Karadima

De joven, cuando ni siquiera estaba cerca de ser sacerdote, Fernando Karadima juntaba niños en una plaza y les “hacía prédicas”. Así reza uno de los pasajes del peritaje sicológico que enfrentó el ex párroco de la iglesia El Bosque en el Servicio Médico Legal (SML) y que fue presentado por las víctimas en la demanda que interpusieron en contra del Arzobispado, sustanciada el ministro de fuero Juan Manuel Muñoz.

El documento, realizado en 2011 cuando Karadima era investigado por la ministra Jéssica González, es parte de la respuesta al “traslado” que dio el magistrado a los recurrentes, antes de resolver si lo interroga en el palacio de tribunales o en la casa religiosa donde vive después de ser condenado por abusos sexuales en la justicia eclesiástica. Esto, luego que su abogado Leonardo Battaglia, hiciera una presentación en ese sentido.

De 17 páginas, la pericia -que publica íntegramente The Clinic Online– realiza un recorrido por las etapas de la vida de Karadima. Una niñez normal, marcada por la muerte de su padre, la cercanía con su madre y hermanos y el sentimiento de ser sacerdote. Se incluye además su fase personal, sacerdotal y sus vínculos emocionales y sexuales.

El sicólogo Omar Gutiérrez del SML, escribió: “Respecto de su vida afectiva y sexual, señala que en el tiempo de la adolescencia se sintió atraído por las mujeres. Afirma no haber pololeado, ‘yo sabía que iba a ser sacerdote’. Niega masturbación, ‘es un pecado grave’. Señala ser capaz de manejar su castidad ‘gracias a Dios’”.

El profesional profundizó en el tema y Karadima le asegura que sobre el sexo, “nunca me ha interesado ese tema”.

Asevera haber sido “marcado por dos santos”. Uno de ellos el padre Hurtado y el segundo -no entrega su identidad- un sacerdote que va camino a ser nombrado como santo en el Vaticano.

“La ocasión hace al ladrón, si uno se expone, peca”, le indicó al sicólogo como fórmula para manejar el deseo sexual.

Tres tuercas

Sobre las víctimas, Karadima asegura que “están perturbados, son fantasías”, “no son normales en su manera de ser”. En su relato señala además que uno de los denunciantes es el “presidente de los gay de California, pero no me gusta hablar de ellos”.

Inquirido respecto a cómo le han afectado las denuncias y la decisión de Roma que lo sancionó por abusos sexuales, Karadima sacó la voz: “Yo soy como un avión, grande, muy grande, llevo 60 años de sacerdocio, me reconocen en distintos lugares del mundo, me escuchan en distintas partes, en Europa, en Roma, entonces esto es como que me reclamen por el menú, es como que por tres tuercas que están malas, no están considerando nada de lo anterior”.

Dentro de las conclusiones a las que arribó el sicólogo del SML, están las de su mirada sobre los demás: “Trata de mostrarse ante los demás como una figura benévola y con una fe absoluta en las personas, con una gran capacidad para establecer relaciones interpersonales armoniosas…”.

El profesional explica que Karadima inventa dolencias cuando se ve enfrentado a situaciones complejas que pueden sacar a relucir aspectos que no quiere mostrar.

“Frente a situaciones generadoras de estrés se siente sobrepasado, enfatiza en sus quejas somáticas, con el fin de evitar su responsabilidad en las experiencias en las que se involucra, generando ante situaciones con alto contenido emocional, nuevos síntomas somáticos. Al existir una gran variedad de quejas somáticas, llega incluso a describir síntomas que no se corresponden con algún cuadro orgánico conocido”, señala el informe.

En el peritaje, nuevamente el análisis de personalidad se dirige a la vida sexual y su vínculo con la figura masculina, principalmente para determinar cómo y por qué ejecutó actos que van contra la moral religiosa que asegura defender.

“Respecto de su sexualidad, es posible señalar que lo que prima es la angustia frente al rol masculino convencional, el que compensa a través de la sobreidentificación masculina en las respuestas que entrega en el test, esto se asocia principalmente con la dificultad en la configuración de la identidad sexual (…). Niega masivamente cualquier tipo de relación consciente con la sexualidad, sin mostrar angustias ni conflictos aún cuando éstos existen a nivel proyectivo, mostrándose como una persona sin impulsos libidinales”, se lee en el documento.

Por último, concluye el informe, Karadima es narcisista, egocéntrico, sobrevalora su imagen y “presenta fantasías de ser admirado por los demás”. También establece relaciones sociales instrumentales y busca la constante atención del resto.

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