Marcha de Agrupaciones Indigenas en favor de la electrificacion Pachica-Colchane en Iquique
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La exposición “Voces indígenas”, del Pabellón que representa a los países latinoamericanos en la cada vez menos prestigiosa Bienal de Venecia, es indignante. Los más de veinte artistas convocados, además de pagar una buena suma por estar ahí (ya les contaré cuánto) tenían ante sí toda una aventura: debían conseguir el audio de un indígena hablando en su idioma. La mayoría, nunca había vinculado su trabajo a los pueblos originarios. Tras compactar todos los audios, estos se reprodujeron en el Pabellón de la Bienal, cuya entrada diaria cuesta 25 euros. El resultado, una orquesta de murmullos sin traducir y difícilmente audibles.

La curatoría del alemán Alfons Hug, quien ejerce por tercera vez de cacique, amordaza al artista hasta dejarle sin voz. No hay rastro de la “mano creativa” en su aporte a la muestra. El trabajo que pidió a los artistas perfectamente podría haberlo hecho un productor de música, de cine, o una ex miss Bolivia, como finalmente sucedió en tres de los casos. Pero esto no es lo peor. Más indignante era que los propios artistas tuvieran que pagar hasta el alquiler del espacio. Esta fue la carta de invitación que recibieron:
“Asunto: Invitación Pabellón América Latina-IILA – Bienal de Venecia.

Por medio de la presente el IILA Instituto Italo Latino Americano tiene el agrado de informarle que Usted ha sido elegido para representar a su país en la 56. Esposizione Internazionale d´Arte – La Biennale di Venezia. Para la realización del Pabellón, sitio de encuentro por excelencia de lo mejor de la producción artística de América Latina, el IILA considera imprescindible la colaboración de todos aquellos actores que creen en la cultura como valor esencial de la sociedad y medio de intercambio. Para cada participación, posibles patrocinadores o el propio artista deberán contribuir con una cuota de 6.000 euros a los gastos de realización general del Pabellón (alquiler del espacio, montaje, prensa, comunicación, catálogo, vigilancia, limpieza, vernissage, colaboraciones in loco…). Dicha cuota de participación NO CUBRE los gastos relativos a: transportes, trámites de aduana, seguros, exigencias especiales de montaje, eventuales viajes y estadía de los artistas”.

Juro desconocer qué significa “colaboraciones in loco” y prefiero no investigar ese ítem. El caso es que el curador Hug tuvo un gran éxito pasando el sombrero. Varias personas dieron el “sí, quiero” para estar en “Voces indígenas”, que podrá visitarse hasta noviembre. En el texto del catálogo se habla de rescate de la cultura indígena. ¿Alguno de ellos se habrá sentido rescatado? No lo sabemos, ya que en la vernissage de la exposición ningún indígena estuvo presente. Sí hubo mucha selfie (con la bella Miss Educación, performance de Humberto Vélez que nadie entendía qué hacía allí) y mucho prosecco. Intenté averiguar el desglose presupuestario del evento en esa y las demás itinerancias de la expo, que recalará en Chile. “No hay información”.

Sí pude conocer el sentir de los participantes, algunos de ellos artistas de trayectoria, y entender la finalidad de su aceptación a la propuesta: poner en su currículum Bienal de Venecia. No les importó mucho si ese rescate indígena lo hacían representando a países como Argentina, Brasil, Guatemala o Panamá, cuya política hacía los pueblos originarios es más que mejorable. La evolución de esta exhibición respecto de aquellos zoológicos humanos (perdón, exposiciones etnológicas) de finales del siglo XIX, es mínima. ¿Qué aporta a los indígenas esta reproducción de su “voz”? ¿En qué medida esa exposición rescata su cultura? ¿Es lícito invitar a un artista a participar en la Bienal de Venecia y hacerlo cargo de financiarlo todo? ¿De verdad es esto “lo mejor de la producción artística de América Latina”? ¿En serio todos estos “actores” pagan 6.000 euros porque “creen en la cultura como valor esencial de la sociedad y medio de intercambio”?

*Curador y crítico de arte, desde Venecia.