Asamblea Constituyente A1
Me dijo que el tipo era un protervo. Nunca había escuchado esa palabra, que significa obstinado en la maldad. Mi amigo profesor se refería al Guatón Pinto, que salía de portada en un diario local promoviendo impúdicamente a su candidato a alcalde. La imagen misma de la abyección política expresando su deseo. Estamos en peligro, por eso hay que actuar rápido al cagarnos a estos malditos.

Con este vecino del barrio, un gran constitucionalista, analizábamos el escenario político, y uno de los tópicos era la hedionda recomposición de la vieja guardia concertacionista para enfrentar el escenario electoral. Por otro lado, lo del proceso constituyente, que viene a ser una apuesta del gobierno por recuperar la hegemonía política. Aunque desde este jardín –que dicho sea de paso, está exuberante con la primavera rara que hemos tenido y me tiene para la cagada con la alergia– no se ve mal la propuesta de cabildeo. Igual pone de protagonista a la gente.

El profe no cree mucho en el papel, en la Constitución, y citaba a De la Vega Benaya: “El hombre, más la norma, más el hecho”. Además de mi contador, que debo verlo esta semana en San Antonio, y de mi asesor espiritual con el que debo viajar a un encuentro de compañeros de curso, ahora cuento con un constitucionalista personal. Todos vecinos. El proyecto es cubrir todos los flancos. Lo que está de más es el relato ideológico, pienso. La tarea política del momento es la lucha vecinal, ahí están todas las aristas de lo público. Mi asesor constitucional cree que, además, es necesario un reglamento que haga efectivo el chiste de la alta dirección pública. La cosa se ve fea a nivel de probidad: según el profe, Abott habría negociado algunas cositas. No hay que afectar los grandes poderes, ese habría sido el mensaje: tanto la presidenta como el financista Luksic y los otros pueden estar tranquilos. La plana mayor del poder apuesta a que el tiempo administrativo neutralice los vientos de probidad y vuelva el ejercicio pleno de la arbitrariedad.

Aunque el plan del gobierno sobre el tema constituyente no parece ir en ese sentido. El anuncio del cabildeo suena como algo hippie en el contexto que vivimos, como de casa okupa, entretenido. A pesar de que todo, finalmente, dependerá del parlamento. ¿Qué nivel de representatividad tendrá en ese entonces? Yo le temo al izquierdismo pelotudo, con su voluntarismo pasado a caca. Porque mucho constituyente cree en una especie de panacea de la participación ciudadana; como si ahí hubiera una verdad salvífica. Está claro que los mecanismos de diálogo y comunicación son clave para decidir pasos republicanos, pero se va a llenar de sacos de huevas mesiánicos el asambleísmo comunitario. ¿Habrá masa crítica para descentralizar el país, para recuperar el agua, para que el Estado cumpla otro rol, para los temas de propiedad, borde costero, etc.? Esperamos que así sea. La derecha y la Concerta han construido un país de clientes chupapico, que exhiben orgullosos el grado cero de la dignidad.

Un simple jardinero marxista, orgánico, como yo, a lo único que puede aspirar (en términos de proceso revolucionario) es a que las comunidades locales recuperen la vida ciudadana; concretamente, atacar los municipios. Insisto en primarias independentistas. Ahí está la lucha, casa por casa, ventana a ventana. Yo creo que con chispeza podemos lograr que todos los culiaos se alineen, y recuperar las comunas para la República.
La imagen del protervo me persigue como un síntoma. Es la cruda y ruda descomposición del régimen político que aún ap(u)esta a recuperar el terreno perdido. Incorporé dicha palabra a mi retórica personal; “sale pa allá protervo culiao”, les digo a mis enemigos.