Marcha de todas las marchas Valpo A1

En uno de sus libros, el filósofo Slavoj Zizek, relata que en China, si realmente odias a alguien, lo maldices diciendo “¡Que vivas en tiempos interesantes!

Y qué le vamos a hacer, pareciera ser que el momento histórico que vive Chile, está siendo sumamente interesante. Un momento histórico marcado por demandas de transformaciones sociales e institucionales profundas; por escándalos de distinta variedad y cuño; y por conflictos derivados de la fricción entre la marea reformista, cuando no revolucionaria, y los bastiones conservadores de un statu quo que se niega a bajar los brazos.

Lejos quedaron los bucólicos tiempos de la estabilidad y del consenso. Los grupos y organizaciones ciudadanas organizadas, han venido logrando a través de una mezcla entre “estrategia de movimiento” y “estrategia de posiciones”, que diversos asuntos hayan sido incorporados en la agenda de gobierno y que una vez allí instalados, su intento de influencia permanezca activo durante el proceso en el que aquel asunto, va plasmándose en política pública, ya sea a través de las decisiones administrativas o de la discusión legislativa según corresponda.

Vivimos pues un momento en que la “cosa pública” presenta un alto interés para los ciudadanos y ciudadanas. En otras palabras, Chile vive hoy probablemente el más político de sus momentos desde el plebiscito de 1988. Y es que el dulce letargo en que nos vimos sumidos (inducidamente) durante largos 20 años, ha dado paso a un despertar cívico muchas veces incómodo, irritante e inquietante, y frente al que las viejas fórmulas de acción política, especialmente la tecnócrata, se ha mostrado particularmente inoperante.

Hoy no basta como sí ocurría hasta hace algunos años, esgrimir razones técnicas o de “eficacia” para ganar debates o moldear demandas ciudadanas. Hoy, la falacia argumental que apela a la “objetividad” o que “denuncia” la ignorancia del contendor, para imponer las propias ideas sustentadas en un saber académico, no tiene efectos prácticos. Las personas ya se cansaron de comulgar con ruedas de carretas y entienden que nadie hay más interesado en defender intereses particulares que un personaje envuelto en mantos de PhD o de gurú del libremercado.

Por ello es que lo que necesita hoy Chile, es más política y mucho menos tecnocracia. Y no se trata de menospreciar los conocimientos sistemáticos en torno a una disciplina determinada, sino de entender que dichos conocimientos y disciplinas deben estar al servicio de la búsqueda del interés general. Y es precisamente la política, la manera en que la civilización humana se ha dotado a sí misma para la búsqueda de dicho interés colectivo.

No se confunda. Como dice otro filósofo, Fernando Savater, no es la política la responsable de los conflictos. Ellos son fenómenos que acompañan necesariamente la vida en sociedad y la mejor manera de ponerle atajo a tales conflictos, de canalizarlos, y de impedir que crezcan hasta destruir al propio grupo social, es precisamente la política.

Por eso nuestro país necesita hoy de mucha política. De mucho diálogo. De muchas conversaciones en distintos espacios públicos e institucionales. De mucha apertura y creatividad para la búsqueda de soluciones “políticas” a los conflictos que hoy atraviesan al país. Porque lo peor que nos podría pasar, es o el silencio que conllevan las salidas autoritarias o las demagogias altisonantes asociadas a las opciones populistas.

Chile, en estos “tiempos interesantes” necesita conversar políticamente más y mejor. Todos y todas estamos invitados a este festín democrático. No se necesita invitación para sumarse. Porque no sobra nadie en la construcción de un país igualitario y más próspero para todos.
Pero no pierda la calma, porque nadie dijo que esto iba a ser fácil.