Tribunal Constitucional caso SQM A1
Lo harán otra vez. Tal como ocurrió con la reforma al binominal y la ley de Educación que eliminó la selección, el lucro y el copago, parlamentarios de la Alianza ya anunciaron que una vez que el proyecto que legaliza el aborto en tres causales sea despachado en Sala, presentarán un recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) para que éste frene su ejecución.

La gran diferencia es que esta vez es casi seguro que tendrán éxito porque el pasado viernes la Corte Suprema nominó como nuevo integrante del TC a José Ignacio Vásquez, abogado y Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile y Magíster en Derecho Público de la Universidad de Los Andes quien es, sostienen fuentes del mundo judicial y académico consultadas por The Clinic Online, un hombre de derecha.

Vásquez llega en reemplazo de Francisco Fernández Fredes, vinculado al Partido Socialista. Según un destacado académico que ha investigado el rol del TC, la nominación de Vásquez implica que “se rompió este equilibrio binominal entre la Nueva Mayoría y la Alianza en el Tribunal y la balanza se inclinó, por 6 integrantes a 4, a favor de la Alianza. La ‘tercera cámara’ que es hoy en día el TC será favorable a ponerle freno a cualquier reforma”.

¿QUÉ SUCEDIÓ?
El elegido del Gobierno -se suponía- era el abogado de la Universidad de Chile y doctor en Derecho, Juan Carlos Ferrada Bórquez, quien además fue uno de los integrantes del equipo encargado de elaborar una propuesta para una nueva Constitución en el comando de Michelle Bachelet.

El mensaje de la Corte Suprema al Ejecutivo fue que buscarían a alguien del perfil de Ferrada: académico, no político, respetado entre sus pares. Alguien con un currículum distinto a Cristián Letelier Aguilar y Nelson Pozo Silva. Y así fue como Ferrada, que sonaba como carta a la Contraloría, recibió el visto bueno de La Moneda y postuló.

“Eso es conocido, nadie se expone a presentarse si no tiene algún respaldo atrás”, comenta una fuente que supo del desarrollo de los acontecimientos.

El problema es que junto con Ferrada, Eduardo Sepúlveda Crerar, destacado profesional que fue parte de la Vicaría de la Solidaridad y uno de los abogados querellantes del “caso degollados”; y Humberto Nogueira Alcalá, profesor de la universidad de Talca y director del Centro de Estudios Constitucionales de Chile de esa casa de estudios, considerado el más preparado de todos los candidatos, recibieron el mismo mensaje: contaban con la venia del Ejecutivo para presentar su candidatura.

A Eduardo Aldunate Lizana, actual director de la Academia Judicial, titulado en la Universidad Católica de Valparaíso y Doctorado en Derecho de la Universidad de Sarre, Alemania lo apoyaba la Tercera Sala y el magistrado Carlos Künsemüller Loebenfelder. Y también el oficialismo.

A Vásquez, la derecha y el magistrado Patricio Valdés, integrante de la Sala Laboral de la Suprema y conocido como un juez pro empresa.

Y al sexto candidato, Ricardo Israel Zipper, de la Universidad de Chile con doctorado en Ciencias Políticas de la universidad de Essex de Inglaterra, nunca se supo bien quién lo respaldaba.

De hecho, Israel no tuvo sufragios a su favor en la primera votación del viernes 28 de los miembros de la Corte Suprema que votaron para elegir al sucesor de Fernández Fredes.

En el proceso, los votos de centro izquierda, apunta un incumbente en la elección, se diluyeron y ello benefició a la derecha. A ello se sumó un desorden inédito.

La jurista Andrea Muñoz se inhabilitó en la primera votación porque es cuñada de Nogueira y sus pares le impidieron participar en las dos siguientes en las que los integrantes de la Suprema eligieron entre Vásquez y Aldunate al sucesor de Fernández Fredes. No sólo no pudo votar Múñoz, quien es, sostienen los entendidos en la materia, cercana al Ejecutivo. Tampoco votaron otros tres personeros ligados a la Nueva Mayoría: Carlos Künsemüller Loebenfelder; Carlos Cerda Fernández; y Ricardo Blanco.

“Hay dos lecturas: o efectivamente no hubo conducción en el Gobierno o hubo orden de generar estas candidaturas múltiples por parte del ala DC del Gobierno porque el efecto político inmediato es que cualquier cambio ahora va a tener que ser aprobado por la Alianza o va a correr el riesgo de llegar al TC donde hoy la Alianza tiene mayoría”, destaca uno de los personeros afectados por la situación.

LA BALOTA Y EL LUTO DE CARMONA

La derecha tuvo también suerte, admite un integrante del TC. Ello porque la primera votación fue de 6 votos para Vásquez; 4, para Aldunate; 2, para Nogueira; 2, para Ferrada; 2 para Sepúlveda; y 0, para Israel. En la segunda instancia, empataron con 8 votos Vásquez y Aldunate; y en la tercera instancia, también.

Así se llegó a la balota -la tres pelotas pequeñas que indican la calificación de quien rinde el examen en derecho- y así perdió Aldunate frente a Vásquez.

Y con ello, apunta un destacado jurista, se perdió también “cualquiera de los cambios que seguían en pie”.

Desde el TC aseguran que uno de los más golpeados con la integración de Vásquez es el actual presidente, Carlos Carmona Santander, quien en este binominalismo imperante en el TC donde de sus diez integrantes, cinco responden a la oposición y cinco al oficialismo, es quien dirime en caso de empate.

Esa atribución, sostienen, es ahora un adorno. Sin embargo, hay quienes apuntan en el TC a que no hay que estar tan seguros respecto de Vásquez porque “algunas personas que lo conocen dicen que puede ser impredecible, no es que porque él llegó no se va a aprobar el aborto, porque se va a meter en el fondo de los asuntos, aunque su sensibilidad pueda ser más cercana a la centro derecha”.

* Este medio intentó, sin éxito, contactar a Vásquez.

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