rodrigo peñailillo a1

Muy derechamente y al grano el hombre no es un estadista y jamás tendrá pasta de estadista: no tiene energía, no tiene aplomo, no tiene conocimientos. ¿Sabrá lo que es una razón de Estado, será un político de fuste? Para nada, no tiene oratoria, no tiene ademán, no tiene trayectoria vital en el cerdo ni en el diamante, no tiene don de mando, no cae bien, no tiene estirpe, no sabe qué es un teje, qué es un maneje, no tiene cultura general, no tiene training, no tiene dicción ni pronunciación, no tiene trato con la intriga política, con la pasión política, no sabe imponerse, no ronca, no manda, no conoce el ambiente de las chiquillas buenas para la talla y el chancho con chaleco, no sabe adjudicarse en la maroma… ¿Sabrá arrastrar el poncho? ¿Sabrá mandarlo a guardar? ¿Sabrá castigar en esas pistas?

No le llega ni a los talones a Martín Rivas, el personaje siútico de la novelita archiconocida. ¿Sabrá dónde las papas queman? ¿Sabrá calibrar el doble sentido? ¿Sabrá parar el carro a los jetones puntudos? No tiene carrete en la mala fe, si es un cabrito lechón, a cada rato los cabrones llamándolo para aconsejarlo y columpiarlo y de qué manera. ¿Cómo un churumbel de catorce años –eso representa– recién salido del cascarón podría darles una chuleta bien dada a esos grandulones que trafican influencias en contra de la patria? Se lo comen vivo, a estas alturas lo tienen para los mandados y para los tandeos, no corta ni pincha, y lo malo y lo maluenda: las altas esferas no se dan por aludidas. En los peores momentos: “sana potito rana”. No tiene percha, no tiene blindaje propio, y no aporta, y no crea, y no allana el camino, y no apuntala y no enriquece la jornada. ¿Sabrá la chichita con la que nos estamos curando? ¿Será un compadre con las sucursales en los puestos de batalla? Y no redacta, y no tiene mundo, y no tiene agallas y no tendría por qué tenerlas si es un imberbe en la cosa cívica. ¿Sabrá sacar la madre a diestra y siniestra? Es un pajarito, un cototito regalón de la doña capricho, una veleidad, un gustito que se dio en el momento más inoportuno, pura cabrería en los flancos íntimos de la fortaleza. Si la plaza de la ciudadanía no es para terneritos o potrillos, ¡no señor!

Y qué les han dicho a los mandamases del billetito y el chamullo, cagados de la risa, si se las están dando en bandeja. ¿Será acaballado, sabrá comerse la culebra podrida? ¿Sabrá de los trajines de doña Herminia Pacheco en la Casa de Tolerancia? No están los tiempos para niños modelos, la política es para brutos hechos y derechos con años de circo en la cuchufleta y en el circo romano, y hay veces como hoy, en este Chile Lindo, en que los gobernados merecen jefaturas con las braguetas bien puestas. Y es jodido, vienen tormentas políticas de la puta madre, el timón hay que tenerlo bien agarrado, y si el marinero es de agua dulce el barco se puede ir a pique al primer remezón, no es apto, no lo veo en ese puesto, no acompaña, no tiene la corpulencia, se nota a la primera no es un lacho dominante, no es un chucheta dé mil batallas, tiene la jeta blandengue, no es un zorrón que de cancha tiro y lado, hasta los pacomios más encachados en la guardia lo tienen rochado: “llegó el bocadillo”. Cómo será, lorea, si hasta esos verdes de la manivela lo ningunean a las espaldas.

Yo hablo por Chile y los pobres del campo y la ciudad. Machi querida, patrona del mambo, usted curtida en los ambientes, no nos saque los choritos del canasto, si el chiche acaramelado o el golfo de los zapatitos de charol sigue ahí haciendo taco en la pulenta, mala cosa. Podría quedar la embarrada y todo se iría a la misma mierda y no es la idea.