Tomás-Aguirre-foto-Agencia-uno

“El día de la erupción del volcán no tuvimos tiempo para guardar nada. Estaba terminando la jornada en el restorán cuando, sin aviso, sentimos el remezón y el ruido. Empezó a caer el material y todos salimos arrancando a Cascadas. El local soportó bien eso, pero no la segunda erupción, donde la cantidad de material que tiró fue tres o cuatro veces más. Se fueron acumulando más de 10 toneladas en el techo, hasta que se vino todo abajo. Soportó lo más que pudo, pero no se le podía pedir más.

Al otro día nos levantamos como a las 5 de la mañana para ver cómo estaba. Logramos superar la obstrucción que tenía carabineros como a las 12 y de ahí tuvimos que pasar otro control. No dejaban pasar ninguna cuestión, la gente estaba un poco desesperada. Recién como a las 5 de la tarde estábamos acá y vimos el restorán caído. Era pérdida total.

Ahí uno no piensa nada, lo único es dónde y cómo están los animales. El perro estaba bien y a los caballos los encontré hace poco. Todo lo demás se perdió. Yo tenía además como 72 gallinas, pero no tiene importancia. Ya no quiero ni hablar de eso. Aquí hubo hartas pérdidas, lo bueno es que no fueron vidas humanas.

La verdad es que todo lo ocurrido está tan reciente que ya no dimensionas. Hay una especie de normalidad de estar viendo el volcán ahí humeando. Solo estamos preocupados porque sabemos que si viene la lluvia va a quedar la escoba. Yo estoy sacando material como loco ya que, si no se saca, va a perjudicar los cimientos de lo que está en pie. Ya no tenemos horarios, paleamos hasta que no damos más. Yo parto como un cuarto para las 5 a trabajar, está oscuro y cuando ya mis brazos no me dan más me voy a descansar, además que no sacó nada con irme a dormir. Creo que estoy durmiendo un promedio de 2 y 3 horas diarias desde que pasó esta cuestión. Además, te acostái trabajando. Tú sentís cómo tus músculos se mueven como si siguieran paleando.

Ayer, con ayuda de unas 20 personas, movimos aproximadamente unos diez metros cuadrados en mi casa, que deben ser unas cinco camionadas. Con relación a lo que hay no alcanza a ser el 1%. Te estoy hablando solamente de aquí de la propiedad de nosotros. Si cuando el ministro habla de 280 mil millones de metros cuadrados yo creo que se anduvo quedando corto. Yo cacho que él midió solamente las arenas que estaban en el volcán, porque las arenas que vienen para acá y el material que hay para acá yo creo que es mucho más, yo creo que es el doble de lo que dijo.

Respecto al gobierno no tengo nada que decir. Han ido bien de acuerdo a como se ha dado esta situación. Lo que sí, yo siempre he tenido la idea de que cuando uno declara estado de emergencia es para quitar la burocracia. Eso parece que no lo entienden. Igual hay que hacer el papelito blanco, el papelito amarillo y después lo lleva a esta ventanilla y a esta otra. Creo que hubo dos días muertos donde las autoridades pudieron haber mandado al tiro camiones de militares con palas y carretillas. Es demasiada burocracia para algo que está latente y visible.

Ahora, de que se están haciendo las cosas, se están haciendo súper. El ejército ha trabajado y ha ayudado a los pobladores a sacar material. Siempre va a faltar más personal, porque hay una sensación de urgencia de la gente, que siente que cada día que pasa es un día perdido. Esta sensación quizás es un poco engañosa respecto a lo que se está haciendo. Aquí se ha avanzado harto, de hecho la carretera ya está limpia y ahora hay que sacar el material que está en los pasajes. Entonces, si tratas de echar un paso atrás y lo ves con perspectiva, se está haciendo lo que se tiene que hacer y en los tiempos que se dan.

Hay mucha gente que se está devolviendo a sus refugios, pero yo me estoy quedando en mi casa. Por una parte, porque aquí están abriendo muy tarde los accesos, como a las 8 o 9 de la mañana para ingresar y a las 4 tenís que irte, no alcanzas a hacer nada. Estando acá, como aparte no duermo mucho, yo empiezo a trabajar a las 5 y media y de ahí le doy hasta que me canse. Ayer trabajé como hasta las 8 de la noche y de ahí me voy raja. Me pego una ducha y no contesto ni el teléfono.

La otra razón por la que me quedo es porque han estado apareciendo robos. Debiera existir la pena de muerte todavía ya que, está bien, hay delincuentes que lo hacen por necesidad y todo el asunto. Pero el hueón que le roba a un poblador al que se le ha caído la casa, donde muchas veces es temporero o le pagan por día y el bien más preciado que tiene puede ser la tele, y llega y se lleva los tenedores, los cuchillos, las cucharas, el colchón… Merece un tiro donde lo encuentren. Ese tipo es tan despreciable como el peor de los torturadores en el régimen militar, por lo que si llegan a pillar a alguien robando hay que lincharlo y sin asco. La amenaza ya está.

Respecto al restorán, se hicieron los trámites para ver el tema del seguro, pero no podemos estar esperando a que se digne el señor liquidador a venir a tomar las fotos, porque pronto vendrá la maquinaria a sacar toda esta cuestión que está en peligro. Si no llega antes de eso, va a tener que sacar las fotografías de la prensa nomás.

El Bombón Oriental se conoce, se sabe que es el mejor que hay aquí en la zona o uno de los mejores. Nos llegan fotografías y banderas de regalo y los guías de turismo se han portado súper bien y han venido a ayudar. Ahora, el tema acá es que nadie construyó el restorán en un día. Cuando yo hablo de 25 años de vida del restorán, son 25 años de inversión, trabajo, cambios y ampliaciones. A lápiz grueso, solamente en el local, calculamos que son más de 300 millones de pesos en pérdidas. Entonces, si yo me pongo a sacar cuentas y a ver más cuestiones, me voy a poner a llorar.

Aquí está la fuerza y la energía para salir adelante, al ver el restorán caído nosotros nunca hemos pensado en algo así como ‘ahh, los recuerdos’. Para nada. No sé cómo lo vamos a hacer, pero estamos mentalizados para reconstruir y hacer que sea esto, y no otra cosa, lo que quede en el recuerdo”.