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“Fuera tabúes”, se titula la columna escrita por una mujer anónima en el sitio www.pasionis.es, en el que llama a desinhibirse en el plano sexual.

Según la narración, contada con acento español, la protagonista comienza diciendo que “les voy a contar una historia de una tarde que empezó como una cualquiera y terminó con un calentón monumental”.

Dice que se encontraba con Roger, 10 años mayor que ella y amigo con ventaja.

“Aquel día estaba con la regla. Para mí, esa es una de las situaciones que me impedían tener sexo, aunque me lo pidiera el mismísimo Brad Pitt. Era tajante con eso, mucho. Se lo dije a Roger cuando me preguntó si me apetecía ir a su casa”.

“Cuando llegamos, nos empezamos a enrollar en el pasillo y, como la temperatura iba subiendo, nos fuimos a su habitación. Me agarró el trasero e intentó meterme la mano por dentro, aunque yo le paré, susurrándole que no se podía. Me levantó la camiseta y manoseó mis pechos. Antes de que pudiera decirle nada, ya me había desabrochado el sujetador. Mis senos quedaron a su merced. Su lengua jugó con mis pezones hasta ponerlos muy duros”.

Según la experiencia, agrega que acto seguido “me quitó la camiseta y, en un ágil movimiento, me colocó sobre él (…) Apretó mi cuerpo contra su miembro. Lo sentía duro debajo de mí y me agitó sobre él para darse placer y, por supuesto, dármelo a mí”.

“Como hombre experimentado, él poseía el control y me tumbó en la cama. Trató de liberarse de mis pantalones mientras yo le insinuaba que sólo para estar más cómodos, pero seguía firme en mi decisión de no hacerlo con la regla. Sucumbir fue mi perdición”.

“Él se quedó desnudo y se situó sobre mis piernas abiertas. Sabía ponerme como nadie. Se movió pausadamente, clavándome su pene erecto en mis braguitas. Estaba loca de deseo y con ganas de sentirlo dentro de mí”, asegura.

En ese momento es que según confiesa, su excitación, el deseo carnal empezaba a ganarle la pelea a la cabeza. El ángel malo tenía contra las cuerdas al bueno, a la conciencia.  “Osado, Roger se aproximó a mi vagina, casi metiéndome la punta y obsequiándome con el mayor calentón en mucho, mucho tiempo”.

“Se disponía a penetrarme despacio y, entonces, recordé que debía quitarme el tampón. Me levanté corriendo y le dije que esperara un segundo, que tenía que ir al baño. Me deshice de él rápidamente y volví a su encuentro”

“Ahora ya sí. Me embistió una y otra vez, sin miramientos, haciéndome suya mientras se apoderaba de mi cuerpo. Lo rodeé con mis piernas para sentir su miembro totalmente dentro de mí. Me corrí estrepitosamente y luego él”.

“¿Ves como no pasaba nada?”, apuntó el tal Roger al terminar el encuentro, asegura la prominente escritora de relatos eróticos.