mario kreutzberger don francisco a1

Un jardín interesante es el que ofrece misterios, ese que al recorrerlo en sus acotados límites nos oferta senderos que conducen a zonas inciertas, pero acogedoras. En ocasiones, para matizar mi pega de jardinero, suelo acceder a una que otra demanda proveniente de la institución literaria. Por eso me tocó ir a Buenos Aires a un evento ferial. Hermosa ciudad-país que es todo un paradigma continental, fascinante y abrumadora a nivel de evidencias y prácticas sociales. Es inevitable hacer analogías con la situación nuestra.

Allá la política es parte del folclore y la cultura un registro de jerarquía social. Para todo parece haber una masa crítica, ya sea para el fútbol, el arte o la política. Hay una extraña pero muy potente tradición republicana; hay mundos a la mano y muchos parques públicos por donde transitan sus habitantes.

De vuelta a la praxis jardinera local percibo nuestra insignificancia y nuestra mirada sobredimensionada sobre nosotros mismos. Siento que la solución a nuestros problemas está ahí, a nuestros pies, si nos comparamos con los problemas que tienen que resolver el negro Obama o el robotín Putin. Como típico pueblo chico tenemos obsesiones de grandeza, cuando lo pequeño puede ser hermoso si lo asumimos razonablemente. Recuerdo haber habitado un pueblo chiquito donde algunos promovíamos una ciudad de baja intensidad, a la altura de sus necesidades y autónoma, pero lamentablemente sus tontas autoridades tenían otro modelo de ciudad, querían parecerse a otras, que por ser otras no tenían nada que ver con la que administraban, obviedad inabarcable por su evidencia.

Como país nos pasa lo mismo. No quiero parecer como esos analistas que proliferan en momentos de crisis, hablando de lo hablable y con profusión de gestualidad cortesana, como la retórica patética de los coaching. Pero mientras trabajaba en el jardín conduciendo un flujo de agua proveniente de una alberca hacia distintas áreas del mismo, tratando de no saturar ciertas zonas y posibilitando un buen drenaje, razonaba que lo mejor del anuncio del cambio de gabinete fue el escenario utilizado. La continuidad simbólica de Don Francisco como sistema de mediación podría tener un efecto como de Teletón, me refiero al sentido de unanimidad que ese evento provocaba, al menos en su mejor momento, y a la imagen de padre acogedor del personaje, incluida una posible petición subterránea de acogida del hijo inválido.

Y así como a la comisión Engel le faltaba Marx, la matriz fundamental, al gobierno le faltaba Correa. Y llegó con empresa y todo, para que no quepa duda que el lobbismo es aquella operación de continuidad de las operaciones que posibilitan los diálogos institucionales; es decir, la política cortesana. El sentido común abusivo de los chilenos busca capataces con buena relación con la oligarquía. Eso implica “caritas de hombre” con manejo de personal y que sepan enfrentar el acoso periodístico, además de contactos parlamentarios y empresariales, entre otros.

Desde el jardín, imagino que, frente a la deslegitimidad de la clase política, y sobre todo porque la criminalidad que la caracteriza tiene un correlato judicial que habría comenzado a neutralizarla, el perraje debe ponerse a la altura de las circunstancias y romper con ese poder corporativo desde el vecindario (ese en que vivimos usted y yo), ya vendrá el parlamento y toda la institucionalidad. Ojalá esa voluntad barrial se pueda expresar en la elección municipal, en donde se castigue definitivamente el modelo de partidos-mafia (“delincuencia de cuello y corbata”, así hay que llamarla frente al eufemismo de la “falta de confianza en la política”), y se instale una opción de habitantes del barrio, pragmáticos e independientes.