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A sus setenta años, la actriz Geraldine Chaplin se resiste a hacerse vieja, pues no ve en ello nada positivo: “no hay nada bello en la vejez, es una desgracia, una masacre”, sentencia sin dudar.

Hija del legendario cineasta y actor Charles Chaplin y nieta del premio Nobel de literatura Eugene O’Neill, la intérprete británico-estadounidense participa en la 38ª Muestra de Cine de Sao Paulo, que baja hoy el telón con la proyección de su último filme, “Dólares de Arena”.

En un entrevista concedida a Efe en el último día del festival, Geraldine Chaplin vuelve a la carga con uno de sus temas favoritos, el paso del tiempo y una batalla perdida por encontrar fuentes de juventud.

En ese sentido, reconoció que desde los 45 años ve “la muerte en cada esquina”.

Quizá por ello, hace tiempo que la artista reniega de la vejez en todos los lugares a los que va, ya que, asegura, ésta es “el preludio de la muerte, un país sin mapas donde sólo existe una autopista que lleva al fin”.

“Muchos viejos descubren de repente una isla desconocida dentro de ellos mismos, que es el pasado, y comienzan a vivir en él. El problema es, dice, que yo no me acuerdo”.

Tan sólo hay un aspecto que se escapa de esta radiografía fulminante: “cuando uno envejece puede ser un poco más observador porque nadie le ve”.

En su último trabajo, que recorrió ya festivales en Italia, Egipto e India antes de aterrizar en Brasil, la actriz encarna a una francesa de avanzada edad que se enamora perdidamente de una prostituta dominicana, una película que rompe con varios tabúes del sexo en la tercera edad.

“Cuando te enamoras, pierdes la dignidad y ver a una persona vieja pelleja que pierde la dignidad es algo obsceno”, enfatiza Chaplin.

No obstante, la que fue musa del cineasta español Carlos Saura no cree que el filme vaya a transformar muchos esquemas.

“Antes creía que el cine podía cambiar el mundo”, cuenta, “pero ahora no estoy segura, sólo creo que una película puede cambiar la forma de pensar de una persona sobre el mundo”.

Y tras meditarlo unos instantes, responde: “lo importante es que a la gente le hayan gustado los filmes, que hayan podido pasar un momento agradable que les haga sobre todo pensar o reír”.

Hacer reír fue precisamente el arte de su padre, que el festival no ha dudado en homenajear coincidiendo con el centenario de la creación del mítico personaje “Charlot”.

Una manera de hacer cine que Geraldine Chaplin ha heredado, a pesar de que las producciones de entonces disten mucho del cine que se cosecha hoy en día.

“No sé si la industria ha empeorado, quizá lo haya hecho la calidad de las grandes producciones”, infiere la actriz.

Así, Geraldine Chaplin opina: “Con certeza, se busca un denominador común más bajo y se subestima al público, una situación que encuentro insultante, pero esos filmes siguen teniendo público, así que supongo que el nivel de las películas se verá arrastrado cada vez hacia más abajo”.

Con unas llamativas gafas de sol del vídeo-juego “Angry Birds” y unos zapatos deportivos amarillo fluorescente, a Geraldin Chaplin se le esfuman las palabras cuando le preguntan sobre a quién admira.

“Qué difícil no decir un cliché, pero qué imperdonable sería decir una mentira. Lo terrible sería contestar que no admiro a nadie”, exclama abriendo sus expresivos ojos antes de marcharse.