Patricio Contesse A1

Hasta último minuto el 17 de septiembre, Patricio Contesse González, exgerente de Soquimich y quien ha sido sindicado como el único responsable de la entrega irregular de más de 11 millones de dólares entre 2009 a 2014 a políticos , dudó sobre si debía o no firmar la demanda laboral por más de $2.700 millones contra la empresa en la que se desempeñó como Gerente General por más de dos décadas.

Sus razones, aseguran quienes fueron testigos del proceso, apuntaban a que no deseaba aparecer públicamente enfrentado con la compañía que dirigió junto al exyerno de Pinochet, Julio Ponce Lerou.

Pero la balanza, como ha sido regla desde que SQM comenzó a ser investigada por el financiamiento irregular a campañas, se inclinó por la estrategia judicial diseñada por el abogado Samuel Donoso: La acción era indispensable para dejar sentado que Contesse González no reconocía, en los hechos, ninguna actuación anómala en la empresa, algo fundamental cuando además ya era conocido que el Servicio de Impuestos Internos presentaría, como lo hizo, una querella contra la filial Salar.

En ese escenario, para despejar cualquier admisión involuntaria de responsabilidades, era preciso exigir el pago de las indemnizaciones fijadas en su contrato, vigente desde 1990 y que fue modificado en los años 2010 y 2013.

“No demandar era admitir, de alguna manera, culpa en algo. Previo a eso, se buscó sin éxito un acuerdo de caballeros”, sostiene una fuente que conoce cómo se desarrolló la discusión y que apunta a que no era posible, pese a la reticencia de Contesse de involucrarse en un nuevo proceso judicial, dejar un flanco en la defensa del ingeniero forestal que ha optado por guardar silencio cada vez que ha sido citado por la Fiscalía y que, a diferencia de lo que ocurrió con los dueños del holding Penta, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, que sí declararon en la investigación, no ha pasado ni un solo día en la cárcel.

Callar fue la mejor fórmula para evitar ir tras las rejas, un temor que, admiten cercanos a Contesse, lo acosó desde que el fiscal Carlos Gajardo tiró la hebra de facturas ideológicamente falsas en SQM y personeros del Congreso y La Moneda, temblaron.

A sus dos hijos menores -Francisco y Cristóbal-, Contesse les habló directamente sobre la posibilidad de ir a prisión una calurosa tarde de mediados de abril de este año, dos semanas antes de ser formalizado por delitos tributarios.

-Es muy probable que en unos meses más me vaya preso-, les dijo.

Ese mismo mes, viajó a su fundo en Curicó donde su familia le mostró un video con saludos de todos. Era un especie de despedida ante la cual Contesse, como el presbiterano practicante que es, reaccionó encomendándose al destino:

-Que se haga la voluntad de Dios.

En los meses venideros, el peor pronóstico del exgerente no se cumplió a cabalidad: hasta hoy sólo cumple arresto domiciliario total en su casa en Lo Barnechea, pese a que estaba convencido de que la investigación de platas políticas que recayó sobre la gigante minera y que atravesó el corazón de La Moneda -haciendo caer al ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo y con él a todo el gabinete-, terminaría con él, la persona que entregaba los recursos a políticos de izquierda y de derecha al margen de la ley de elecciones, en prisión preventiva.

LA DUPLA

ponce

En enero de 1989, cuando asumió como director ejecutivo de Codelco para la transición, Patricio Contesse de inmediato fue declarado “enemigo del pueblo” por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Estuvo durante meses con custodia policial.

Los panfletos que dejaron en su oficina con la advertencia de que era un blanco a asesinar incluían un resumen de todos los cargos que ocupó durante la dictadura desde los 26 años, cuando recién había egresado de la Universidad de Chile: Inforsa, Celulosa Arauco, asesor del directorio de Conaf, gerente de Schwager, gerente general de SQM -cuando la empresa aún era estatal-, la CAP y por cierto Codelco.

“Lo acusaron de privatizar y él nunca estuvo en esos procesos, lo que hacía era sacar de la quiebra a las empresas y dejarlas con números azules, no participó de nada más”, cuenta un cercano.

Como sea, la fama de “salva quiebras” que adquirió en esos años y conocer a Julio Ponce Lerou marcaron su carrera.

La historia es así: los tres hermanos Contesse, Daniel (69), Jaime (66) y Patricio son, al igual que Ponce, ingenieros forestales de la Universidad de Chile.

Jaime trabajó en la Conaf y cuando el entonces yerno de Pinochet –estaba casado con Verónica- pidió contar a fines de los 70 con un asesor que dominara el inglés, para que lo ayudara en transacciones internacionales, el nombre de Patricio salió al ruedo.

Contesse había estudiado hasta el sexto de humanidades (cuarto año básico actual) en uno de los mejores colegios de Santiago, The Grange School y luego por problemas económicos de su familia –su papá era un comerciante muy culto, pero sin mucho éxito, a quien la Unidad Popular le expropió un terreno-, había terminado su educación en el Liceo Manuel de Salas. Pero de su infancia quedó con un buen manejo del idioma.

“Congeniaron, aunque nadie sabe bien por qué”, relata un testigo de la estrecha relación entre Ponce Lerou, un empresario voraz, que juega siempre al límite de la ética y a quien muchos definen como “el hombre de la cornisa”; y Contesse, un señor recatado, que todos los domingos va a misa, que nunca ha confesado ilícito alguno ante el Ministerio Público, donde ha hecho uso de su derecho a guardar silencio, y que durante su trayectoria en Soquimich financió no una, sino varias campañas políticas.

Tras la operación, extendida también en otros grupos económicos, estaba una táctica que amigos de Contesse califican de exitosa: “El necesitaba, por el rubro que tiene Soquimich y su relación con el Estado, saber que si Marco Enríquez Ominami llegaba a ocupar un cargo alto, le iba a contestar el teléfono y le iba a poder plantear su postura. Eso es capacidad de influir”, resumen.

La “influencia” de Soquimich, avalada por la entrega de fondos contra estudios que nunca se usaron y asesorías verbales como las de los hijos del senador Jorge Pizarro, abarcaba a todos los partidos políticos, con excepción del PC.

“A él le interesaba que el mundo político valorara a Soquimich como una empresa grande y necesaria, que tenía un rol estratégico. Los viajes a María Elena, por ejemplo, se hacían porque en el gobierno de Frei una autoridad dijo que allí los trabajadores estaban en condiciones subhumanas y eso era un mito, ahí está el mejor campamento minero del país”, recalcan amigos de Contesse.

También aseguran que Ponce Lerou no sabía de la distribución de platas.

-Si Ponce hubiera sabido lo de las platas para Bachelet lo hubiera usado para que la Superintendencia no lo multara por Cascadas. Lo de Ponce son negocios; lo de Patricio era la convicción de hacer lo mejor para la compañía, de mostrarla-, relata un ejecutivo de la empresa.

Si Ponce sabía a quién se le entregaba recursos o si Contesse pedía o no algo cambio, es algo que no se puede despejar porque Contesse González ha decidido no hablar.

Sin embargo, hay hechos que demuestran que la entrega de recursos a políticos no era una obra de misericordia:

Declaraciones judiciales han situado al exministro Peñailillo operando para que el Servicio de Impuestos Internos no entregara la información contable de SQM a la Fiscalía y a Donoso, abogado de Contesse, participando en una reunión donde se debatió qué hacer en este caso.

Y en mayo de 2014, el diputado DC, Roberto León, fue un asiduo participante de la Comisión Cascadas -a través de las cuales Ponce Lerou controla SQM-, pese a no ser miembro formal, al punto de que en una ocasión, Nicolás Monckeberg, de RN, aseveró que “sería interesante saber la opinión del diputado sobre el deber de reserva que cabría sobre la empresa en cuanto a sus donaciones de campaña”.

Pues bien, Roberto Javier León Araya, hijo del parlamentario, boleteó por $123.750.000 a la empresa.

Además, un diputado que fue parte de la Comisión investigadora, admitió a The Clinic Online que en la época recibió “sugerencias” de Soquimich respecto de qué preguntas realizar en la instancia.

EL PUENTE DC

Enrique Correa A1

El romance de Soquimich con la Nueva Mayoría partió en los primeros años del retorno a la democracia, cuando el conglomerado se llamaba Concertación y arrastraba como símbolos el antipinochetismo y el arcoíris.

El acercamiento tuvo como protagonistas a  Marcelo Rozas -histórico militante DC y amigo desde los años ’60 de Gutenberg Martínez y de Soledad Alvear-, y a Contesse, que ya en ese entonces era el brazo derecho de Ponce Lerou.

No hay certezas sobre cómo Rozas -DC atípico, más ateo que cristiano y que hoy está denunciado junto a su esposa e hijos por boletas falsas a SQM-, conoció a Contesse, un hombre de baja estatura, lector incansable de la biblia, de risa fácil y a quien nadie recuerda haberle oído una grosería o un insulto.

Pero el hecho es que un día Rozas llegó a pedirle al exgerente de SQM financiamiento para la revista Hoy, de la que era propietario desde 1989, y Contesse consideró que la mala fama de Ponce Lerou, odiado por sus vínculos con Pinochet y por cómo se apoderó de Soquimich en los últimos estertores de la dictadura, a través del cuestionado sistema de privatizaciones, sólo podía combatirse construyéndole una buena reputación a la empresa. Y accedió.

Así fue como en esos años la revista que había denunciado los crímenes del Régimen sobrevivió financiada por el “yernísimo”, apodo que Ponce aborrece y del que nunca ha logrado sacudirse. En paralelo, SQM se hizo el 12 de noviembre de 1993 de un conveniente contrato de arriendo del Salar de Atacama a través de Corfo en un procedimiento que fuentes gubernamentales consideran a lo menos sospechoso. De ahí a las platas políticas, hubo un paso.

Para quienes conocen la historia de la larga amistad entre Contesse y Rozas, que el vínculo entre la compañía y la centro izquierda lo forjara el abogado falangista no es extraño, porque Rozas, aseguran, nunca fue “demasiado rojo, sino más bien lo contrario”, algo que quedó claro en 2009 cuando fue sacado de la embajada checa tras una polémica columna en que calificaba de “socialismo de balneario” una cumbre progresista organizada por Bachelet. Además, según consigna la revista Cosas, en los 70 el personero viajó, con el respaldo de la DC internacional, a apoyar el gobierno democratacristiano de Napoleón Duarte en El Salvador, “donde trabajó con la embajada norteamericana y soterradamente con la CIA”.

La amistad de Rozas con Contesse se hizo extensiva a Ponce Lerou quien cuenta entre sus “amigos políticos” al exembajador, con quien conversa de la vida y los negocios, al “Gute”, la Shole” y a Osvaldo Puccio, quien fue director en Cascadas y que ha renegado en público de tener un nexo personal con el empresario.

Contesse, en tanto, se hizo con los años cercano al senador PPD, Guido Girardi, al exdiputado UDI Cristian Leay y al exministro y lobbista, Enrique Correa, quien lo asesoró por años.

“Sus vínculos son tan poderosos como transversales”, asegura un amigo.

EL PECADO

CONTESSE 2

Fue el 16 de marzo. Ese día, Contesse puso su cargo a disposición al directorio de Soquimich tras 25 años en la compañía y no volvió a pisar el edificio institucional en calle El Trovador. En sus últimos diez días en la empresa había enfrentado una guerra civil con los representantes de Potash Corporation, los segundos mayores accionistas de SQM.

El 6 de marzo, el Fiscal Nacional Sabas Chahuán había solicitado a SQM la entrega voluntaria de todo el material contable de la empresa entre los años 2009 y 2014. En un inicio, SQM definió que daría toda la información.

Luego, Ponce Lerou decidió consultar con el abogado Gabriel Zaliasnik, quien recomendó no abrir la caja de pandora. Contesse, entonces, presentó un requerimiento para que el Octavo Juzgado de Garantía determinara la legalidad de la solicitud realizada por Chahuán, el que finalmente fue rechazado y en paralelo un recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) para frenar la indagatoria que tampoco tuvo éxito.

En SQM se impuso la tesis de colaborar con la Fiscalía y Contesse vio como su cronograma personal –esperaba jubilar en 2017 a los 65 años-, se adelantó bruscamente.

Desde ese 16 de marzo, Contesse le ha dedicado el tiempo a su defensa, su colección de estampillas y su vocación: la Iglesia Presbiteriana en Chile.

Su abuelo, Horacio González Contesse fue pastor y presidente del Sínodo, además de Gran Maestro masón, durante los años ‘70. Contesse y toda su núcleo pertenecen a esta comunidad y él financió de su bolsillo junto a otras tres familias la iglesia emplazada en Cuarto Centenario.

Además uno de sus hijos se está preparando para ser pastor y él ha ocupado los más altos cargos en la Iglesia Presbiteriana, aunque renuncio a su rol de presbítero docente –un pastor laico- cuando comenzó el caso.

“Su gran temor es dañar la imagen de su Iglesia, aunque ha recibido mucho cariño de la gente de la iglesia, nadie nunca le ha dicho nada malo, todo lo contrario, solo lo han apoyado”, afirma un cercano.

Con sus amigos ha reflexionado sobre el aterrizaje forzoso que le ha significado ser investigado. “Es recordar que somos falibles, al punto de necesitar misericordia”, les ha dicho.

A su abogado, Samuel Donoso, le repite cada cierto tiempo que es un hombre de Dios, pero pecador como todos, y éste retruca entre risas:

-Deje de decir eso, que me deja sin presunción de inocencia.