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Realizado a partir de 50.000 documentos y fotografías recogidas en cárceles, comisarías, institutos forenses, diarios, redes sociales, y escasas entrevistas con los internos, el trabajo de dos Santos fue adoptado oficialmente en el estado de Bahía para apoyar las investigaciones de la policía militar. “La principal información lamentablemente no vino de los propios presos. Existe un fuerte código de silencio. Los resultados surgieron más bien con la comparación de datos”, dijo a la BBC Mundo.

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Según el policía, “hemos detallado el significado de 36 imágenes asociadas a delitos específicos”, muchas de las que se repiten en todo el país e incluso en bandas de otros lugares de Sudamérica, “Estados Unidos, Rusia y partes de Europa”.

Entre los símbolos identificados están los payasos (asociados con robo y muerte de policías), magos o duendes (comunes entre los traficantes), personajes infantiles como el “Demonio de Tasmania” (ladrones que actúan en grupo), y el “Correcaminos” o su variante “Speedy González”, utilizado según el hombre por criminales que utilizan motocicletas para transportar drogas. A ese nivel de especificidad.

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Sobre su método, dos Santos indicó que, por ejemplo, “seleccionamos a todos los prisioneros que tenían un tatuaje de Joker y analizamos sus sentencias. Encontramos un patrón claro en sus delitos”. El resultado, dice el uniformado, dio cuenta de “robo y participación en la muerte de un policía”.

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“Los portadores de este tatuaje muestran frialdad y desprecio por la propia vida”, asegura el capitán, para quien “la mayoría parece absorber las características de este personaje: insano, sarcástico, con una vida loca. Por lo general no se entregan fácilmente y se dedican a la violencia”.

Consultado sobre la estigmatización que podría generar su trabajo, responde que los ciudadanos “nunca podrán ser abordados únicamente por los tatuajes” que se describe. “Nuestro objetivo no es discriminar a personas tatuadas. Eso discriminaría al propio ser humano ya que el tatuaje se ha utilizado durante mucho tiempo como una forma de expresión”, asegura dos Santos.

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El policía, quien se ha trasformado en una celebridad en Brasil, plantea que de hecho su estudio ya sirve, día a día, “como una herramienta para facilitar el trabajo de reconocimiento de sospechosos”.

Otro códigos

Además de las imágenes de personajes, los gráficos, como puntos tatuados en las manos, también podrían estar vinculados a delitos, según el investigador.

Un punto negro, dice que indica “carteristas”, dos puntos verticales “violación”. Tres puntos, en forma de pirámide, apuntan a un vínculo con drogas. Lo curioso, explica, es que la divulgación del código no inhibe a los sospechosos a realizarse nuevos tatuajes, sino que refuerza su pertenencia a los supuestos grupos criminales.

“Sorprendentemente, en lugar de los sospechosos dejen de usar la imagen que se asocia a la práctica de un delito, lo que percibimos es la lógica inversa: cuanto más tienen consciencia de que la policía conoce sus códigos, más frecuentemente usan las imágenes. Es una especie de reto”, concluye.