jovino novoa A1

Si hasta hace poco más de un año, en plena recta final de las campañas presidencial y parlamentaria, a la plana gerencial de PENTA le sobraban amigos, testaferros y aduladores de profesión dentro de la derecha política chilena, hoy, la situación parece ser diametralmente opuesta. Y es que parafraseando a las escrituras, a través de los medios de comunicación hemos presenciado cómo, sus otrora grandes amigos y discípulos, o han huido dejándoles solos, o los han negado, no sólo una, sino dos o tres veces.

Porque tal y como lo hiciera Pedro en su tiempo, varios personeros UDI han ocupado la misma escalada de declaraciones del apóstol, para eximirse de responsabilidad en el hecho que investiga la Justicia y que involucraría financiamiento ilegal de campañas electorales. Comenzando con un “No sé lo que dices”; pasando a un “No conozco al hombre”; y rematando en un airado “Maldita sea!, te juro que no le conozco”, dirigentes del Partido, Senadores, y candidatos derrotados devenidos en integrantes del Tribunal Constitucional, entre otros, han buscado deslindar responsabilidades por la vía de la emulación del prócer ecleciástico. Y solamente cuando nada de ello ha dado resultado, cuando los porfiados hechos han apuntado con claridad absoluta a la responsabilidad al menos política de dichos personeros, ha sido en ese momento y sólo en ese momento, cuando el mencionado Partido ha pedido disculpas ante la ciudadanía por los errores, “involuntarios” o no, cometidos en su relación con la empresa.

Convengamos que este escándalo sería una situación difícil de enfrentar para cualquier partido, pero que adquiere ribetes especialmente espinosos cuando el involucrado es una tienda como la UDI, que se ha autoasignado ilegítimamente, un cierto rol de reserva moral del país, y cuya configuración centralista democrática (o francamente “leninista”) hace que sea difícil creer que sus líderes históricos y sus dirigentes nacionales, no hayan tenido conocimiento de la operación a gran escala llevada a cabo entre el Partido y Penta.

Qué hacer entonces. ¿Negar la negación? ¿Negar la negación de la negación? O bien ¿negar la negación de la negación negada? Y así sucesivamente en una infinita y a la vez infructuosa espiral recursiva. Obviamente la respuesta a esta interrogante debe implicar romper aquel círculo vicioso. Hacer cumplir la Ley, permitir que actúe la Justicia, y aprovechar la ventana de oportunidades que ha abierto el escándalo “Pentagate” en orden a generar una política pública que asegure el financiamiento fiscal de la actividad política en general y de las campañas electorales en particular. Un financiamiento que le posibilite a todos los sectores, dar a conocer sus propuestas a través de medios similares. Poner fin a los aportes reservados que reciben montescos y capuletos, así como un punto final a las elusiones que nos han llevado a la situación actual, y sobre todo, legislar con miras a alcanzar que la diversidad política existente en Chile se vea reflejada de manera real en el Congreso Nacional, sin pisos censitarios de ningún tipo.

*Doctor en Gobierno y Adm. Pública