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Se siente “americano”, como dicen ellos; estadounidense, como decimos nosotros. Aunque sus rasgos faciales no encajan con el “típico hombre blanco”, fue criado desde los ocho meses en Portland, Estados Unidos. Kevin Truong nació casi por el azar en Malasia. Su madre llegó a un campo de refugiados en ese país luego de escapar de la guerra en Vietnam. Pasó dos semanas en un bote, fueron atacados por piratas, y “fue forzada a hacer cosas muy malas para sobrevivir”, cuenta Truong, de 32 años.

El año pasado, el joven fotógrafo viajó a Vietnam a conocer a su padre, que nunca se casó con su madre: “De hecho, ella era su amante”. Más allá de eso fue un viaje importante para Kevin y su madre. Si bien ella lo había apoyado cuando le contó que era gay, “cada cierto tiempo preguntaba si ya se me había pasado. Nunca me preguntaba si tenía novio o algo así”. Como Kevin no sabe vietnamita, su madre hacía de traductora con los hombres fotografiados. Después del viaje, él le pidió si podía traducirle una carta de uno de ellos: “Me respondió con la traducción por mail y fue uno de los mejores correos que he recibido. Me decía que había visto el blog y que debía compartir estas historias con el mundo. Siempre dije que si podía cambiar a una persona con este proyecto, valía la pena. Y lo logré”.

Ese proyecto es The Gay Men Project, donde Kevin retrata a hombres gays de todo el mundo y cuenta sus historias y experiencias. Hace dos semanas está en Chile y ha fotografiado a Jaime Parada y Jorge Marchant.

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Foto: Jaime Parada, concejal por Providencia.

¿Cómo nació The Gay Men Project?
Era un proyecto de una clase. Saqué mi primer título en economía, hace mucho tiempo, hace como 10 años; y trabajé en organizaciones sociales por unos cinco años. Eso me llevó a unirme al Cuerpo de Paz, que es un programa donde te haces voluntario por dos años y vas a un país en desarrollo. La idea es ser un embajador de Estados Unidos mientras ayudas a estas sociedades. Así que me mandaron a Belice en América Central, donde es ilegal ser gay. Yo lo sabía y les dije que era gay, pero me apoyaron y me impulsaron a hacerlo. Así que fui. Se suponía que eran dos años y duré dos meses. No pude hacerlo, era demasiado difícil para mí tener que esconder quién era yo, de nuevo. Pero como había planeado irme por dos años y ahora no tenía nada que hacer, tomé cursos de fotografía en Oregon. Me gustó y postulé a la Escuela de Artes en Nueva York, y terminé estudiando en un programa de fotografía de cuatro años en Nueva York. Así que el Gay Men Project era sólo un trabajo de clase, teníamos que fotografiar un sujeto por dos meses, podrían haber sido flores o perros, pero pensé: “Voy a fotografiar a hombres gays y a mostrar esa diversidad, que no existe el estereotipo de hombre gay”. Porque cuando le dije a mi mamá que era gay, ella siempre pensó que iba a empezar a usar vestidos.

Jajajajaja
Ese era su punto de referencia. Y creo que mucha gente no tiene puntos de referencia visuales. Así que quería mostrar que algunos hombres usan vestidos, pero no todos, que existe una diversidad. Mis compañeros siempre estaban más interesados en las historias detrás de las fotos. Entonces pensé que necesitaba encontrar una mejor plataforma para este proyecto. Y ahí incorporé las fotos con las historias. Y lo bello de internet es que la audiencia puede estar en cualquier parte del mundo. Y esa es mi meta: que estas historias sean accesibles.

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Foto: Morgan, Estados Unidos.

¿Te sirvió haber estudiado economía? ¿Cómo fue hacer ese cambio a fotografía?
Obtuve mi título en economía, pero en ese tiempo quería ser abogado. Siempre creí en tener algún sentido del deber. En dedicar tu vida a algo más grande que tú, puede ser como periodista, o como artista, o como abogado o lo que sea. Así que, como dije, trabajé en organizaciones, mucho trabajo con niños inmigrantes, porque yo también soy inmigrante, tratando de darles acceso a la educación. Y cuando tuve esa experiencia en el Cuerpo de Paz donde quedé como impresionado porque tuve que “volver a meterme al clóset”, decidí salirme del área social y dedicarme a algo completamente diferente. Pero me pasó que cuando fui a la Escuela de Arte en Nueva York, algunos artistas pueden ser muy ensimismados. Se trata de ellos y su arte, y extrañaba el mundo social, porque ahí todo se trataba de lo comunitario. De trabajar por un bien mayor. Así que para mí The Gay Men Project fue mi forma de volver a eso, de juntar el ser creativo pero también trabajar por la comunidad. Al final todo se conectó para hacerme llegar a este lugar donde estoy ahora. No sé dónde estaré mañana, pero hoy lo estoy pasando bien.

¿Cómo fue vivir en Belice viniendo de Portland y Nueva York, que son ciudades muy liberales?
La razón por la que para mí fue difícil es porque antes de irme, recién le había dicho a mi mamá que era gay. Entonces mi proceso desde la primera persona a la que se lo dije hasta que le dije a mi mamá fueron como cinco años, lentamente se lo fui diciendo a más personas hasta que ya me presentaba como gay. Mi familia nunca supo y cuando finalmente se los dije sentí que por fin había salido del clóset, estaba orgulloso. Y llegué a Belice donde tenía que esconderlo de nuevo. Amo a la familia que me recibió, son las personas más maravillosas del mundo, eran muy cariñosos, pero tenía que esconder que era gay. Siempre hacían bromas de que me iban a emparejar con su sobrina y yo me reía, pero me estaba matando por dentro. Estaba en una villa llamada Independencia y me acuerdo que mi superior me había ido a dejar en su auto y me tomó y me dijo: “Kevin, ¿qué te pasa?” Porque sabía que me pasaba algo. Y yo pensaba que solamente me estaba costando adaptarme pero lo pensé bien y me puse a llorar. No podía vivir en un país donde tendría que construir relaciones en las que no podía ser honesto sobre una parte importante de mí mismo. Me pidieron que me quedara y cuando tomé la decisión estaba… ¿has estado en Belice?

No, nunca
Estaba literalmente debajo de una palmera, frente al océano del Caribe, con el agua del azul más hermoso que he visto en mi vida. Y me pregunté: “¿Te gustaría vivir en este lugar los próximos dos años de tu vida?” Y me respondí: “No”. Fue muy rápido, pero en ese momento me sentí como un gran fracaso, porque había hecho un compromiso con mi gobierno y con Belice para hacer este proyecto de trabajar con niños, y que yo creía que era muy importante, pero sentí que no iba a ser feliz y no iba a trabajar bien. Ahora, viéndolo hacia atrás, creo que tuvo sentido que pasara por eso.

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Foto: Jorge Marchant, escritor chileno.

¿Hay algo que hayas aprendido de todos estos hombres que has fotografiado?
Sí, siempre digo que creo que definitivamente hay una “cultura gay”. A lo que me refiero con eso es que, he ido a 9 o 10 países hasta el momento, y alrededor del mundo, ya sea en Vietnam o Rio, o Santiago, o Lima, culturalmente los hombres de Vietnam son muy distintos de los hombres en Chile ¿cierto? Pero hay una cultura que tienen en común al ser gay. Crea más similitudes que diferencias, así que todos los hombres que he fotografiado, tienen más cosas en común que diferencias, por esta identidad compartida de ser gay. Si te imaginaras una obra sobre ser gay entre estos países distintos, el elenco siempre sería distinto, el escenario siempre es distinto, pero las historias son bastante similares: el proceso de sentirse distinto cuando eres joven e identificar esa diferencia con el ser gay, y quizás ser molestado por ser gay, y lentamente decidir ser abiertamente gay, y hablo muy específicamente de gente que es abiertamente gay, ese proceso es muy similar.

¿Has visto un país donde digas: “este es un buen país para ser gay”, que tenga igualdad de derechos, con una sociedad abierta?
Es una pregunta difícil, iba a decir Estados Unidos porque recientemente hemos tenido muchos avances sobre el matrimonio igualitario muy rápidamente, pero siempre se me olvida que estoy hablando de la perspectiva de alguien que vive en Nueva York, o de alguien que es de Portland, que es muy liberal. Pero recientemente hice un viaje por el país, por el sur: Mississippi, Arkansas, Tennesse, y la situación es muy diferente. Y me sorprendió mucho que Jaime Parada me dijo que el 54% de los chilenos están a favor del matrimonio entre gays, y eso es muy alto. Porque en Estados Unidos es más bajo que eso.

Porque es un país enorme y diverso.
Claro. No sé, te puedo decir lo opuesto, donde creo que ha sido más difícil. Lugares como Panamá, o Vietnam. O algo me sorprendió mucho de los hombres con los que hablé en Brasil. Ellos me dijeron que aún es muy difícil ser gay. Y la forma en que me lo describieron es que existe una dinámica interesante donde Brasil en muchos sentidos es muy abierto en temas de sexualidad: ves anuncios publicitarios con desnudos, pero los hombres con los que hablé me dijeron que aún es muy, muy cerrado en cuanto a homosexualidad. Es muy machista. Me sorprendió mucho. Pero es difícil hacerme una impresión de los países donde he ido, pero sí diré que no importa donde vayas, siempre vas a encontrar gays, ya sea una sociedad abierta o cerrada.

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Michael, Estados Unidos.

Sé que llevas sólo dos semanas acá, pero en Chile era ilegal ser gay hasta mediados de los ’90 y la última controversia que hemos tenido es por un libro que enseña a los niños que hay familias con dos padres.
Sí, lo vi. Fue un gran tema, ¿no?

Sí. ¿Has aprendido algo de los hombres que has fotografiado en Chile? ¿Cuál es tu visión como alguien que creció en Portland y vive en Nueva York?
Primero que todo, amo Chile. Me encanta Santiago. Si supiera hablar español me vendría a vivir acá inmediatamente. Es interesante porque si miras los Estados Unidos en temas LGBT estamos mucho más avanzados. El movimiento de los derechos gays empezó a tener más notoriedad en los ’80 con la epidemia del VIH, donde se tuvo que luchar por tener acceso al sistema de salud. Y como mencioné, si ves los últimos dos años hemos tenido gran avance en el matrimonio gay en Estados Unidos. Así que es interesante venir a un país como Chile

¿Por qué?
Al caminar pensaría que es una ciudad norteamericana, es muy desarrollado, me siento muy seguro, el Metro es asombroso. Pero, claro, llevo dos semanas y no conozco los temas legales, pero sí sé que Chile está un poco más atrasado, están recién empezando con los derechos de la comunidad LGBT, pero creo que eso es emocionante. La gente como Jaime o Luis Larraín de Iguales, el trabajo que ellos están haciendo está generando un gran impacto. Sólo el que Jaime sea un político abiertamente gay, creo que es una gran declaración. Y es emocionante porque creo que en lugares como Chile, o Lima, o Río, los esfuerzos que se están haciendo ahora están generando gran impacto. Porque aún hay mucho trabajo por hacer. Es interesante porque si lo ves de afuera, es una ciudad hermosa, pero en ciertos aspectos falta mucho por hacer. Pero se puede decir lo mismo de Estados Unidos, en el sur. Siento que estoy conociendo pioneros. Seré honesto: me emociona más estar en Santiago fotografiando gente que hacerlo en Nueva York, porque siento realmente que la gente que estoy conociendo aquí están construyendo el camino para el país. Y claro, soy gay así que creo en los derechos gays, habrá gente que no va a creer en eso, pero creo que va en la dirección correcta.

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Foto: James, Panamá.

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Foto: Manny, Vietnam.

kevin truong, the Gay Men Project, pictures of gay men
Foto: Kazuki y Harold, Canadá.

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Foto: Edern, Francia.

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Foto: Iván y Carlos, Estados Unidos.

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Foto: Bill, Estados Unidos.

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Foto: Carlos Bruce, congresista peruano.