LIBRO FIDEL

Por Ignacio Ramonet

Con Kennedy vivió usted, y el mundo entero, una de las más peligrosas crisis internacionales: la crisis de octubre de 1962. ¿Cómo juzga usted, 43 años después, aquella situación?
-Fue un momento internacional muy tenso. En 1962 había aquí 42 mil soldados soviéticos y nosotros teníamos casi 300 mil hombres en armas. Las unidades soviéticas estaban aquí para ayudar a repeler una nueva invasión que esta vez, después de la derrota de los mercenarios de Girón, iba a ser sin duda, hecha directamente por unidades norteamericanas. El peligro era inminente.

¿Cómo empieza la crisis?
-Ellos detectan los misiles el 16 de octubre. Un avión espía estadounidense, U-2, que vuela a mucha altura, fotografía unas rampas de lanzamiento. En realidad he sabido que fue un miembro de los servicios de información soviéticos, el coronel Oleg Penkovski, quien dijo a los norteamericanos el emplazamiento preciso de los misiles que luego el U-2 detecta. Kennedy es informado ese mismo día 16 y es cuando empieza la crisis.

¿Qué hace Kennedy entonces?
-Kennedy toma contacto con Kruchov, quien ahí comete un error ético y político. Kruchov, en una carta le miente a Kennedy: le dice que son armas defensivas y no estratégicas. Evidentemente eran armas para defenderse, pero eran armas ofensivas también. Aquí habían unos 192 proyectiles estratégicos y otras armas. El general soviético que estaba al mando tenía facultades de usar esas armas hasta sin consultar con Moscú. Esa carta de Kruchov se la lleva a Kennedy Andrei Gromico, que era ministro soviético de Relaciones Exteriores. Eso fue el 18 de octubre. En ese momento aún no se ha hecho público el problema pero ya Kennedy, el 19 de octubre, consulta con el estado mayor de las fuerzas norteamericanas que le aconsejan un bombardeo aéreo masivo de Cuba. El 20 de octubre, aconsejado esta vez por Robert McNamara, decide el bloqueo naval de la isla con 183 buques de guerra, entre los cuales hay 8 portaviones con 40 mil infantes de marina a bordo. Entre tanto, en Florida se concentran 579 aviones de combate y 5 divisiones aerotransportadas, entre las cuales hay dos divisiones de elite, la 82 y la 101. Pero la opinión pública norteamericana y mundial sigue sin saber qué está pasando.

¿Cuándo informa Kennedy a la opinión pública?
-Él habla por televisión el 22 de octubre a las 7 de la tarde, por todos los canales del país, con gran dramatismo y entonces el mundo se entera de que hay una crisis y que se está al borde de una guerra atómica. Anuncia que la Unión Soviética debe retirar sus proyectiles o arriesgarse a una guerra nuclear… y anuncia también el bloqueo naval de Cuba para impedir la llegada de nuevos misiles. En ese momento los soviéticos han arrestado al coronel Oleg Penkovski y saben que los norteamericanos tienen toda la información. Saben también que Kennedy sabe que Kruchov ha mentido en su carta.

¿Cuándo es usted informado de que los nortea-mericanos saben?
-Desde el principio. Y la decisión nuestra, con los oficiales soviéticos que estaban aquí, fue de acelerar la construcción de las rampas de los cohetes estratégicos SS-4. Se trabajó día y noche. El 16 de octubre no había prácticamente ninguna rampa terminada. El 18 habían 8 y el 20 habían 13 y el 21 habían 20 y así… se trabajó sin descanso y aquello no se podía destruir sin una guerra nuclear que hubiera causado tremendos destrozos al otro lado también.

¿Qué hicieron ustedes frente a tan gran peligro?
-Nosotros nos movilizamos en masa. Teníamos bajo las armas a más de 270 mil hombres dispuestos a defender la Patria y la Revolución hasta la última gota de sangre. Intervine en la televisión el 23 de octubre para denunciar la inminente invasión norteamericana y movilizar al pueblo.

¿El bloqueo estadounidense se hizo efectivo?
-Cómo no. Ese bloqueo se hizo efectivo el 24 de octubre a partir de las 2 de la tarde. Y había en aquel momento unos 23 navíos soviéticos que estaban en ruta hacia Cuba. En cualquier instante podía haber un incidente. Un buque norteamericano podía disparar contra un barco soviético y estallar una guerra nuclear. Había un tensión muy fuerte.

En esa situación ¿qué hizo la ONU?
-Bueno, hubo el debate célebre entre el embajador norteamericano que era Adlai Stevenson y el soviético Valerian Sorin. Stevenson -como lo hizo Colin Powell el 5 de febrero de 2003, con pruebas falsas, en ese caso, para justificar la guerra contra Irak-, presentó de manera espectacular ante el Consejo de Seguridad unas grandes fotografías aéreas de las bases de proyectiles estratégicos. El soviético negó la evidencia, negó la autenticidad de esas pruebas, cometió el error de rechazar el verdadero debate sobre la soberanía de Cuba y su derecho a protegerse. Eso fue el 25 de octubre de 1962.

Me imagino que los estadounidenses seguían sobrevolando Cuba.
-Sí. Ellos seguían enviando aviones espías U-2 y empezaron también a hacer vuelos de reconocimiento incluso a baja altura. Nosotros decidimos empezar a disparar en contra de los aviones que habían empezado a hacer esos vuelos rasantes. Un vuelo rasante no lo puedes detectar, facilita un ataque por sorpresa. Se lo planteamos a los militares soviéticos que estaban aquí y les dijimos que los vuelos rasantes no se debían permitir. Ahí es cuando, el 27 de octubre, una batería de cohetes antiaéreos SAM manipulada por los soviéticos derriba un avión espía U-2. Se produce entonces el momento de máxima tensión. Ese hecho era la prueba de que ya se estaba combatiendo y en cualquier momento podía producirse un nuevo incidente que desencadenara la guerra. Y déjeme decirle que aquí la gente estaba serena.

¿Pensó en algún momento que la guerra era inevitable?
-Creíamos que era inevitable el conflicto y estábamos muy decididos a aceptar ese riesgo. Nosotros no íbamos a ceder, estábamos en nuestro derecho a defender nuestra soberanía nacional.

Pero los soviéticos cedieron.
-En ese momento de máxima tensión los soviéticos le envían a Estados Unidos una proposición. Y Kurchov no lo consulta con nosotros. Proponen retirar los misiles si los norteamericanos retiran sus cohetes Júpiter de Turquía. Kennedy acepta el compromiso el 28 de octubre y los soviéticos deciden retirar los SS-4. Aquello nos pareció absolutamente incorrecto. Ocasionó mucha irritación.

¿Tuvo la impresión de que ese acuerdo se hacía a espaldas de ustedes?
-Nosotros nos enteramos por vía pública que los soviéticos estaban haciendo esa proposición. ¡Y no se había discutido con nosotros! No estábamos en contra de una solución porque lo importante, históricamente, era evitar un conflicto nuclear. Pero los soviéticos tendrían que haberle dicho a los norteamericanos: “hay que discutir con los cubanos”. Carecieron de serenidad y firmeza. Si nosotros hubiéramos participado en las discusiones, quizás las condiciones hubieran mejorado. No hubiera permanecido la base naval de Guantánamo, no se hubieran mantenido los vuelos espías a gran altura. Todo eso nos irritó mucho. Protestamos y aún después del acuerdo seguimos disparando contra los vuelos rasantes y tuvieron que suspenderlos. Nuestras relaciones con los soviéticos se deterioraron. Durante años eso influyó en las relaciones cubano soviéticas.

CHÁVEZ Y EL GOLPE

El 11 de abril de 2002 hubo un golpe de Estado en Caracas contra Chávez, ¿siguió usted aquellos acontecimientos?
-Cuando nos enteramos que la manifestación aquella de la oposición había sido desviada y se acercaba a Miraflores, que había las provocaciones, los tiros, las víctimas, y que algunos altos oficiales se habían amotinado y pronunciado públicamente contra el Presidente, que la guarnición presidencial se ha retirado, y que ya el ejército iba a venir a arrestarlo, yo llamo a Chávez porque sé que se encuentra indefenso y que es un hombre de principios y le digo: “¡No dimitas! ¡No renuncies!”.

¿Usted lo estaba alentando a resistir con las armas en la mano?
-No, al contrario. Eso fue lo que hizo Allende y lo pagó heroicamente con su vida. Chávez tenía tres soluciones: atrincherarse en Miraflores y resistir hasta la muerte; hacer un llamado al pueblo, a la insurrección y desencadenar una guerra civil; o rendirse, sin renunciar, ni dimitir. Nosotros le aconsejamos la tercera, que fue lo que él también había decidido hacer. Porque además, eso lo enseña la historia, todo dirigente popular derrocado en esas circuns-tancias, si no lo matan, el pueblo lo reclama y, más tarde o más temprano, regresa al poder.

Ustedes, en ese momento, ¿trataron de ayudar de alguna manera a Chávez?
Bueno, nosotros sólo podíamos actuar usando los recursos de la diplomacia. Convocamos en plena noche a todos los embajadores acreditados en La Habana, y les propusimos que acompañaran a Felipe (Pérez Roque), nuestro ministro de Relaciones Exteriores, a Caracas para rescatar a Chávez, presidente legítimo de Venezuela. Propusimos mandar dos aviones para traerlo en caso de que los golpistas decidieran enviarlo al exilio. Chávez había sido hecho prisionero por los militares golpistas y se había perdido su rastro. La televisión difundía una y otra vez la noticia de su “dimisión” para desmovilizar a sus partidarios, al pueblo. Pero, en un momento, a Chávez le permiten hacer una llamada telefónica, y puede hablar con su hija María Gabriela. Y le dice que él no ha dimitido, que no ha renunciado. Que es un “presidente arrestado”. Y le pide que difunda esa noticia. La hija tiene entonces la idea audaz de llamarme y me informa. Me confirma que su padre no ha dimitido. Nosotros decidimos entones asumir la defensa de la democracia venezolana, ya que teníamos constancia de que países como Estados Unidos y España –el gobierno de José María Aznar-, que tanto hablan de democracia y tanto critican a Cuba, estaban apoyando el golpe de Estado. Le pedimos a María Gabriela que lo repitiera y grabamos la conversación con Randy Alonso, el conductor del programa Mesa Redonda de la televisión cubana que tuvo una gran repercusión internacional. Además convocamos a toda la prensa extranjera acreditada en Cuba -¡debían ser las cuatro de la madrugada!-, les informamos y les hicimos oír el testimonio de la hija de Chávez. Inmediatamente, la CNN lo transmitió, y en toda Venezuela la noticia se difundió como reguero de pólvora.

Y eso, ¿qué consecuencias tuvo?
-Bueno, eso lo oyeron los militares fieles a Chávez que habían sido engañados con la mentira de la renuncia, y entonces se produce un contacto con un general que está a favor de Chávez. Yo hablo con él por teléfono. Le confirmo que lo que ha dicho la hija es cierto y que ya el mundo entero sabe que Chávez no ha dimitido. Hablo largamente con él, me informa de la situación militar, de qué oficiales superiores están con Chávez y quiénes no. Yo entiendo que nada está perdido, porque las mejores unidades de las Fuerzas Armadas, las más combativas, las mejor entrenadas, estaban a favor de Chávez. Le digo a ese oficial que lo más urgente es saber dónde se encuentra detenido Chávez y enviar allí fuerzas leales a rescatarlo. Me pide entonces que hable con su superior jerárquico, y me lo pasa. Le repito lo que ha firmado la hija de Chávez, y que éste sigue siendo el presidente constitucional. Le recuerdo la lealtad necesaria, le hablo de Bolívar y de la historia de Venezuela… Y ese alto oficial, en un rasgo de patriotismo y de fidelidad a la Constitución, me afirma que si es cierto que Chávez no ha dimitido él sigue siendo fiel al presidente arrestado.

Y en aquel momento aún no se sabe dónde está Chávez, ¿verdad?
-Entretanto, Chávez ha sido conducido a la isla de Orchila. Está incomunicado. El arzobispo de Caracas, Baltazar Porras, lo viene a ver y le aconseja que dimita. “Para evitar una guerra civil”, le dice. Le hace un chantaje humanitario. Le pide que escriba una carta diciendo que dimite. Chávez no sabe lo que está pasando en Caracas, ni en el país. Ya han intentado fusilarlo, pero el pelotón de soldados se ha negado y ha amenazado con amotinarse. Muchos de los militares que custodian a Chávez están dispuestos a defenderlo y a evitar que lo asesinen. Chávez trata de ganar tiempo con el obispo. Hace bo-rradores de una declaración. Teme que una vez la carta escrita, se las arreglen para eliminarlo. No piensa renunciar. Declara que tendrán que matarlo antes. Y que no habrá entonces solución constitucional.

¿Entretanto ustedes seguían con la intención de enviar aviones a rescatarlo para llevarlo al exilio?
-No, después de esa conversación con los generales venezolanos, cambiamos de plan. Suspendimos la proposición de Felipe de viajar con los embajadores a Caracas. Es más, en un momento nos llega el rumor de que los golpistas están proponiendo expulsar a Chávez hacia Cuba. Y nosotros inmediatamente anunciamos que si mandan a Chávez para aquí, lo reenviamos para Venezuela por el primer avión.

¿Cómo regresa Chávez al poder?
Bueno, en un momento, se produce de nuevo un contacto con el primer general con al que yo había hablado y me informa que ya han localizado a Chávez, que está en la isla de Orhila. Conversamos sobre la mejor manera de rescatarlo; con mucho respeto le aconsejo tres cosas fundamentales: discreción, eficacia y fuerza muy superior. Los paracaidistas de la base de Maracay, la mejor unidad de las Fuerzas Armadas venezolanas, fiel a Chávez, se encargan del rescate. Entretanto, en Caracas, el pueblo está movi-lizado pidiendo que vuelva Chávez, la guardia presidencial ha vuelto a recuperar Miraflores y también exige el regreso del presidente. Procede a la expulsión de los golpistas del palacio. El propio Pedro Carmona, presidente de la patronal y brevísimo Presidente usurpador de Venezuela, casi es arrestado allí mismo en el palacio. Por fin, ya de madrugada, el 14 de abril de 2002, es rescatado por los militares fieles, Chávez llega a Miraflores en medio de una apoteosis popular. Yo casi no dormí en esos dos días que duró el golpe de Caracas, pero valió la pena ver cómo un pueblo y también unos militares patriotas defendieron la legalidad. No se repitió la tragedia de Chile de 1973.

RETIRO Y RAÚL

¿Ha pensado en retirarse?
-Mire, sabemos que el tiempo pasa y que la energía humana se agota, pero le voy a decir lo que les dije a los compañeros de la Asamblea Nacional el 6 de marzo de 2003 cuando me reeligieron presidente del consejo de Estado. Les dije: “ ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida”. Les prometí estar con ellos, si así lo deseaban, todo el tiempo que fuera necesario, mientras tuviera conciencia de ser útil, ni un minuto menos, ni un segundo más. Cada año, creo, le dedico más tiempo a la revolución. Porque uno tiene mayor experiencia, ha medi-tado más, ha reflexionado más. Platón dijo en su libro La República que la edad ideal para ocupar cargos de gobierno es después de los 55 años. Me imagino que 55 años en la época de Platón vienen a ser algo como 80 años de hoy… Usted me pregunta cuánto tiempo voy a estar yo. Le digo la verdad, eso debe decidirlo la Asamblea Nacional en nombre del pueblo. Eso debe decidirlo el pueblo.

En varios discursos y entrevistas usted ha tocado la cuestión de lo que ocurrirá en Cuba el día que usted no dirija este país. ¿Cómo ve el porvenir de Cuba sin Fidel Castro?
-Voy a tratar de ser breve sobre eso. Ya le conté de los planes de eliminación física de la CIA. Al principio mi papel era más decisivo porque había que librar una batalla de ideas muy importante: había que persuadir mucho. … En aquellos días, claro, yo me daba cuenta de lo que podía significar el atentado, entonces, planteé la cuestión de sucesión. (…) A mi juicio, y lo puedo reiterar, la persona que tenía más autoridad, más experiencia y más capacidad para ejercer el papel de sucederme era Raúl. (…) Es la persona que hoy tiene el máximo de autoridad y la gente tiene una gran confianza de él.

¿Entonces, si usted por cualquier circunstancia, desaparece, Raúl sería su sucesor indiscutible?
-Si a mi me pasa algo mañana, con toda seguridad se reúne la Asamblea Nacional y lo eligen a él, no le quepa la menor duda. (…) Pero él ya me va alcanzando en años, es un problema más bien generacional. (…)
Es decir que usted piensa que su verdadero sustituto, más allá de Raúl, sería más bien la generación actual.
-Sí. (…)No sabe cuánto talento, cuánto genio hay en el pueblo. Yo albergo la teoría de que el genio es común, sino es para una cosa, es para otra. Ahora, educa y desarrolla a una sociedad completa -eso es lo que estamos haciendo- y veremos lo que da. Yo tengo mucha esperanza porque veo con claridad que esto, que yo llamo la cuarta generación, va a tener tres o cuatro veces más conocimientos que nosotros, los de la primera. (…) Fíjese lo que le voy a decir: vendrán más personas a ver el desarrollo social de este país que a ver sus playas. Este país puede aportar el personal que necesitan las Naciones Unidas para liquidar el SIDA en África. Hoy eso no se puede hacer sin los médicos cubanos. Usted no reúne en Europa y en Estados Unidos los médicos que van donde están nuestros médicos. Nosotros le ofrecimos a Naciones Unidas 4 mil médicos. Eso produce cierta satisfacción, en ese país bloqueado, en este país que ha sufrido más de 40 años de bloqueo y más de 10 años de “período especial”. Tenemos capital humano y el capital humano no se crea con egoísmo ni estimulando el individualismo.

¿El proceso revolucionario, socialista, puede derrumbarse en Cuba?
-¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? Yo me he hecho a menudo esas preguntas y mire lo que le digo. Los yankis no pueden destruir este proceso revolucionario porque tenemos todo un pueblo que ha aprendido a manejar armas, un pueblo que, a pesar de nuestros errores, posee tal nivel de cultura y conocimientos que jamás permitiría que este país vuelva a ser una colonia de ellos. Pero este país puede autodestruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirse. Nosotros podemos destruirla y sería culpa nuestra. Si no somos capaces de corregir nuestros errores, si no conseguimos poner fin a muchos vicios a muchos robos (…). Por eso estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad. Hay que volver a cambiar porque tuvimos tiempos muy difíciles, y se crearon desigualdades e injusticias y lo vamos a cambiar sin cometer el más mínimo abuso. Habrá participación cada vez mayor y seremos el pueblo que tendrá una cultura general e integral. Martí dijo :” ser cultos es el único modo de ser libres”, y sin cultura no hay libertad posible, Ramonet.