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¿A qué edad te interesaste por las ciencias?
-Siempre me interesó la física, la ingeniería eléctrica y cómo se movían las cosas, pero cuando vi la película Jurassic Park aluciné con los dinosaurios. Y opté por la biología. Cuando estuve a punto de salir del pregrado, me metí en la biomecánica animal para estudiar cómo se mueven, saltan, trepan y nadan los bichos.

¿Con qué animales empezaste a investigar?
-Mi primera investigación han sido los pollos dinosaurios. Llevo doce años en el tema.

¿Cómo se te ocurrió la investigación?
-Se sabe que las aves evolucionaron de los dinosaurios terópodos, aquellos de dos patas y que por lo general comen carne. Hay que decir por lo general porque ahora apareció nuestro chilenosaurio que resultó ser vegano.

Y muy chiquitito.
-Como un quiltro. Es genial nuestro ornitorrinco dinosaurio. La cosa es que entre los dinosaurios y las aves hay muchas similitudes y diferencias. Una de las diferencias es que las aves tienen grandes alas y menos cola que sus antepasados dinosaurios. Durante la evolución de las aves, para que pudieran controlar su vuelo, el centro de masa, donde está equilibrado el cuerpo, se fue hacia delante y se acortó la cola.

¿Dónde está ubicado ese centro de masa?
-En las aves está mucho más cercano a la rodilla, porque tienen las patas flexionadas hacia delante. Y eso hace que caminen con la rodilla, porque el fémur lo tienen quieto y medio horizontal. Eso se sabe. Lo que no sabíamos es qué pasaba con los tiranosaurios, los velocirraptos o los terópodos primitivos. Lo único que sabemos es que tenían una cola carnosa hacia atrás, menos alas porque no volaban, por lo tanto tenían los brazos más pequeños, lo que hacía que tuvieran menos masa adelante que atrás, lo que provocaba que su centro de masa se desplazara hacia su cadera. Suponemos que si el centro de masa está al nivel de la cadera, entonces los animales debieran moverse con todo el fémur y con la pata entera como nosotros. Es así, como buscando info, llegué a un experimento fallido que hicieron los biólogos norteamericanos Matthew Carrano y Andrew Biewener para ver cómo caminaban los dinosaurios.

¿Qué hicieron?
-A un gallo adulto le colocaron una cola artificial con un peso para ver si caminaba con fémur o no. Y más que mover el fémur, las gallinas no se movieron. Ellos dijeron que se debía a que les faltaba un musculito- el caudofemoralis, que une el fémur con la cola- y como las aves no lo tienen tan desarrollado, no podían hacer nunca que un ave caminara como un dinosaurio. Y ahí se zanjó. Lo bonito es que en la ciencia los casos nunca están cerrados.

Y tú reabriste el caso.
-Exacto. Consideré que el diseño experimental no estaba bien hecho. Para empezar usaron gallinas adultas. Y no, había que usar gallinas desde el primer día de eclosionadas para que se acostumbraran a la cola. De hecho, al primer día de nacidos les puse su camita y una colita atrás. Tampoco había que hacerlas caminar una vez a la semana en una trotadora, como lo hacían ellos, sino que tenían que vivir en un ambiente libre para que caminaran todo lo que quisieran. Y, efectivamente, mis pollos tuvieron resultados.

¿Qué les pasó?
-Mis pollos dinosaurios caminaron como pensábamos que caminan los dinosaurios. O sea, movieron el fémur completo. La gente en Harvard encontró sorprendente cómo resolvimos este problema de forma tan fácil. No necesitamos clonar un pollo. Podría haber sido muy interesante noquearle algunos genes para transformarlo, como lo hizo un amigo, Alexander Vargas, que creó a partir de genes dedos de pollos para entender los dedos de los dinosaurios. Pero no le hicimos nada al pollo. No le metí ninguna inyección. No agarré su embrión. No le puse otros genes. Solo le puse un sopapo en la cola.

¿Y los pollos sufrieron con el sopapo?
-No lo puedo saber. No tengo el test de felicidad de los pollos. Te puedo decir que no hubo ningún nivel de diferencia de comportamiento entre ellos y otros pollos. De hecho, hice el análisis en rayos x de sus huesos y no encontré diferencias. Pero sí hubo en la forma de moverse: Empezaron a caminar con la pata completa, con pisadas mucho más grandes, una cosa muy rara para un pollo. Pero pasan piola. La gente tampoco entiende mucho de pollos.

¿Por qué los pollos caminan en puntilla?
-Es que caminan con los dedos y lo que uno ve como rodilla, en verdad, es su tobillo. Lo que pasa es que tienen los segmentos más largos. Y su fémur es más corto y lo tienen escondido entre sus alas. Pero uno no ve eso, y lo que vemos es como si la pata la tuvieran al revés. Y no es así. Lo primero que habría que hacer es educar a la gente para que sepa cuál es la pata del pollo.

¿Qué has aprendido de los pollos que desconozcamos?
– No sé tantos datos de las gallinas. Ni siquiera las encuentro muy inteligentes. Pero quién soy yo para juzgar a una gallina. En todo caso, siempre he sido curioso con los animales. No hay animal al que no le pegue unas seis miradas para ver cómo se mueven.

Te gusta buscarle la quinta pata al gato.
-Sí, pero es más fácil encontrarle la quinta pata al burro. Pero en realidad uno después dice “ah, esa no era una pata”.

¿Sino qué?
-Se llama otra cosa: ¡se llama pene!, ja, ja, ja. Pero lo que me llamaba la atención de las gallinas es su cabeceo que es muy similar al de las palomas cuando caminan.

Un cabeceo bien ondero…
-Súper estiloso. Y es el cabeceo que hice en la recepción de mi Ig Nobel, porque si hubiera caminado normal, no habría sido tan entretenido.

¿Por qué hacen ese cabeceo?
-La ciencia del cabeceo dice que es por un tema ontoquinético. O sea, a los pájaros no les gusta que se les mueva el mundo. Bueno, a nadie le gusta que se les mueva el mundo sobre todo cuando estamos borrachos. Como las gallinas no pueden anclar, lo que hacen es moverse rápido y luego dejan la cabeza quieta en el universo. Es como un steadycam. Esto es lo que estoy estudiando en mi post doctorado. Me intriga saber si algunos dinosaurios realizaban o no el cabeceo, como lo hacen algunas aves. Y colateralmente creo que eso les genera ventajas energéticas en la locomoción. Cuando camina lo hace más eficiente, porque rompe el punto de inercia al momento de empezada la caminata. Y eso lo quiero probar con robots.

Te aburriste de las gallinas reales.
-Es que no me gusta mantener animales en cautiverio. Ahora quiero experimentar con robots con forma de dinosaurios . Si el costo de cabeceo de los robots es menor que los sin cabeceo, podría decir “las aves también pueden hacer eso, porque les hace más eficiente la locomoción”. Y si lo hacen las aves, ¿cómo no lo va a hacer un tiranosaurio rex que tiene la cabeza gigantesca y mucha menor inercia en su cabeza? Con eso cambiarían muchas cosas.

¿Cómo qué?
-Tendríamos que cambiar todas las películas de Steven Spielberg. Y reconfigurar a estos animales caminando con el cabeceo. Imagínate que el mundo cinematográfico todavía muestra a los dinosaurios sin plumas. Y se sabe que los velociraptor tenían plumas en muchas partes de su cuerpo. Pero encuentran ridículo ponérselas. Dicen que nadie se escaparía de un dinosaurio con plumas y los siguen poniendo como malos de la película. Y no son así.

LA MOTO CON COLA
¿Será importante saber si los dinosaurios cabeceaban?
-Todas las preguntas y sus respuestas son importantes. ¿Qué será importante para la humanidad? No lo sé a corto plazo.

Muchos académicos deben restarle importancia a tu trabajo.
– Las ven absurdas y ridículas. Probablemente si me preguntaran la importancia de mis investigaciones diría que nada. Mis profesores me decían “Ya está haciendo el loco”. Todo porque en mis clases me muevo como un dinosaurio, me subo a la mesa, para mostrarles a mis alumnos cómo estos se movían. Y no lo hago para hacerme el gracioso, sino para que entiendan. Lo bueno es que con este premio me están respetando un poco más. Al menos mi forma de hacer clases en el taller de biomecánica animal en la Facultad de Ingeniería de la Chile, se está viendo con otros ojos.

Entiendo que ese taller es uno de los más exitosos…
-El más exitoso que existe en el campus, en la universidad del universo, de la universidad universal, ja, ja, ja. Y básicamente es por mi llegada a los alumnos. El profe no tiene por qué estar empaquetado, hablando serio y con voz impostada, sino ser capaz de subirse arriba de la mesa sin ninguna vergüenza y moverse como dinosaurio si la situación lo amerita.

¿Qué proyectos locos han salido de tu taller?
-Cosas muy divertidas como trajes de buzos inspirados en la piel de tiburón o la ardilla voladora. Otro proyecto es crear una moto con cola.

¿Cómo así?
-Sí, una moto con cola inspirada en Chita para que la moto pueda tener maniobrabilidad al momento del giro. Cosas que parecen rarísimas, pero que se pueden hacer. No me extraña que serán parte del futuro. Por ejemplo, me invitaron a Bélgica a trabajar con la cola de los caballitos de mar que es bien especial, es prensil y muy ágil. Allá están utilizando maquinaria 3D para hacer colas grandes de caballitos de mar que pretenden usar en ingeniería. Capaz que en el futuro no nos pongamos una prótesis en la mano, sino que un tentáculo de caballito de mar.

Sería muy raro.
-Sí, pero se está haciendo. Pero falta para eso.

¿Les falta locura a los científicos chilenos?
-Les falta creatividad. Cuando uno es creativo en ciencias te echan pa abajo. Uno tiene que irse pa fuera pa que lo aplaudan. Es siempre así. También a los científicos chilenos les falta irse en volá, desordenarse, despeinarse. Son muy hijos de Oxford. Les gusta más la cantidad que la calidad. Y no hablo de Harvard porque ahí son mucho más locos que acá.

Entonces, es medio falso que los científicos sean unos locos.
-Sí. Un cliché. Los científicos son los más serios del mundo. Ojalá fueran locos como yo.

¿Qué tienes de loco?
-Fui karateca, soy campeón panamericano de taekwondo y sudamericano de kung fu, me metí a un reality show y me encanta inventar, gozar y salir a carretear.

Te gusta escribir cuentos.
-Me encanta. Mi gran virtud es la creatividad, como nunca fui tan buen estudiante ni me fue bien en la academia, nunca cerré a nuevas ideas. Una de mis armas para mantenerme afilado es escribir una narrativa coherente sobre cosas que no existen.

¿Sobre qué escribes?
-Mi vida amorosa, un cuento muy lindo, porque fue cuando me di cuenta que podía escribir al ver a todos mis amigos que amaban a Corín Tellado sin que lo supieran. Porque yo escribía como ella y nadie cachaba y les encantaba.

¿Eres buen lector?
-Pésimo. Leo a Issac Asimov, he lidiado con Borges mucho tiempo- el autor más citado por los científicos, con más de cuatro mil citas- y con Dostoievski. Y me pierdo. Tengo un hermoso déficit atencional.

Estuviste en el reality 1810. ¿Por qué?
-Me gusta la tele. Y entré porque me gustó Protagonistas de la Fama. Y para entender mi ego, que no es reducido. También me dieron ganas de ganarme 60 millones de pesos y poder entregar mi proyecto científico en la televisión. Pero no logré ganar nada: renuncié al mes y me fui. Lo encontré muy fome y aburrido.

Tus amigos en Facebook dicen que con el Ig Nobel te has puesto bien farandulero.
-Sí, pero esos son amigos desde hace poco, porque los de siempre saben que nací farandulero. Me gusta mostrarme. Soy un show businees. Me gusta el show, las cosas poco fomes, la parafernalia, que todo sea activo. Y eso lo extrapolo a todo. Soy de la idea de que las clases no pueden durar una hora y media, sino que a lo más una. Nadie puede aguantar ese ritmo.

LOS IG NOBEL
¿Cómo fue la premiación de los Ig Nobel?
-Habían muchos Premios Nobel. De hecho, recibí el premio de tres Nobel que no tenía idea quiénes eran hasta que recibí el diploma y vi sus nombres. Pero igual cuando los vi les dije “wow, muchas gracias, nunca había conocido a un Nobel como usted, gracias por salvarnos la vida a toda la humanidad, ja, ja”.

Hubo premios a investigaciones llamativas. Por ejemplo, a un científico que dejó que lo picaran cientos de abejas en su pene.
-Nunca dejaría que las abejas se posaran sobre mi pene. Ni cagando. Hay una investigación ganadora, que me llamó mucho la atención, y es la de los perros que se orientan con el campo magnético para hacer caca.

¿Eso es real?
-No sé. Se supone que los perros dan unas vueltas, se alinean de una manera y terminan haciendo caca. Es increíble. Me dan ganas de ir a un parque y censar los perros que hacen caca para saber dónde están mirando. Es heavy pensar que los perros caguen mirando al sudeste. Hay otro científico que puso una rana en un campo magnético y la hizo levitar. Y eso sí que es real. Ese personaje se ganó un Ig Nobel y después el Nobel de verdad con un estudio sobre el grafeno.

¿Qué implicancia tiene ganarse un Anti Nobel?
-Entre paréntesis no me gusta que les digan Anti Nobel, es peyorativo. Hay gente que se ha ganado el Ig Nobel y después el Nobel de verdad. Y, evidentemente, no creo que exista ciencia ridícula, sino que ciencia bien hecha o mal hecha. Ganarnos el Ig Nobel ayudó a ver la investigación científica con otros ojos, sin prejuicios. Y los Ig Nobel son premios que primero hacen reír y luego pensar. Efectivamente, esta investigación hace reír, porque es divertido que vean un pollo con un sopapo en la cola. Pero después te hace pensar sobre cómo movían sus piernas los dinosaurios, donde estaban sus centros de gravedad y qué importancia tenían sus colas.

¿Y a los Ig Nobel te invitan a participar o se postula?
-Te invitan y también uno postula. Este año postularon 70 mil trabajos. En el caso de nosotros, nos llamaron para ofrecernos ganar la categoría de Biología. Aceptamos, pero nos prohibieron decir que éramos los ganadores. ¡Estuve seis meses sin contarle a nadie y sin poder usar ese dato para conseguirme dinero! Esto es importante que lo digas: quiero contactarme- y podría ser el titular de la huevá- con Leonardo Farkas porque quedé con un hoyo financiero, porque esta huevá no me la pagó nadie.

¿No te dio plata la Universidad de Chile?
-Ni la Facultad de Ciencias ni la Universidad de Chile me dieron un peso, pero ahora están arriba del carro con “el biólogo de la Chile que se ganó bla bla bla”. Ahora da lo mismo. Tengo un Ig Nobel y filo.

¿Por qué no te apoyó la universidad?
-No hay mucho interés en la biomecánica animal. Entiendo que hay pocas lucas y esas haya que pasárselas a los profesores que llevan miles de años, muy serios, o que están ultra comprobados en Estados Unidos, Europa o Singapur. Entiendo que se caguen de susto de apoyar una investigación sobre los pollosaurios. Tampoco soy de los que se quejan de que falta plata. Es cierto que falta plata para la ciencia. Pero también para las artes, las humanidades y muchas más cosas. Y yo no voy a estar poniendo la bandera mía solo porque soy científico. Hay muchas batallas por lidiar empezando por darle plata a los viejos y a la educación.

¿Y cuánta plata quieres pedirle a Farkas?
-Unos millones. Quiero que me apadrine y ayude a financiar mis aparatos de biomecánica animal evolutiva, que estoy haciendo en el Centro Tecnológico de Minería Avanzada, y que colateralmente pueden ser usados en los túneles de minería. A cambio prometo usar una polera con un esténcil suyo que diga “El hombre orquesta se puso con la ciencia”.

Sácame de una duda: ¿Qué pasó con tus pollos? ¿Pasaron a mejor vida?
-Con los coautores del proyecto los sacrificamos para hacer el estudio de los huesos.

¿Te los comiste?
-No, no eran pollos muy ricos. Si hubiera sido así se los habría vendido a Ariztía o Agrosuper. Imagínense: pollos con cola traen mejor carne, ja, ja, ja. Pero, hablando en serio, para hacer el estudio de los huesos tuve que perder la carne.

¿Te encariñaste con ellos?
-Siempre me encariño. Y tuve ciertos cuidados. Estos pollos probablemente iban a terminar en un supermercado y en un asado. Y su vida no habría sido más de un mes. Puedo decir que mis pollos no vivieron así, no estuvieron en una jaula y vivieron tres veces más.

¿Tus compañeros del proyecto – José Iriarte, Omar Larach, Rodrigo Vásquez, Mauricio Canals- también se mueven como pollosaurios?
-Ninguno. Soy el único, el pollosaurio máximo, el pollosaurio alfa, ja, ja, ja.