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“La sociedad del abuso ya se terminó”, asegura Reinalina Chavarri, Licenciada en Sociología y Cientista Política de la Universidad Complutense de Madrid con un Post grado en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

La profesional, consultora del PNUD, abordó con The Clinic Online el escándalo por la colusión de más de 10 años entre CMPC Tissue y SCA Chile (ex PISA), en la que además del Grupo Matte está involucrado el exministro de Deportes de Sebastián Piñera, Gabriel Ruiz-Tagle, y en el que se consignan episodios cinematográficos como que en diciembre de 2011 ejecutivos de la papelera lanzaron computadores a las aguas del canal San Carlos para deshacerse de la evidencia que los incriminaba.

Para Chavarri, la conducta de los Matte y otros conglomerados económicos es parte de una problemática que involucra a toda la sociedad y que se relaciona con la pérdida de confianza entre los ciudadanos y la necesidad de una rehabilitación ética que, sostiene, ya está en marcha.

-La colusión es una fijación de determinación de precios que normalmente se trata de un acuerdo entre privados. En la práctica, pueden hacerlo, pero no de espaldas al cliente, sin información y sin consideraciones a un mercado competitivo y libre. Esto no es ilegal, es anti ético. Y de ética nunca se habla. La obligación de las empresas debería ser decir que los precios de sus productos no corresponden a factores asociados con la producción, sino a un acuerdo en los precios. Esto se relaciona con la competencia leal. Si hay dos empresas que ocupan el 90% del mercado, se debe pensar qué pasa también con el 10% restante y con los consumidores-, asegura.

¿Cómo afecta la confianza de los ciudadanos un acto de esta naturaleza?
En América Latina el consumo es vía precios, en suma, la gente compra lo que puede comprar, porque es más barato o porque puede pagar más. Uno decide de acuerdo a cuánto dinero tiene. Pero cada vez más la tendencia no es sólo adquirir, sino también preguntar cómo se hizo un producto, qué efectos tiene en la salud, si contamina o no. Es un cambio de conciencia que aún no está instalada. En lo medioambiental, por ejemplo, consumimos botellas sin preocuparnos por cómo se recicla, pero ya se debate al respecto. Por lo mismo la discusión aquí es sobre los valores, porque si todos reclamamos, pero vamos a comprar, por ejemplo, a las mismas farmacias los mismos medicamentos con lo que hubo colusión, todo queda igual.

¿Hay entonces una responsabilidad en cómo se consume?
Las instituciones legales están actuando, pero desde el punto de vista ético esto se relaciona con cómo la sociedad debe construir un nuevo marco social donde se respeten los deberes, los derechos y las responsabilidades. El empresariado tiene que hacer su reflexión y los ciudadanos tenemos también que preguntarnos qué consumimos y cómo consumimos.

¿Por qué se producen estos actos de colusión que ya se vieron en las farmacias, en los pollos?
El sistema en Chile propicia ciertas conductas que quedan en terreno de nadie. No puede ser todo, todo, todo regulado. Pero las grandes empresas tienen un marco regulatorio en el que ha habido avances y donde deben tener la discusión sobre qué es legal y qué es ético. Estos casos dejan en evidencia que esa definición debe adoptarse con estándares más altos. Importa la utilidad y la rentabilidad, pero también cómo se logra. Y la autoridad está sintonizando con la tendencia de hacer esas preguntas. Las empresas se han acostumbrado a abusar de la legislación que es laxa y ya no pueden, porque están siendo exigidas por los usuarios.

¿Un ciudadano más exigente en cuanto a la ética?
Sí, pero es extraño porque el ciudadano reacciona sólo cuando algo le afecta directamente. Así se dan casos como el de esta mujer que no le ofrece el asiento a otra mujer embarazada. La sociedad se acostumbró a vivir con márgenes demasiado amplios, las personas  a no responder más que a sí mismas, usando la ética en beneficios propio.

¿Pero eso está cambiando o no?
Claro, hay un cambio de comportamiento que en Chile comenzó hace un par de años y que está en desarrollo. Las empresas, las instituciones, la política se tiene que adaptar a un mayor control interno.

¿Será que nos acostumbramos a validar la pillería como algo casi positivo?
El país, por el paréntesis histórico y político que vivió, se acostumbró a la pillería. Hubo un grupo que tuvo que defenderse de un sistema que lo perseguía; otro, tuvo que silenciar la información que poseía; y otro, ejecutó decisiones. En toda esa vorágine nos perdimos la confianza.

¿Eso es lo que hay que recuperar?
Tenemos que recuperar los valores más allá de la legalidad. El país se rompió y recién en 20 años más las nuevas generaciones van a entender que tenemos que respetarnos más allá de la religión, o de las ideas políticas. Ahora tienes usuarios de una empresa de transporte que no respetan la regulación que dice: aquí se pueden sentar embarazadas, adultos mayores, etc. Cualquiera sabe que se debe ceder el asiento, y no se hace. En cualquier otro país eso sería impensable.

En el caso de los empresarios, ¿es necesario leyes más duras?
Sí, pero la ley no es suficiente. Es como cuando te pasan un parte porque no respetaste la señaletica. La sanción llega cuando ya se ha transgredido la norma y eso se ha visto con los partidos, con las empresas. Creo que el transfondo ahí se ve en nuestro propios eufemismos.

¿Cómo?
El problema es que en Chile se trata de pavo al que no anda pensando en la pillería. No creo que tengamos una cultura de la pillería, creo que estamos frente al deslumbramiento de una sociedad que fue rota en la convivencia democrática.

Desde ahí parte.
Si hay una ruptura en los valores que rigen el comportamiento esencial cívico, es obvio que recién estamos diciendo: esto que ayer fue permitido, ya no lo es. Es como cuando cambian la señal de una calle y dicen que no se puede entrar. Alguien podría decir: pero yo acá pasaba siempre. Pues bien, ya no se puede.

¿Por qué grupos que tienen tanta plata como los Matte hacen uso de estas prácticas?
Porque ponerse de acuerdo no es un delito tipificado y como no lo es, se hace. Se transgrede la norma porque se puede, por eso la discusión es ética, no legal. Es más profunda. Los Matte y todos debemos entender que la sociedad del abuso ya se terminó. Ahora hay una sanción social al abusador que no le da el asiento a la mujer embarazada, a la empresa que fija precios, a los partidos. Para ciertos grupos económicos poderosos ciertas prácticas se volvieron cultura. La sociedad dice que ya no, que ahora no son aceptables las conductas que no corresponden. Las empresas tienen que transmitir eso a todos sus estamentos para cambiar esas prácticas.