Mil Tambores 7 A1

Vivo en un estado permanente de contradicción o, al menos, de paradoja. Hace rato que me aburrí de la literatura y de los artistas, aunque para ser más exactos, lo que me provoca malestar es el campo profesional que los determina. Tanta maraca culiá que se mira al espejo y se encuentra regia. Además, recorre el país una plaga culturienta que apesta. Creo que es tan peor como la política a secas.

Quizás sólo sea una sensación producida por la ciudad en que habito, siempre tan cargada al evento culturoso y artisticoide, eso me tiene más que chato. Entiendo tan bien a mis vecinas que deben baldear cada noche el meado que dejan estos putos artisticuchos que carretean en nuestras calles. Que Mil Tambores, que Seminario de la Crítica, que Puerto de Ideas, que chúpame el hoyo… ¿hasta cuándo chucha? Tan mascadores de glande que son los artistas de ahora, es impresionante. Como que el régimen estético imperante los hace estar en permanente situación de genuflexión.

Todo esto es resabio del socialismo español que inventó esta huevada de tomarse los lugares públicos para hacer circo y simulaciones callejeras democratoides, hijos de la gran puta. Y como estamos en Chile, los patipelados, caras de chilenidad profunda, cuando les permiten ocupar la calle se la toman para siempre. Y anda a sacar a esos culiaos de los lugares en donde levantan carpa; son más privatizadores que Lagos. A todos le gustó esto de vivir en un cotelé permanente (cocktails le llaman algunos).

Pero por otro lado, uno se emociona cuando ve una explanada porteña en primavera, como es el Parque Cultural, ocupado por familias, por niños elevando volantines o jugando a la pelota, o por una feria de diseño. Y esto no es hablar bien de una gestión, es la necesidad real de ocupar espacios que tiene la gente; y una ciudad o un Estado tienen la obligación de proveerlos. Lo mismo me provoca la actitud de unos vecinos que pusieron papelógrafos en los muros de la Plazuela Ecuador, zona cargada al litro y al rayado de paredes, para que el transeúnte los ocupe y escriba lo suyo. Quizás una iniciativa algo hippie, pero hay una voluntad de cortarla con la invasividad grafitera. Lo mismo ocurre con otros vecinos organizados por el tema de la basura.

Me refiero a que hay habitantes o ciudadanos, culturales o no, con muchas ganas de hacer ciudad, y eso es muy emocionante, sobre todo cuando el interés genuino proviene de una comunidad angustiada.
Por eso la tarea del momento para la gente decente de este magullado país es cagarse a la clase política, esa etnia fatídica que impide el deseo del habitante común. A los Pizarro, a los Girardi, a los Lagos, a los Meo y a tanto saco de huevas. Vamos por parte. La propuesta político cultural es que en todo el largor territorial se hagan primarias independientes para enfrentar las municipales y darles a estos putos una señal cívica potente. Hay que aprovechar que están en su peor momento. Hay que entrar en los municipios y cagarnos a los operadores políticos. Lo que tenimos que hacer es que el huevonaje más piola, el vecindario común y corriente, más algunos cuicos razonables y algunos descolgados de todos los sectores tomen la hegemonía política. Hay que promover esta movida en las regiones y comunas de Chile.

El mecanismo consiste en la coordinación entre organizaciones comunitarias, sindicales y otras asociaciones lejanas al control político partidario. La idea es levantar programa, más que un candidato. Recuerden que estos perros van a intentar atomizarnos financiando a los loquitos de siempre. Yo recomiendo hacer un seminario o encuentro programático en las comunas. Que en un proceso razonable de diálogo se pueda llegar a un acuerdo que tenga como base la responsabilidad política del vecindario. Hey dicho.

Nota: Ojo, pestaña y ceja con los operadores políticos que van ofrecer recursos y a tratar de colarse. Otra: lo de “conchesumadre” apunta al vaginismo estructural de esta propuesta emancipadora, como zona pilosa penetradora y receptora, y de producción neonata.