Rafael Guilisasti

Después de días de asumida la Presidencia de las Cascadas, sociedades controladoras de Soquimich (SQM) por Rafael Guilisasti, todavía no se entiende la movida. No hay duda que las explicaciones entregadas hasta ahora son solo obviedades que no tienen otro objetivo que maquillar una estrategia que fue muy mal implementada.

Guilisasti, respetado empresario, rico e influyente, con gran inclinación a ocuparse de temas de relevancia nacional, no se despertó una mañana y decidió saltar de su cargo de Consejero de Corfo a presidir el Directorio de las Cascadas por el desafío profesional que aquello implicaba. El nuevo cargo claramente conllevaba un gran conflicto de interés que por supuesto se analizó.

Por lo tanto, aquí nos encontramos frente a una operación política, marcada por el conflicto entre Julio Ponce, controlador de SQM, sus accionistas minoritarios y el rol que jugó en el financiamento irregular de campañas políticas. No debemos olvidar que hasta que no apareció SQM el tema de las platas políticas se circunscribía a PENTA y Ponce le advirtió en múltiples oportunidades al gobierno que debía interceder a su favor para terminar con el Caso Cascadas. A medida que Ponce se dio cuenta que no iba a recibir ayuda del gobierno, empezó a cumplir con sus advertencias, soltando información de los pagos para financiar campañas electorales.

Dado lo anterior, Ponce se convirtió en una piedra en el zapato para el gobierno. Corfo es arrendador de importantes pertenecias mineras a SQM, contratos que Ponce había incumplido. El ataque judicial de Corfo en contra de SQM, solicitando la terminación anticipada de los contratos de arriendo, es la herramienta que tenía a mano el gobierno para expulsar a Ponce de la escena económica y política del país.

Mirada la conducta de Guilisasti en forma aislada esta es impresentable, independiente de lo que diga la Contraloría o él mismo en su defensa. Nadie con un mínimo de respeto por los gobiernos corporativos, puede volar de un directorio a otro entre empresas que están envueltas en una contienda judicial de importancia, más aún siendo una de ellas el brazo empresarial del Estado de Chile.

Entonces queda una duda ¿Quién es el articulador que arrastra a Guilisasti a este contubernio? Escarbando un poco nos encontramos con Darío Calderón -conocido también como el Conde Negro- abogado con amplísimas redes en el mundo empresarial y político. Este operador es amigo de Guilisasti y asesor de Ponce.

Frente a una situación insostenible, Ponce decide que su mejor alternativa es vender SQM y así también adormecer el escándalo de las platas políticas. Para esto es necesario terminar el conflicto con Corfo ya que este implica una pérdida del valor de venta. Rafael Guilisasti aparece aquí como bisagra para lograr este objetivo.

Varios ministros fueron informados y ninguno puso objeciones a la estrategia para terminar los conflictos accionarios de SQM, y así defender una empresa que genera riqueza y trabajo para el país, neutralizar la arista política de este escándalo, pero por sobre todo para tranquilizar a los inversionistas internacionales.

Lo que está claro es que se olvidaron, o más bien no quisieron sociabilizar este camino con Eduardo Bitran, presidente de Corfo, quien decidió no llegar a un arreglín con Ponce e insistió en el camino judicial.

En resumen, los asesores de Ponce lo convencieron de vender SQM, él aceptó con la condición de lograr un buen precio. Así Calderón contactó a Guilisasti para mediar y arreglar el conflicto con Corfo y vender la compañía. Buen diagnóstico, mala estrategia y peor implementación.