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El periodista Pablo Honorato, el que quizá sea el rostro de las noticias en tribunales, el hombre que recientemente recibió en unos de sus testículos toda la furia de la madre de los hermanos Vergara Toledo, dio a conocer a La Tercera su manifiesto, resumido en 10 puntos en los que aclara algunos mitos. Aquí van:

No fui cómplice de la dictadura como algunos dicen.

“A lo mejor los medios y periodistas sí cometimos muchos errores y no informamos más de lo que debíamos, pero los periodistas no somos dueños del medio; el periodista debe guiarse por la línea editorial que tiene su lugar de trabajo, y si no le gusta se tiene que ir nomás. Esa es la realidad. Fría, pero es lo que hay”, asegura el hombre que hoy boletea en Canal 13.

Mi padre marcó mi carrera.

“El era periodista de la vieja guardia, el periodismo de verdad. Nada que ver con lo de hoy. Fundó el Colegio de Periodistas, el Círculo de Periodistas y fue parte de la creación de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile”, cuenta.

Estudié en el Instituto Nacional, lo que me hace imposible no tener una opinión formada sobre las cosas que ocurren hoy en educación.

“A los estudiantes que marchan los respeto y apoyo por la energía que tienen al manifestarse. Me alegra más todavía que puedan hacer públicas sus demandas. Otra cosa son los que hacen destrozos”. Dudo que sean estudiantes. Y si lo son, sé que no son todos los que hacen maldades”, opina.

En el colegio tuve un grupo de teatro con Michelle Bachelet. Nos juntábamos los del Instituto Nacional con las niñas del Liceo 1. La Presidenta, recuerdo, participaba en todo. Era bien entretenido.

“Ahora de grande, fui uniendo cabos y me di cuenta de que de ese grupo salieron varias actuales amigas de Bachelet. No me acuerdo mucho de cómo era, porque era muy tranquila, sólo recuerdo que era muy flaca”, revela.

Fui un niño maldadoso, pero nunca rebelde. Jamás tuve una pelea grande con mis padres ni me fui de la casa. También nos llevábamos muy bien con mi hermano.

Le tengo miedo a la vejez pobre. Me da pánico no tener para los remedios o estar botado y solo.

“Eso me da mucho miedo, porque yo he visto casos así y son realmente dolorosos. Hay familias que dejan tirados a los viejos en un asilo cualquiera y eso es lo que no quiero para mi vida, por eso me he preparado para ese momento: me preocupé de ahorrar para la vejez”, admite.

Nunca demuestro mis sentimientos, pero en el fondo soy muy sensible. Cubriendo noticias hago como si no me pasara nada, pero hay cosas que me afectan mucho.

“Me puede hacer llorar fácilmente todo lo que tiene relación con los niños; abusos sexuales, maltrato, accidentes, o lo que sea que les afecte. Cuando esas cosas pasan, pienso en mi nieta y la que viene en camino. También pienso en mi hija cuando era niña. Me afecta profundamente. Pero fuera de eso, no soy de llorar. No lloro con películas ni con una canción extremadamente buena o cebollera”, asegura.

En ciertos casos la eutanasia debería estar autorizada. Antes no pensaba así, pero después de vivir la muerte de mi padre cambié de opinión.

“Fue un momento muy duro, porque éramos muy unidos, muy amigos. Viví con él mucho tiempo, porque me casé tarde. Murió de viejo, estaba sobre los 90 años, pero no dejó de ser una situación fuerte”, relata.

Los tiempos del mundo laboral me pasaron la cuenta. Muchas veces dejé pasar cumpleaños o no estuve presente en cosas familiares importantes.

“Tuve que aceptar que mi ritmo de trabajo fue, en gran parte, el motivo de mi separación. Pero me casé de nuevo. Con Cecilia llevamos cinco años de matrimonio y lo pasamos increíble”, dice.

La gente siempre ha creído que vivo en el cuarto piso de tribunales, pero eso no es así. Esas cosas me dan risa.

“Desde que jubilé me mantengo en Canal 13 boleteando, y me acomoda mucho, porque así elijo si voy o no. Deben querer que siga en el canal, porque todavía les sirvo. Al final, la experiencia y los contactos siempre son valiosos en el periodismo, y eso es lo que deben valorar, pese a mis años, de mí”, cierra el periodista.