me ha dado una enorme libertad en estos meses. Una libertad inapreciable.

Con esa inapreciable libertad, ¿qué te gusta del gobierno de Michelle Bachelet y qué te parece que le falta?
Creo que el gobierno de Michelle Bachelet se tiene que concebir a sí mismo como el inicio de un proceso, porque no puede hacer todas las cosas que se propone en tan corto plazo. No se pueden hacer todas las cosas al mismo tiempo. Eso no significa ser conservador, porque si uno quiere hacer todas las cosas al mismo tiempo, se desploman, se derrumban, no resultan, no ven la realidad. Y claro, yo aprecio que para desmentir la experiencia anterior de que se prometieron cosas que no se cumplieron, en los 100 primeros días se pusieron todos los proyectos e incluso más -porque el binominal no estaba propuesto para los 100 días, pero también se lanzó-. O sea, se puso todo: comisión sobre la salud, comisión sobre la previsión, descentralización y regionalización, agenda energética, reforma laboral como estructural, educacional, tributaria, nueva Constitución, plataforma para política indígena, ahora seguridad pública… Son transformaciones muy profundas, pero el gobierno no se puede concebir a sí mismo como quien lo va a hacer todo de una vez, porque no es posible, no le va a alcanzar el tiempo. La única posibilidad es concibiéndose como el inicio de un proceso más amplio, lo que significa cuidar la Nueva Mayoría de otra manera.

¿No está lo suficientemente cuidada?
Yo creo que es una centralidad esencial de la política cuidarla, porque si no la próxima elección presidencial nos puede ir bastante mal, y todos estos grandes deseos y sueños quedarían desbaratados.

¿En qué momento se ha descuidado la Nueva Mayoría?
Cuando se permite el descontrol del lenguaje, cuando los exabruptos remplazan los argumentos.

¿Tú lo has visto en el gobierno? Yo lo he visto más bien afuera.
El gobierno de líder de la Nueva Mayoría.

¿Eres liberal en lo valórico: aborto, marihuana, matrimonio homosexual?
El proyecto de aborto terapéutico que se presentó en Valparaíso fue el mío.

¿Y como una posibilidad de la mujer hasta cumplido cierto plazo?
Me complica por otra razón. Porque yo he observado, sobre todo en esta última campaña electoral en la región del Biobío, que hay un sector de nuestra población que se sentiría brutalmente agredido si se legisla pasando por encima de su opinión; me refiero a las iglesias evangélicas y católicas. Yo puedo creer lo que yo quiera, pero tengo que respetar a los demás, y el tema del aborto desata una intolerancia.

Pero es raro lo que me dices, porque nadie obligaría a un miembro de la iglesia evangélica a abortar, en cambio ellos, al asumir la postura que tú estás diciendo, me obligan a mí a no poder abortar.
Sí, pero yo creo que las sociedades tienen que ir abriendo paso con un mayor grado de acuerdo a sus decisiones. No porque yo lo crea tengo que pensar que los demás están preparados para que eso se decida de esa forma.

Me estabas diciendo recién que te llamaban la atención los datos de la encuesta CEP a este respecto.
Me llama la atención, pero yo no quiero que se desate la intolerancia en Chile, y he visto que se puede desatar.

¿Y el matrimonio homosexual, también la desataría?
No, no me escandaliza a mí para nada.

¿Y la legalización de la marihuana?
Ese es un tema que yo revisaría con más detalles, porque tengo temor, lo reconozco, al imperio de las bandas que pueden apropiarse de ese mercado.

Se supone que es justamente para desbaratar el imperio de esas bandas que se legaliza.
No está demostrado.

¿Que entiendes hoy por socialismo?
La democracia con justicia social.

¿Sientes complicidad con el proceso bolivariano en Venezuela?
He sentido complicidad, pero no comparto sus rasgos autoritarios. Por eso me permití hacer una declaración cuando fue la represión al movimiento estudiantil, rechazando la brutalidad policial.

¿Y Cuba?
Cuba tiene que evolucionar hacia la democracia, si no no se va a sostener. China puede tener una economía socialista de mercado con partido único, pero la reforma económica de Cuba le va a obligar a plantearse el desarrollo democrático.

Para ponerlo en fácil, ¿tú hoy serías opositor al gobierno de Raúl Castro?
En el caso de Cuba, yo creo que participaría por la reforma del sistema cubano. Eso parece difícil hacerlo desde dentro del partido comunista; hay otros que lo han intentado, pero no ha resultado. Pero hay muchos dentro del Partido Comunista que lo están tratando de hacer.