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La tarde del lunes, tras visitar al ex alcalde de Providencia, Cristián Labbé –que estuvo detenido ese día en el centro de Telecomunicaciones del Ejército y ayer fue dejado en libertad bajo fianza– el presidente de la UDI, Ernesto Silva, acudió a una cita pactada semanas atrás con el jefe comunal de La Florida, Rodolfo Carter.

Antes de arribar a la cena en casa de Carter, Silva ya sabía que la comida no sería precisamente cordial: durante la jornada el díscolo edil había criticado duramente, en conversación con The Clinic Online, la decisión de Silva de apoyar a Labbé y había asegurado que se trataba de una “provocación hacia las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos”.

El encuentro, tal como estaba previsto, fue tenso. Silva, según distintas fuentes consultadas por este medio, defendió la determinación de acompañar a Labbé –acusado de asociación ilícita en el caso Tejas Verdes, que indaga el secuestro y desaparición de 13 personas en el centro del mismo nombre de la comuna de San Antonio- con la premisa de que es “lo que corresponde hacer” cuando un dirigente del partido está pasando un momento difícil, mientras que Carter insistió en que una actitud de este tipo, en referencia a un apoyo institucional, no era concordante con las credenciales de un partido democrático.

La discusión se zanjó sin que los personeros lograran un acuerdo y dejó en evidencia la incómoda situación que generó en el gremialismo la detención de Labbé y las dudas sobre cómo Silva, que lleva seis meses en el cargo, condujo esta nueva crisis.

EL VOTO MILITAR
“Somos yeta”, se escuchó decir ayer en pasillos del Congreso a un alto dirigente partidario en alusión al Pentagate y a la detención de Labbé. Lo cierto es que en la interna partidaria, además de la coincidencia en la “mala suerte” de Silva y compañía, el tema de la visita al recinto militar de Peñalolén tuvo distintas lecturas.

Según fuentes consultadas por este medio, en la discusión del lunes de la mesa directiva todos los participantes aprobaron la decisión de ir a respaldar a Labbé con la premisa de que, más allá de la situación procesal, es un dirigente histórico del partido y que “existe una alta cantidad de votantes que vería con malos ojos el marcar distancia de él en un momento complicado”.

La explicación se sustenta en números: en los cálculos que maneja la colectividad, en la última elección la llamada “familia militar”, tras la condena a las violaciones de los derechos humanos del Presidente Sebastián Piñera, se abstuvo de ir a votar y ello implicó, aseguran parlamentarios, “un porcentaje importante de votos menos para la UDI, por lo que, además del tema humano, que es real, aquí hay también una estrategia de no dejar escapar el voto duro del sector”.

Otro diputado recalca que “la UDI tiene, y tendrá por siempre, la carga del régimen militar, entonces a nadie le sorprende que se vaya a ver a Labbé, pero sí habría sido mal visto si se lo dejaba solo, es así de simple”.

En la directiva, sin embargo, el secretario general, Javier Macaya, asegura que no se está ante una defensa de la dictadura porque “realizar una visita a una persona que está pasando por un momento difícil no puede mezclarse con la proyección a largo plazo de un partido”.

Macaya, además, rechazó las declaraciones de Carter a este medio y aseveró que “aquí nadie está diciendo que no haya una condena categórica a las violaciones a los derechos humanos. La visita a Cristián Labbé es humana, es a un ex dirigente que lo está pasando mal y lo hacemos desde la perspectiva de la presunción de inocencia”.

Consultado sobre el asunto, Carter refutó que “la directiva de un partido tiene que ser súper cuidadosa en un tema como este porque es un tema que le duele a la enorme mayoría de los chilenos. Ese nunca más implica también cuidar las formas, porque no tiene ningún mérito ser leales con los amigos, es lo obvio. Lo que ennoblece a los seres humanos es ser leales con el adversario”.

En esta línea agregó que “la estética y la ética acá van unidas. Nuestros adversarios han hecho una caricatura sobre lo intolerante de la UDI, y es cierto, hay gente así, más cercana a Al Qaeda que a un partido, pero son los menos. Por eso también es importante cuidar las formas: un partido democrático no tiene nada que hacer a las puertas de un regimiento”.

LA HISTORIA
Entre los diputados consultados por este medio, ninguno cuestionó públicamente la determinación de Silva. Varios coincidieron fuera de micrófono en que era “inoportuno”, “innecesario” y “un balazo en los pies” para quienes han levando la bandera del cambio de las nuevas generaciones.

Otros, sin embargo, defendieron la visita. Pedro Pablo Álvarez Salamanca, por ejemplo, argumento que su mirada sobre la dictadura no es negativa. “Encuentro oportuno lo que hizo la directiva, Labbé fue un alcalde de nuestro partido y merece todo nuestro respeto, así es que no creo que sea algo peligroso. Siempre hay que tener la historia clarita, a mí me contaron una historia, yo no la viví, que es buena, muy buena…Mi papá, por ejemplo, fue alcalde (designado) en San Clemente”, adujo.

Arturo Squella, en tanto, arguyó que “fue lo correcto y adecuado, porque Labbé es un dirigente muy importante de nuestro partido. Me parece súper acorde con el respeto a las personas y confianza a nuestros dirigentes”.