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Los equipos de rescate prosiguieron este sábado la búsqueda por supervivientes del alud de lodo y residuos minerales que arrasó el jueves siete poblados del sureste de Brasil en uno de los peores accidentes mineros del país.

La ruptura de dos diques en un complejo minero de la empresa Samarco en el municipio de Mariana provocó una ola de barro y productos minerales que barrió todo lo que encontró a su paso a lo largo de unos 60 kilómetros, con el más reciente balance de un muerto, 16 heridos y 25 desaparecidos.

El alcalde de Mariana, Duarte Junior, actualizó el número de desaparecidos en una rueda de prensa y avisó que este puede “disminuir o aumentar” conforme lleguen nuevas informaciones de los vecinos de las zonas afectadas.

Los dos pueblos más castigados son Bento Rodrigues y Paracatú de Baixo, ambos dependientes del municipio de Mariana, y donde pocos edificios quedaron en pie tras el paso de la avalancha.

En las búsquedas participan unos 200 efectivos de los bomberos, la Policía, la Defensa Civil y el Ejército, cuerpos que solo consiguieron llegar a las zonas más afectadas este sábado, una vez que el barro se solidificó.

Hasta ahora las tareas de búsqueda de víctimas se habían realizado principalmente en helicóptero y con la ayuda de drones y no tuvieron resultado.

La mayoría de las personas que vivían río abajo fue avisada por teléfono, según Samarco, y dispusieron de unos minutos antes de la llegada de la avalancha para huir por sus propios medios.

El órgano de Defensa Civil calculó que hay unos 2.500 damnificados, parte de ellos se alojaron en casa de familiares, otros en hoteles pagados por la empresa minera y el resto se ha refugiado en un albergue habilitado por la Alcaldía de Mariana en un pabellón deportivo.

Cerca de 300 personas se encontraban aisladas en el poblado de Pedras, otro distrito de Mariana, porque el barro cortó la carretera, según informó la Cruz Roja.

La mayoría de los desaparecidos, trece de ellos, son trabajadores de la mina, uno de ellos empleado por la propia Samarco y otros doce de empresas subcontratadas.

Otras doce personas, de ellos por lo menos tres niños de cinco a siete años, son vecinos de Bento Rodrigues, poblado que está a dos kilómetros y medio de la mina y donde vivían unas 600 personas.

Este pueblo fue prácticamente borrado del mapa, pues la avalancha destruyó 158 de las 180 casas que lo componían y las 22 viviendas restantes, aunque quedaron en pie, sufrieron cuantiosos daños.

Otras aldeas y pequeñas poblaciones sufrieron daños de diversa magnitud y la ola de residuos cargados de metales enterró una gran extensión de campos fértiles en el valle del río Doce.

El gobernador de Minas Gerais, Fernando Pimentel, calificó la riada como “el mayor desastre ambiental” ocurrido en este estado, el segundo más poblado de Brasil, con cerca de 20 millones de habitantes, y que ya ha sufrido varios accidentes similares, puesto que, como su nombre indica, es una importante región minera.

El lodo no solo destruyó las viviendas, arrasó a su paso tierras de cultivos y pastos y alcanzó, con su contenido de metales pesados, el cauce del río Doce, uno de los mayores del sureste de Brasil y cuyo caudal se ha elevado más de un metro.

Samarco, controlada por la brasileña Vale y la australiana BHP, dos de las mayores mineras del mundo, informó que el lodo no es tóxico para el ser humano puesto que está compuesto principalmente por sílice, mineral encontrado en la arena.

El ingeniero Germano Lopes, responsable del plan de emergencia de Samarco, afirmó hoy que “no hay información” de que haya ocurrido un “impacto ambiental” y recordó que “el hierro es un elemento encontrado en la naturaleza”.

Lopes también descartó la posibilidad de que se pueda romper el dique de otro depósito de residuos que se encuentra en el complejo minero y aseguró que está siendo monitorizado de forma constante y no presenta ninguna fisura.

La empresa todavía desconoce los motivos que llevaron a la ruptura de los diques de dos depósitos usados en el complejo minero, uno de los cuales tenía agua y el otro, los residuos producidos durante la extracción de hierro.

La empresa estaba realizando una obra para elevar el tamaño del dique del depósito de residuos, llamado Fundão, según confirmó hoy el director de operaciones de Samarco, Kléber Terra.

Según las cifras divulgadas por Samarco, fueron vertidos cerca de 7 millones de metros cúbicos de residuos minerales, en su mayoría de sílice, y 55 millones de metros cúbicos de agua.

El Servicio Geológico de Brasil anunció que está vigilando de forma permanente el nivel del río Doce, cuya crecida puede afectar a una veintena de municipios de los estados de Minas Gerais y Espírito Santo, en el litoral.