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El acceso a la información, sin embargo, se ha erigido como el principal bastión en contra de la corrupción flagrante. Hoy en día, vecinos con Internet tienen acceso a cientos de páginas en donde logran—luego de cuantioso esfuerzo—descubrir lo que en realidad se quiere hacer en su comuna.

Esto es así tanto para los santiaguinos, como para los provincianos. En provincia, empero, la batalla es siempre más difícil, por la restricción que tienen los habitantes para acceder a las nuevas tecnologías, no sólo porque no hay banda ancha en todas partes o en suficiente cantidad, sino porque, objetivamente, no todos los chilenos tienen el poder adquisitivo como para tener un computador o un celular con Internet.

Aun así, las redes sociales se expanden lentas y seguras a través de las comunidades. Fue gracias a Facebook que, en la comuna de Papudo, los vecinos se enteraron de un cambio al plan regulador. Gracias a Facebook y a organizaciones como Salvemos Papudo, la gente se enteró del desastre que se les venía encima, con la casi segura tala del bosque que está a la entrada de Papudo, cuando se viene de La Ligua, que podría protegerlos del maremoto siempre latente. Gracias a Facebook—y muy a pesar de la propia Municipalidad—los vecinos pudieron saber fechas exactas y procedimientos, pudieron conocer planos y tuvieron acceso a las reuniones explicativas. Gracias a las presiones de las redes sociales, varios arquitectos se informaron de lo que sucedía, asistieron a las reuniones y propusieron trabajar en conjunto con el Municipio para desarrollar un verdadero PLAN MAESTRO comunal, en donde no sólo ganaran las inmobiliarias, sino que toda la comuna (desde entonces, la Municipalidad guarda silencio y nadie sabe nada del estado de situación). Porque así están las cosas en Chile, se cambian planes reguladores completos para que las inmobiliarias hagan y deshagan a su antojo.

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En Papudo, particularmente, hay una necesidad gigantesca de viviendas sociales y, para satisfacer esas necesidades, “no se puede hacer nada”. Para satisfacer las necesidades, en cambio, de las inmobiliarias, se hacen cambios al plan regulador con platas municipales. El problema de las viviendas sociales es tan amplio y complejo que, en vez de enfrentarlo, el municipio ha lanzado, a través de su gente y con la estrategia de la hormiguita, yendo de boca en boca, la propuesta siguiente: si se aprueba el cambio de seccional, les damos un espacio para viviendas sociales. Eso tiene un nombre y es feo.

El bosque del que hablo, que va desde la cancha del Club Independiente hasta el gimnasio Municipal, hoy está protegido, a pesar de ser terreno privado, porque está gravado como área verde. El Municipio, sin embargo, busca insistentemente cambiar el uso de suelo para que se pueda construir. ¿Por qué un Municipio podría acoger con tanto entusiasmo las necesidades de inmobiliarias en desmedro de la propia comunidad? ¿Por qué convencer a la gente que el progreso consiste en llenar de cemento un balneario tranquilo, cuando el verdadero progreso consiste en subsanar las necesidades reales de los habitantes de un lugar?
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En estas batallas de las comunidades, se ve claramente que Chile sigue siendo para unos pocos, muy pocos. Lástima que las autoridades se dejen influir por las monedas de oro, en vez de pensar verdaderamente en las necesidades comunales. Pensar con generosidad no es difícil: ciclovías, centros comunales, postas dignas, escuelas dignas, respeto por las zonas inundables (permitir la construcción donde históricamente se inunda es no sólo inmoral, si no que debería ser un delito), respeto por las barreras naturales (bosques que protegen comunidades enteras de las inclemencias del tiempo y de los maremotos), seguridad de que habrá agua y alcantarillado para todos, caminos y calles dignas, medidas que hagan de la comuna un lugar sustentable. No es tan complicado. Es cosa de sacarse la mano del bolsillo y ponérsela en el corazón.

Menos mal que tenemos Internet para saber lo que pasa y Facebook y Twitter para ponernos de acuerdo. Así como van las cosas, la calle seguirá siendo la forma de empoderarse.

Municipios, afírmense los pantalones con los bolsillos llenos de oro, porque les será difícil correr con tanto peso, cuando nos dé por protestar todavía más.

¡¡NO al Alto Maipo y Salvemos Papudo!!

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