Luis Valentin Ferrada

¿Qué le parece que los chilenos nos acordemos de la patria solo para el 18?
-Muy malo, mijita. Pero no solo para el 18, sino que tan pronto Perú o Bolivia nos dan problemas nos acordamos de la patria altiro. Aunque han cambiado un poco las cosas. Hoy, en los jardines infantiles, se les enseña de chico a bailar cueca. Esto es una novedad, cuando yo era niño no había esa costumbre.

¿Cómo se vive el 18 en el campo?
-De un modo bastante tradicional y antiguo. En Yerbas Buenas, por ejemplo, se empieza con un Te Deum de acción de gracias en la iglesia del pueblo. Luego viene un desfile militar de la Escuela de Artillería de Linares que hace una gira dieciochera por toda la comuna. Y desfila todo el pueblo, los colegios, jardines infantiles, profesores, juntas de la tercera edad. Yo desfilo con el club de huasos, bien vestido, con los mejores caballos. Hay bandas de música de colegios y militares.

¿Le gustan las marchas militares?
-Mucho. En particular las bandas militares más antiguas. “Adiós al séptimo de la línea” es una de las canciones más lindas. “Vuelven los viejos estandartes”, precioso. Una que me emociona mucho es la canción de la Batalla de Yungay: “Cantemos la gloria del triunfo marcial que el pueblo chileno obtuvo en Yungay”. La fiesta dieciochera sigue con juegos tradicionales como las carreras de caballos a la chilena, las carreras de perro que persiguen una liebre, el rodeo y el movimiento a la rienda, que es el más lindo, porque muestra la destreza de los caballos, la mansedumbre y la rapidez de movimiento.

A la gente le gusta más la rayuela corta.
-Ese es el deporte nacional, ja, ja, ja.

¿Es verdad que se toma mucho en el campo?
-Sí, son fiestas regadas. Y la chicha de Villa Alegre, mejor no te digo nada. Me encanta. Un pihuelito, como se le llama a la chicha con la harina tostada, es un verdadero manjar.

¿Es bueno pa empinar el codo?
-Toda mi vida he sido petrolero, del que toma vino tinto, porque tomar vino blanco es de pituco. La gente del campo es muy picarona. Había un viejo, calcula que le decían “El Garrapata”, un campesino muy modesto, pero divertido. Un día de frío lo vi llegar a pura manga de camisa. Le dije “don Garra, se va a enfermar”. Don Garra me dijo “no, meh, si yo soy devoto del Padre Hurtado, nah me va a pasar, yo lo único que tengo en mi vida es sed, nada más”. Le pregunté qué tenía que ver con el Padre Hurtado. “Meh, apenas despierto lo primero que digo es continto, señor, continto”, ja, ja, ja. Tuve que pasarle cinco lucas para que se comprara la garrafa y se la pusiera de camisa.

EL CABALLO SEMENTAL

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Hablando de caballos, Agustín Edwards en su momento se opuso a que el caballo chileno se mestizara.
-Tiene que ser así. Y fui el ejecutor para que lo declaráramos monumento nacional. Y nos opusimos al mestizaje porque la idea es preservar su raza, porque si se mezcla puede salir un engendro sin ninguna significación. Y hay que acentuar lo propio.

¿Qué tiene de especial el caballo chileno?
-El caballo chileno es un gran caballo de rienda. Muy valiente, muy liviano, muy ágil, muy atento, muy rápido. Y chiquitito. Pero gracias a esa morfología puede hacer muchas más cosas, como andar en la cordillera, lo que no puede hacer el caballo alemán, que es mucho más alto. El ejército chileno antes prefería el caballo alemán por sobre el chileno, a quien miraba en menos por ser chiquito. Es que hay algo de siutiquería, de querer tener lo de fuera, pero ahora están teniendo caballos chilenos.

¿Qué importancia tiene la yegua para preservar la especie?
-Uf, la yegua es lo más importante de todo. La transmisión genética es por madre. Ahí está todo.
Antes la yegua no era bien vista.
-Sí, pero era mal vista como silla. Era casi como el sexo débil. Los hombres nunca podían andar montados arriba de yeguas. Era mal visto en el campo. Un hombre arriba de una yegua era una cosa espantosa, era casi tomado como sospechoso. Las yeguas se dejaban reservadas para los curas y las mujeres. Anda a saber por qué. Esa era la costumbre.

¿El potro chileno es semental?
-Unos más, otros menos. Igual que en todos lados, nomás, mijita, je, je, je. Pero, hablando en serio, el caballo chileno es un buen reproductor, un buen semental. Pero los criaderos buenos son los que tienen las mejores yeguas.

¿Qué piensa del rodeo?
-Me encanta. Cómo voy a estar en contra, si soy un defensor de las tradiciones.

Últimamente ha sido cuestionado por los animalistas.
-Los llamados animalistas son los que nunca han criado nada. Les preguntaría, con todo respeto, qué animales tienen en su casa. Pero resulta que ellos no crían nada. ¿Has conocido algún animalista del mundo campesino? No, son todos urbanos. Los animalistas creen que los pollos nacen en supermercados y nacen pelados. No, si para hablar de gallinas hay que haber criado gallinas.

EL TRASTE Y LA DERECHA

¿Quién ha sido la persona que ha rescatado más la cultura campesina?
-Hay muchos. Por ejemplo, a Agustín Edwards se le va a recordar por el aporte que hizo a la recreación, restauración, revitalización y resucitación de todo este poderosísimo movimiento a favor de la cultura campesina. Yo creo que será recordado por eso más que por cualquier otra cosa.

¿Más que por su participación en dictadura?
-Más que eso. Durante muchos años la cultura campesina fue la cenicienta, la princesa secuestrada en el tercer patio de la casa. Nadie le concedía mucha importancia. En Chile, por falta de pensamiento y reflexión, se confundió de un modo trágico lo tradicional con el conservadurismo, que no tienen nada que ver.

¿No son lo mismo?
-Soy tradicionalista, pero no conservador. Fui coautor del proyecto para reconocer a los hijos ilegítimos. Porque somos hijos huachos, es parte de nuestra historia, por eso soy tradicionalista y no conservador. Y la derecha se oponía.

Lo tradicionalista se ha asociado al conservadurismo de derecha.
-En circunstancias que si analizas el siglo XX, el tradicionalismo fue sostenido por los sectores progresistas. Y la copia burguesa, burda, sin filtro, del extranjerismo, corrió por el sector tildado de conservadores. Hay que reconocerle a la izquierda algo significativo, pero muy triste para mí: la izquierda se divorció menos de la cultura que la derecha.

¿Por qué la derecha nunca le dio un valor a lo cultural?
-La derecha se nos volvió liberal mercantilista, o simplemente una derecha mecánica sacadora de votos. Una derecha cosista. El liberalismo económico hizo pensar a un gran sector de la derecha que todo aquello que no cabía dentro de una calculadora, no existía en este mundo. Cuando eso pasa, no hay sueño posible. He visto que se le ha perdido el amor a la patria y al país.

¿En qué lo ha notado?
-A nadie le importó empezar a desprestigiar a las autoridades e instituciones, a robarle al Estado. Eso habla de una falta de amor a la patria. ¿Crees que alguien en su sano juicio le robaría a su madre algo? No, poh. Lamentablemente no lo pudiste ver, ñata, pero te cuento a la pasadita: hubo un tiempo en que ibas por la calle y cuando preguntabas “¿cómo está, don Manuel?”, te respondían “aquí estamos haciendo patria”. Esa respuesta te daban desde el obrero hasta el gerente de una empresa. Había un sentido de hacer patria.

¿Ahora no se está haciendo patria?
-¡Qué patria se va a estar haciendo! Hoy se está deshaciendo la patria. Y me causa un dolor terrible. Cuando veo, con total independencia de lo que pueda pensar, cómo insultan a la doctora Bachelet, me da mucha pena. No porque sea una dama, que lo es, pero es la presidenta y se debe respetar.

La derecha dice que está destruyendo el país.
-No, atroz. Eso no tiene nada de correcto, no es cosa de caballero, no es cosa de la tradición chilena.

¿Encuentra que estamos viviendo un caos?
-No. El caos está en que se ha perdido el respeto por todo. Eso ha ido poniendo en peligro todos los pilares de la República de Chile.

Dicen que vivimos una crisis valórica.
-Pero el 90 por ciento o más de los valores que hablan tienen relación de la cintura para abajo. Y han reducido los diez mandamientos al sexto. Todo tiene relación con el traste, una cosa increíble.

La derecha se siente defensora del traste.
-Ese es un acto de reduccionismo de lo valórico tremendo. Esa obsesión dejó fuera de lo valórico la pillería, la falta de honradez, la palabra que no se cumple y el rasgo que más domina hoy: la hipocresía.

¿Qué le parece lo que está sucediendo en la Iglesia Católica?
-Es un problema muy serio, pero los mails entre la alta jerarquía son un ejemplo de lo que pasa en todas las instituciones chilenas desde siempre. Solo que ahora la sociedad chilena no está dispuesta a aceptar ningún minuto ese tipo de cosas.

LOS HUASOS QUINCHEROS

Usted preside la Fundación Huasos Quincheros. ¿Desde cuándo le gustan?
-Soy fan de los Huasos Quincheros desde que tengo uso de razón. Pero también me gusta la música que hacen los Huasos de Algarrobal o Pato Manns con “Arriba de la Cordillera”, que es preciosísimo. También me gustan los Cuatro Huasos, los Huasos del Corral. Quilapayún, Los Jaivas y Víctor Jara tienen cosas preciosas.

¿Qué tema de Víctor Jara le gusta?
-Hay una que es la más conocida, “Te recuerdo Amanda”, preciosa. Y ese “Vuelvo a mi país” de Illapu es para llorar a gritos. Eso lo pudo haber cantado don Bernardo O’Higgins, que nunca pudo volver a su tierra.

Los Huasos Quincheros, para algunos, son lo más fome del mundo.
-Si fuera cierto eso, no existirían. Decir que los Huasos Quincheros son fomes es una tontera. Son lo más entretenido que hay. Cuando los he visto tocar, la gente les pide a gritos “El patito” y no es ná el Patito Yáñez. Son puros prejuicios.

¿Cuál es la canción que más le gusta de los Huasos Quincheros?
-“Corazón de mujer”. ¿Has visto canción más linda que esa? Dicen que era la canción favorita del Padre Hurtado. Preciosa.

¿Le gusta “El patito”?
-“El patito” es el Topaze musical. El valor de los Huasos Quincheros es que recogen los cantares de nuestro pueblo campesino y los latidos más íntimos y finos del alma nacional. Son los grandes obreros de nuestro patrimonio cultural.

¿Ha salido de gira con ellos?
-Muchas veces. Lo pasamos re bien. La gente se los imagina parcos, pero todo lo contrario, Benjamín Mackenna es lo más alegre que hay.

¿Tienen muchas calcetineras?
-Pero claro. Tienen un público de seguidoras fieles. La principal huasa calcetinera de los Huasos Quincheros es mi señora.

¿Le gusta la cueca chora?
-Me gusta toda la cueca. La más linda es la cueca robá.

¿Cuál es esa?
-Una que se baila cuando el joven sacó a bailar a la chiquilla, llega el bandido y se roba a la chiquilla en medio del pie de cueca. Me gusta hacer el papel del bandido, porque en las vueltas está lo peligroso, y en materia de conquistas, el bandido la lleva, mijita. ¿O no?

A propósito, ¿cómo conquista el hombre de campo a una dama?
-Es más caballeroso, más gentil, menos brutal. Se aproxima a la dama, al igual que en la cueca, con mucho guiño, gentileza y delicadeza. No es un huaso bruto, esa leyenda negra que tejió lamentablemente la misma urbanidad. Eso no es real. Son más finos para conquistar a la dama.

¿Los huasos son muy puteros?
-No. El hombre huaso, que enamora y tiene admiración por la dama, nunca es putero. Iría contra su propia nobleza. El hombre bien plantado no es putero.

Hay algunos que dicen que la verdadera cueca está en los bajos fondos.
-Esa es una discusión urbana de que si hay una cueca latifundista versus una del pueblo. Pero la cueca es una sola.

¿Puede haber verdadero folclor en el pijerío?
-No solamente puede, sino que lo hay, sobre todo en el pijerío joven. Hoy no hay matrimonio pije en el que los novios no bailen un pie de cueca. Siempre los vi bailar el vals de Strauss, cosas ridículas, pero ahora en todos bailan cueca.

Pero más allá del baile, se dice que la cueca es propia de los bajos fondos y no del pijerío.
-Eso es ignorancia. Una persona que bailaba muy bien la cueca era el presidente José Joaquín Prieto. Qué bajos fondos. ¡Era el presidente! Hay letras, como “Adiós Santiago Querido”, que no tienen nada que ver con los bajos fondos. O “La consentida”. Las humanas pasiones atacan en cualquier dirección. Ponerle clase social a la pasión es una tontería, una incultura. Aunque obviamente, la Negra Ester es una cueca de los barrios encachaos de San Antonio. Para alguien bohemio como yo, son parroquias muy entretenidas. En los bajos fondos, uno descubre el enorme valor que puede tener una prostituta o un bandido. Esos escenarios son la gran derrota del teatro de la hipocresía. Te quiero contar una cosa. En los últimos dos años la Margot Loyola, mi madrina querida, estuvo investigando el rap. Ella sostenía que con el rap se estaba iniciando una tradición de folclor urbano muy importante.

¿La Margot se sentía del mismo mundo de los Huasos Quincheros?
-Por supuesto. Y los quiso mucho. Es curioso lo que son los mitos en Chile. A la Gabriela Mistral le entrega el Premio Nacional de Literatura, más encima vestido de militar, don Carlos Ibáñez del Campo. Eso es como el antimito. Y lo mismo con los Huasos Quincheros.

Se les asocia a la derecha…
-¿Y por qué la Margot Loyola no los consideraba así? ¿O la Violeta Parra, que los quería muchísimo? Vivimos en un mundo lleno de prejuicios.

Pero ellos son de derecha.
-Probablemente Benjamín Mackenna y Ricardo Videla, sí. Pero los más nuevos no tienen color político. Ha habido aquí una cosa muy grave, y es el intento de algunos por instrumentalizar el arte. Ese intento es una monstruosidad, una falta de respeto completa, un atentado contra la esencia del arte.

¿La música no debería contaminarse con la política?
-No. El plano cultural vuela a la altura de un ave superior sobre los Andes. En cambio, la política vuela como gallina clueca a ras de piso. La música pertenece a todos y al mundo de los sentimientos. Y los sentimientos no tienen color político. Los Huasos Quincheros no tienen color político. Los músicos pueden tener ideas políticas, porque son ciudadanos, pero otra cosa es que el músico, aprovechando su arte, se deje instrumentalizar por la política partidista. Tampoco es que los Huasos Quincheros hayan pretendido ser un referente de la derecha. No lo veo así.

¿No?
-Cuando le han cantado a la Reina Isabel, o al Papa, ¿crees que estaban seriamente tratando de levantar banderas políticas? No. “El Corralero” lo cantan todos, de arriba, de abajo, de izquierda, de derecha, todos. ¿Por qué a la gente le cuesta asumir esta verdad tan bonita? Créeme, ñata, la clase política le está hablando en lenguas muertas al país.

¿Cómo así?
-El país es otra cosa. Crees que si invito a mi casa a la Javiera Parra, a quien quiero mucho, ¿es para hablar de política? Nooo, sería una lata tremenda. Vamos a hablar de cultura, de sus proyectos, y si estuviera sentado Benjamín Mackenna o Willy Bascuñán sería lo mismo. El país no es ese que todo lo fracciona.

Hace poco un productor de marcas de lujo dijo que la mujer chilena era fea, que de diez, una salvaba.
-Eso es imposible de describir. Y con qué padrón se juzga. Una mujer juzgada bajo el patrón de gringa de Miami, a lo mejor no califica. Yo practico el mundo campesino y tenemos un concepto de la belleza femenina muy chileno. Es difícil definirlo en líneas muy gruesas.

¿En el campo les gustan más caderonas y pechugonas?
-Claro, si las mujeres flacas parecen yeguas inglesas, como decía un huaso de Yerbas Buenas. Pero hay flacas muy interesantes que se defienden con eso de que la carne pegada al hueso es mucho más sabrosa.

¿Cuál es la mujer más atractiva de Chile?
-Tengo un problema atroz: encuentro a todas las mujeres lindas. Siempre han dicho que yo soy de chincol a jote, quizá sea cierto.

¿Bachelet?
-Bonita. Objetivamente tiene una cara muy agradable, buen aspecto.

¿Lucía Hiriart?
-Bonita. Basta ver las fotos. O la esposa del presidente Lagos, bonita. Lo más difícil es que a uno lo quieran, pucha que cuesta tanto.