pascuala ilabaca alvaro peña

Este miércoles desde las 21:00 se podrá escuchar en vivo el concierto de piano a cuatro manos de Pascuala Ilabaca y Álvaro Peña, “el primer punk chileno” a través de Radio Ritoque. Se trata de una especie de homenaje o recepción al músico de 71 años que hoy vive en Alemania, pero que ha seguido visitando el país constantemente. El mito de Peña, el autor de Drinking my own sperm (Bebiendo mi propia esperma) se alimenta con su paso por Londres, donde llegó tras el Golpe de Estado y donde vivió en una casa okupa con Joe Strummer. Ambos formaron una banda previa a The Clash, llamada The 101’ers.

Antes de eso, en Valparaíso, Peña intentaba aprender a tocar el paino. Pascuala Ilabaca tenía 7 años y estudiaba el mismo instrumento. Sus padres, también artistas, invitaban a Peña para que usara el piano de la casa. Ahí Pascuala se sentaba junto a él en las tardes, tomaban once y tocaban juntos. Hoy, más de 20 años después, se vuelven a encontrar en la misma ciudad para mezclar sus estilos y rendirle culto a la carrera de Peña; o, como dice Ilabaca “para hacerle un cariño”.

¿Cómo es esta relación que tienes con Álvaro?
Mis papás se vinculaban con artistas y lo conocían. Le prestaban el piano de la casa para que ensayara sus canciones y ahí yo me sentaba con él en las tardes. Los primeros conciertos que hizo el Álvaro a la vuelta de Europa, me acuerdo de uno emblemático que hizo en el Teatro Municipal de Viña a cortina cerrada, con la gente adentro del escenario. Ahí toqué con él muchos solos de las canciones o acompañamientos a cuatro manos. Entonces para mí fue una influencia desde chica. Yo que en ese momento estudiaba música clásica en el Conservatorio de la Católica y por otra parte tenía a este viejo punk ensayando en la casa. Entonces ese contraste yo creo que hizo mucho del músico que yo soy hoy día.

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Además le hiciste un tributo junto con Violeta Parra, Víctor Jara y Gabriela Mistral.
Después de la conmemoración de los 40 años me pedían que fuera, por ejemplo, a la conmemoración de la muerte de Víctor Jara . Y en todos esos momentos la gente pedía siempre los temas más comunes, y yo motivada por también dar una visión como artista, una visión más creativa, no estrictamente política sino de la política vinculada al arte, preparé este disco que es Me saco el sombrero que lo lancé el año pasado en el festival BarnaSants de canción de autor de Barcelona. Entonces ahí quise poner a Álvaro también como un gesto de reconocer en vida a un compositor y no en muerte. También como una persona que no cupo dentro de la estrechez de nuestro territorio y finalmente terminó perdiendo la nacionalidad chilena, y tuvo que irse a vivir a otro lado para poder hacer su arte libre y alternativo a lo que es el mercado de la música nacional que es super estrecho.

¿Cómo influyen en ti tu educación musical académica y la de este “viejo punk”, como dices tú?
Yo siento que es también como una dualidad que viven todos los músicos que se acercan a estudiar música, porque al final la música popular es en lo que nosotros vivimos. Tu sales a la calle y siempre vas a estar vinculado a la música popular, no así con la música clásica o docta. En el fondo cuando uno se decide a estudiar música te decides a entrar en un mundo desconocido que es la música docta. Y poder agarrar esas herramientas para seguir dentro del mundo de la música popular en mi caso. Me sirvió mucho haber estudiado en el sentido de abrir la perspectiva para mirar a la música, o tener herramientas. Pero personalmente siento que he desarrollado un estilo que es la fusión, que es el worldbeat, la música del mundo o de todos lados traídos a esta época. Es como el estilo que representa mi música. En Chile no se habla mucho del worldbeat.

¿Por qué?
Porque el mercado de la música es bastante limitado en ese sentido, se habla de folklore y de pop, pero en el fondo esa es la estética que yo he he ido encontrando, del wordlbeat. Que es la música que vi en la India, o mi interés por la música carnaval, haber ido a carnavales de Bolivia, de México, de Brasil, de Chile en La Tirana. Toda esa mezcla de culturas populares y también mezclando con la música que yo escucho, como el jazz u otras culturas que también llegan a mí desde occidente y que no tienen nada que ver con mi cultura tradicional.

pascuala ilabaca alvaro peña - gentileza daniel guzman (2)

¿Cómo has canalizado la influencia de Álvaro, del punk, que es muy distinto a lo que haces?
Yo creo que Álvaro me afectó bastante en la armonía, que es una armonía simple, pero con harta profundidad y en el texto. Porque Álvaro tiene muchos textos muy buenos. Yo en ese sentido lo comparo, no sé, con John Lennon o alguien así. Los temas super profundos, como el abandono. Por ejemplo la canción que yo canto de él en el disco es Látigo de la indiferencia, y son temas de cómo se puede sentir un chileno exiliado con otros chilenos en Europa o la frialdad que transforma a las personas cuando están en un trauma amoroso. Esos temas yo nunca los había escuchado en una canción. En ese sentido Álvaro se inclina a tocar estos temas sensibles con mucha simpleza, como esa poesía: “Valparaíso me aplasta, me aplasta, y me va a convertir en plasta”. Es como un haiku que en el fondo tiene mucho de razón.

¿En qué sentido?
Todo este espíritu depresivo, quejumbroso porteño está super bien resumido en ese haiku. Y con mucho humor también, no siendo una música pesada, sino que siendo también un chiste. Entonces me gusta eso. Bueno y este año 2014 hice un tour de 60 conciertos por Europa y tuve la oportunidad de tocar en Londres y conectarme con el Álvaro, que es su paisaje, el Londres de los años ’70. Imaginarme la vida que puede haber llevado ahí.

Hablabas de la política con el arte. ¿Qué tipo de relación tienen hoy día?
Ahora en Valparaíso estamos viviendo como la explosión del volcán. También tiene que ver con el retorno de Bachelet al gobierno. Toda la gente tiene una idea de cómo le gustaría hacer las cosas y estamos en un momento de cambios políticos. Se han aprobado un montón de leyes, que en el fondo abren el espacio para repensar o replantear la política nacional y por otra parte siguen existiendo los mismos vicios. En el caso de Valparaíso, donde tenemos una municipalidad que ha sido una mafia durante decenas de años. Entonces por una parte se ve la posibilidad de una nueva mirada, de abrirse a ciertos cambios y por otra parte se ve que siguen existiendo los mismos vicios que al final generan que toda esa energía que podía ser creativa y nueva se estanque. Y sigue funcionando la ciudad bajo los mismos criterios viciados que hay, de robarse la plata, de que al final todas las impresiones en la ciudad no están bien dirigidas.