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A eso de las 16 horas de la tarde de este jueves llegó hasta tribunales el cardenal y Arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, para declarar en el marco de la demanda civil contra la Iglesia interpuesta por las víctimas del ex párroco del Bosque, Fernando Karadima, esto por supuesto encubrimiento ante los abusos denunciados.

“El testimonio que entregará el cardenal Ezzati es muy relevante, en rigor vital, ya que él encabeza la institución que según nuestra postura tuvo un comportamiento que afectó de manera negativa a mis representados. Y esperamos que en esta instancia se aclaren muchas verdades sobre lo que se investiga”, dijo el querellante Juan Pablo Hermosilla, quien representa a James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo.

El jurista añadió que “durante las últimas semanas hemos conocido nuevos antecedentes, como por ejemplo el intercambio de correos electrónicos entre cardenales (Ricardo Ezzati y Francisco Javier Errázuriz), que es necesario explicar en el contexto de nuestra demanda”.

Ezzati presta declaración frente al juez Juan Manuel Muñoz en la Corte de Apelaciones.

Posteriormente, el próximo 11 de noviembre, declarará el propio Karadima, y el viernes 20, en Valdivia, lo hará el cuestionado obispo de Osorno, Juan Barros.

El cardenal Francisco Javier Errázuriz afirmó en su declaración entregada ante el ministro Juan Manuel Muñoz que cuando aparecieron las primeras denuncias en contra del cura Fernando Karadima por abuso sexual no las creyó por la “fama hasta de santo” que tenía el sacerdote y por la falta de pruebas de las acusaciones.

El religioso explicó en su domicilio ubicado en calle Suecia en Providencia que cuando surgieron las primeras denuncias y acusaciones contra Karadima no les dio gran importancia y derechamente no las creyó “porque el derecho canónico pide que uno inicie una investigación cuando llegue una denuncia que a los menos sea verosímil”.

En esa línea el arzobispo emérito precisó que además pesó mucho en ese entonces que “la fama del padre Karadima era extraordinaria, tenía hasta fama de santo, con tal fama lo que era cierto, es decir la denuncia en esa época no la creí”.

Al ser consultado por un posible encubrimiento por parte de la Iglesia chilena en torno a este caso, el cardenal juró de guata que “no existe en mi conciencia, memoria de haber encubierto abusos sicológicos sexuales ni ministeriales, ni tampoco existió intento de silenciar o acallar las denuncias”.

 

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