expo-sexo

bbcmundologo

El acalorado debate sobre si hay algo de malo con comprar sexo y si debería ser ilegal sigue sin resolverse. Lo que rara vez se discute es qué motiva a los hombres a pagarle a una mujer para que se acueste con ellos. He aquí lo que le dijeron algunos a Charlotte McDonald, de la BBC.

Fred y Laura salen a caminar, salen juntos de la ciudad los fines de semana, pasean por mercados y a menudo tienen citas en restaurantes.

Se ríen de cosas que han visto en la televisión. Y también pelean y tienen fuertes discusiones. Como cualquier pareja, tienen sus altibajos. Pero no son como cualquier pareja. Fred le paga a Laura para que pase unos ratos con él, lo que incluye tener relaciones sexuales.

Por falta de oportunidad

Se conocen desde hace seis años.

“Nos conocimos online en una sala de chat”, cuenta Fred, un hombre retirado. “Le pregunté si quería pasar una noche en un hotel conmigo”. Dice que fue como una primera cita, “empezando a conocernos, examinándonos”.

“Ahora nos conocemos tan bien que Fred sencillamente transfiere el dinero a mi banco antes de que nos encontremos”, añade Laura.

Fred vive en un área rural remota y durante muchos años tuvo que dedicar todos sus días al cuidado de su mamá. Por eso, le dice a la BBC, no tenía la oportunidad de conocer gente, y decidió pagar por sexo.

“Realmente no era tanto el sexo sino el deseo de contar con la compañía de una mujer, y si uno no está saliendo o socializando, es muy difícil saber cómo conseguir amigas” dice.

Por el matrimonio

Robert ha estado casado durante muchos años. “Terminé siendo un hombre con una libido muy alta casado con una mujer que realmente no disfruta del sexo… ni siquiera de abrazos, besos, caricias, nada así”.

“Ella es una pareja excelente. En todos los otros aspectos, nos llevamos de maravilla; pero en la cama, no”. Robert guarda todo el dinero que puede para comprar sexo.

“No quería que mi matrimonio se acabara”, dice. “Quería hacer lo mejor posible para mi esposa, así que lo más obvio fue pagar”.

Por evitar el dolor

Mientras que Robert considera el pagar por sexo como una manera de preservar su matrimonio, Graham, de unos 30 años, llegó a creer que era la mejor forma de evitar la complejidad de las relaciones.

Durante los primeros 30 años de su vida, el exfuncionario gubernamental pensó que nunca sería el tipo de persona que daría dinero a cambio de relaciones sexuales.

Pero durante un fin de semana en Ámsterdam, unos hombres a los que acababa de conocer lo convencieron y terminó recorriendo las calles de la zona roja.

Una chica los llamó, dos de los hombres la descartaron diciendo: “Podemos conseguir una mejor”. Pero ella se dirigió a Graham y le dijo: “A ti sí te gusto… quieres venir conmigo, ¿cierto?”.
“En ese momento”, dice, “no vi ninguna razón para no hacerlo”.

La siguió hasta su cabina iluminada de rojo, donde pasó media hora charlando y copulando. “Fue asombroso. Parecía muy romántico, se sentía como si estuviéramos condensando una relación entera en sólo un par de minutos”, señala.

Reflexionando sobre sus relaciones previas y sus dolorosos desenlaces, se preguntó: “Quizás nada de eso sea necesario. Quizás uno puede pagar y tener estos momentos increíbles de espontaneidad, que duran sólo media hora… ¡simplemente, mágico!”.

Ver Artículo completo en BBC Mundo