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“Yo soy el Loco Soto”, dice el pastor evangélico que por estos días hizo noticia por su rabioso actuar en el Congreso, donde irrumpió luego de que se votara la idea de legislar el acuerdo de Vida en Pareja, situación que terminó con un forcejeo con el presidente de RN, Cristián Monckeberg.

Javier Soto Chacón, de 40 años, vive una cruzada personal contra los homosexuales.

En conversación con La Segunda, Soto dice que es un elegido, “un predicador callejero que tiene que alzar la voz para ser escuchado”.

Según él, lo hace por los niños… “una cosa son los homosexuales y su vida en pecado, pero otra es que todo eso llegue a los niños ¡¡Nunca lo permitiré!!”, asegura.

Sostiene que su conducta no es rabiosa, sino que es una misión, una cruzada para preservar a la familia.

“Haré lo que sea necesario para evitar que se contamine. Mi pelea es contra el gobierno y los homosexuales- y cita pasajes del Antiguo Testamento. Romanos, versículo 24: “Deshonraron sus propios cuerpos y Dios los entregó a la inmundicia”.

El 4 de noviembre de 1998 Soto se hizo evangélico, narra La Segunda, y Al tiempo, en circunstancias que no detalla, se hizo pastor.

“Los que dicen que no soy pastor, no tienen idea de nada”, responde, serio, y corta el tema.

Volviendo sobre su cruzada anti-gay, dice que la conducta homosexual da asco, “porque van contra Dios”. “Y dan pena. Habitan las tinieblas”. Luis Larraín, opina, es un buen ser humano capturado por las tinieblas. Pablo Simonetti es un hombre bien educado que lamentablemente se radicó en la oscuridad. Y Rolando Jiménez es un hijo del diablo porque “defiende a los pedófilos. Ha dicho que la pedofilia no es un delito, sino una enfermedad”.

El pastor cuenta que una oportunidad se infiltró en una fiesta progresista, y que allí “estaba Satanás”.

Asegura que no está desquicidado, que no clauidicará, que si está loco. “Algunos me dicen el Loco Soto. Pero está escrito: “…y predicarás la Palabra con locura”. Soy un loco en Cristo”.