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Tu documento “Algunas consideraciones sobre el derecho penal de bombas” se encontró en un pendrive y está incluido en el auto de procesamiento de Francisco Solar y Mónica Caballero en España. ¿Cómo llegó a sus manos?
Es un capítulo de mi tesis de Magíster en Derecho Penal, que se centraba en la asociación ilícita terrorista. Dentro de eso estaba el tema, bien candente entonces, sobre el tipo penal adecuado para la colocación de bombas. Se publicó en los dos principales sitios de contra información: Hommodolars y Metiendo Ruido.

Ellos se conocieron durante el caso bombas. Paradójico que de ahí naciera un amor.
Sí, se podría decir que el Estado los juntó. No se conocían, a pesar de que se les acusaba de ser parte de una asociación ilícita.

Pidieron permiso para casarse. Raro viniendo de una pareja de anarquistas, ¿no?
No sé qué beneficios les reporte casarse, tal vez la posibilidad de visitarse que hoy no tienen. Como dice el personaje de la película Lucio: “Me casé porque soy anarquista y hago lo que quiero”.

¿Te sorprendió que los hayan tomado presos?
Sí. Pero siempre pensé que aunque se fueran la policía iba a estar encima de ellos. Pasaron a formar parte de la lista de los sospechosos de siempre.

Bombas fétidas

En ese texto partes hablando de las bombas en la cultura pop: la bomba ACME, al “maguito explosivo” de 31 Minutos, las bombas de agua y de olor. Se te olvidó la peor: la Bomba 4. ¿Por qué es importante ese recuento?
Para desdramatizar el debate, porque hay un nivel de histeria impresionante. Una bomba se puede ocupar para un montón de cosas: las de humo para capear clases, otras para la minería. Pero hay un fetichismo del artefacto. La policía habla de bombas “del tipo terrorista”. Las que se usan para robar los cajeros automáticos son más dañinas y numerosas que las anti sistémicas -280 solo este año v/s 200 desde 2005-, sin embargo se les persigue con menos fuerza. Si se llevan la plata es robo en lugar no habitado y si no, es delito terrorista.

¿Por qué se les sataniza?
Porque tienen objetivos abiertamente políticos. Y su destrucción es contra símbolos del poder. Los ladrones, en cambio, le rinden tributo al valor central de la sociedad capitalista.

¿Lo del Subcentro califica como un acto terrorista?
En principio diría que sí. Aunque esas bombas son precarias y tal vez estalló antes de lo presupuestado, o alguien la movió, como en el barrio Yungay.

Es interesante el debate en el mundo anarquista sobre la legitimidad de ese ataque.
Nadie sostiene que esté bien atentar contra civiles. El sector “antisocial” ve al ciudadano como una cuestión despreciable, un sostén pasivo del sistema. También hay anarquistas nihilistas, que están por la negación violenta “de todo lo existente”. Pero ni ellos han propuesto poner bombas en el metro. A lo más blancos como burgueses, curas o carabineros; símbolos del poder.

¿Tú crees que si hubieran puesto una bomba en un desayuno de la Enade, por ejemplo, se habría entendido más?
Sí. La venganza contra dominadores nunca ha caído mal en el mundo anarquista. Pero no se han dedicado a eso.

¿Qué te pareció la reivindicación?
Llegó tan tarde y fue tan rara que nadie la tomó en serio. La mayoría en el mundo libertario cree que no fue una acción anarquista. Hay hipótesis que dicen que pueden haber sido grupos de extrema derecha, la inteligencia policial o algún imbécil dentro del movimiento, que también hay.

¿Cómo ves el escenario para los detenidos?
La fiscalía dice que era “una célula hermética, acotada e inorgánica”. Qué es eso… Lo único que tienen es un sospechoso: Juan Flores. Nataly Casanova es su pareja y Guillermo Durán estaba carreteando en el lugar equivocado. Cuando van a buscar a un sospechoso y salen con tres, me parece que es una desmesura. La fiscalía, a pesar de tantas derrotas, sigue sin comprender el fenómeno que está persiguiendo. En el caso bombas también hablaban de pruebas científicas, pero todas eran decisiones políticas.

Sergio Landskron fue la primera víctima aleatoria de estas bombas y a nadie pareció importarle mucho.
Eso muestra la hipocresía de la histeria antiterrorista. Como él no era un ciudadano modelo, sino que el voladito del barrio, entonces, silencio. Además no fue en Escuela Militar, sino en el barrio Yungay.

Las bombas reivindicadas por grupos anti sistémicos pretenden romper con el orden social y combatir al Estado y al capitalismo. ¿Crees que logran su objetivo?
Son expresiones simbólicas de malestar frente a lo que les gustaría que dejara de existir. Los bombazos no son contra los cajeros automáticos, son contra el sistema bancario. Y no les interesa ganar simpatías. Así que son eficaces en sus propios términos.

La franja negra

En los años 90 participaste de la rearticulación del anarquismo en Chile. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue un movimiento que se opuso a la transición y reconstruyó la parte del espectro político de más a la izquierda; la franja negra. No había libros sobre anarquismo, sino que llegaba por el punk, por las letras de La Polla Records. Yo participaba de un colectivo en la Escuela de Derecho de la U. de Chile influenciado por el surrealismo: Cadáver Exquisito. En 1992 ya había una Coordinadora Anarquista Estudiantil. Empezó a crecer el vegetarianismo, el hardcore punk, los sellos independientes, las casas okupa.

¿Qué los definía?
Entendíamos la democracia como una forma de dominación más opresiva y profunda que la dictadura, porque se legitimaba. La violencia política no es el elemento definitorio del anarquismo, aunque existía y se asumía naturalmente.

¿Cómo ha evolucionado ese mundo?
Hay un informe de la Dipolcar sobre la escena anarco libertaria que dice que se ha construido en la interacción de tres generaciones. Los más antiguos son personas que ahora tienen más de 40 y que fueron marxistas en los 80.

Cómo tú.
Claro. Y dicen que hay una generación intermedia, que serían anarquistas más puros, de 30 años, con estudios universitarios. Y la más juvenil, masiva e influenciable. Dicen que internet, las casa okupa y “colectivos” han generado este crecimiento.

Eso es lo que se criminaliza.
Claro, todo ese ambiente y cualquier persona que haya pululado por ahí. Y por eso su interés por los más viejos.

¿Por qué te desencantaste?
Porque era algo casi religioso, había un recetario que aplicar. Yo quería plantear la necesidad de una síntesis entre el marxismo y el anarquismo, pero no se aceptaba. Algo parecido me pasaba con la música: tenías que ser hardcore o punk. Yo ya no era un adolescente y decía, puta, hablemos las hueás en serio; estas son definiciones importantes respecto de lo que uno quiere hacer con el mundo. Y no se trataba de ponerse a discutir si uno tenía más libros de Marx o de Bakunin, o si te rapabas o te dejabas un mohicano.

¿Cómo te defines políticamente hoy?
Creo en la sociedad sin clases, que por lo mismo no necesita Estado. Eso es el comunismo bien entendido. Pero cuando digo esa palabra la gente piensa en Guillermo Teillier. Para hacerla corta, soy anticapitalista y libertario. Hermano de los anarquistas viniendo de la familia marxista.

¿Qué te parece la participación del PC en el gobierno?
Consistente con lo que siempre ha buscado: formar parte del sistema. Es un partido social demócrata de izquierda.

¿No es un poco anticuado hablar de marxismo?
El marxismo no tiene que ver con el movimiento de los obreros fabriles de hace 50 años, sino con la vida cotidiana de hoy, su radical pérdida de sentido y la mercantilización de todo. Decir “clase media” es no reconocer que el 90% de la población es asalariada. Yo tengo amigos que dicen que hay que asumir que uno también es burgués. Ya. ¿En qué sentido? Yo no tengo acciones, no exploto a nadie. Anda a decirle a los de la Enade que tú también eres burgués y se van a cagar de la risa. Hay una culpa judeo cristiana ahí, por no ser un ultra explotado.

Mata pacos

¿Qué busca el anarquismo hoy?
Se rebela frente al mundo administrado y reivindica la capacidad del individuo de auto determinarse. Como hemos vivido siempre en el capitalismo, cuesta imaginarse que haya una alternativa. Pero el anarquismo cree que es posible y deseable una organización social diferente.

¿Cómo?
La vida después del capitalismo tendría que explicarse desde la radical desmercantilización del mundo, que recién permitiría una racionalización de las decisiones políticas: qué producir, cuánto trabajar, qué tecnologías usar. Es post democrático, se concibe solo a nivel de comunidades auto organizadas.

Se puede ver que en el día a día, los anarquistas tratan de vivir como quieren que sea el mundo: comunitariamente, sin jerarquías, con autogestión, música y literatura.
La “propaganda por el hecho” no es sólo poner bombas, sino que mostrar haciendo. Es una forma de acción que en realidad es diferente a todo lo demás. Hasta antes del caso bombas era bastante visible, pero eso lo clandestinizó. De todas maneras los centros sociales siguen siendo importantes y en general son libres de humo y alcohol, para no usar la energía carreteando.

Se entiende ahí el sentido de comunidad que se genera y la reivindicación que hacen de sus compañeros caídos, como el Punky Maury (Mauricio Morales) o Sebastián “Angry” Oversluij, asesinado hace un año durante el asalto a una sucursal de BancoEstado.
Morir combatiendo al sistema cala bastante hondo. Sebastián cantaba hip hop, no tomaba, no fumaba, era súper serio y determinado. Y murió. Lo que genera un montón de respeto.

¿Qué me dices de la acción de Tamara Sol Farías Vergara –sobrina de los Vergara Toledo-, que mató a un guardia de BancoEstado después de lo de Oversluij?
No conozco su versión. Pero a simple vista podría entrar en la lógica de los anarquistas que vengan a otros. Hay una tradición. A todo el ambiente le parece que la muerte del Angry es bien rara y los impresionó mucho: que hubiera un guardia con entrenamiento militar, cómo se ensañó con él, que la televisión lo mostrara muriendo.

¿Pero matar a un guardia o carabinero es una acción aceptada por la mayoría de los anarquistas?
Se entiende como una dinámica de guerra. Los jóvenes subversivos saben que si la policía los mata, eso está legitimado. Las bajas en el enemigo se ven como compensaciones por las que ha sufrido el movimiento social. Al carabinero que mató en una protesta a Manuel Gutiérrez, un cabro de 16 años, le dieron tres años y 60 días de libertad vigilada. A los Security, por asaltar un banco –o expropiarle a los expropiadores- y agarrarse a balazos con unos pacos, les dieron entre 14 y 42 años.

Estamos en semanas que se han denominado “de agitación y solidaridad anticarcelaria”, recordando a Oversluij, a los muertos en la cárcel de San Miguel y el inicio del juicio de Tamara. ¿Crees que el ataque al cuartel de la PDI se enmarca en eso?
Si fue una acción bien hecha, podría ser. Pero no lo sabemos aún y existen dudas.

Fuiste de los que se quedó esperando en el aeropuerto a Alfredo M. Bonanno, ideólogo del anarquismo insurreccionalista al que se le prohibió la entrada al país. ¿Por qué estabas ahí?
Como podía tener problemas para entrar, amigos anarquistas me pidieron ir como abogado. Lo esperamos, fui a preguntar a policía internacional, anotaron mis datos y me dijeron que ya estaba embarcado de vuelta. Después salió una nota en La Segunda con mi nombre y lugar de trabajo. Además pusieron justo una imagen donde me estaba escarbando la nariz, ja.

Pff. Estás fichado.
En el caso bombas había fotos mías tomando la micro y en un montaje con un weón que no conozco.

Una vez ibas por la calle con tu hijo en brazos y te gritaron “te va a explotar la guagua”.
El caso bombas fue impresionante para el imaginario nacional y pasaban ese tipo de cosas. Y eso que yo me preocupé de no salir tanto en la tele como algunos colegas.