Farmacia Popular A1

En su famoso ensayo “La Competencia como Proceso de Descubrimiento”, el economista austríaco Friedric Von Hayek -uno de los padres del pensamiento neoliberal-, concluye afirmando que “sería fatal que las sociedades permitiesen que la voluntad colectiva dirija los esfuerzos de los individuos; el poder del gobierno, en cambio, debiera confinarse a defender a los individuos de las presiones de la sociedad”.

Hayek ve en la libre competencia de productores privados, que interactúan mediante precios no regulados, la manera más efectiva para resolver el problema de la producción y asignación de bienes. Cualquier otra forma sería descartable. El rol del Estado, por lo tanto, se reduce a asegurar las condiciones para la libre competencia: especialmente, garantizar el derecho a la propiedad. Cuanto mucho, entregar uno que otro subsidio que permita crear mercados donde no los hay, o incentivar la misma competencia entre privados.

Esta concepción, hecha modelo económico a sangre y fuego en nuestro país, nos rige hasta el día de hoy.

El altísimo impacto y visibilidad pública de la iniciativa de Farmacia Popular de la Municipalidad de Recoleta reside justamente allí. Pone en cuestión la base sobre la que se sustenta el modelo neoliberal: que el mercado es, en todos los casos, el mejor asignador de bienes. Lo hace en un sector olvidado en el debate público pero de altísimo impacto para todas las familias: la salud y, específicamente, los medicamentos. Y generando un impacto altísimo en la calidad de vida de miles, para quienes el gasto en medicamentos significa una proporción muy elevada de su presupuesto.

La Farmacia Popular nos recordó que el mercado de los fármacos -como casi todos en Chile-, está en extremo concentrado y posee una serie de características que lo alejan del ideal de “competencia como proceso de descubrimiento”. Por el contrario, el poder de mercado de laboratorios y farmacias, la integración vertical y la desregulación, terminan generando una solución de mercado ineficiente -en que el precio de los medicamentos está muy por sobre su costo económico-, y absolutamente indeseable desde el punto de vista distributivo -transfiriendo recursos en forma de rentas monopólicas desde los usuarios a los dueños de farmacias y laboratorios-.

El impacto en precio de la Farmacia Popular es sobresaliente: muchos medicamentos cuestan una décima parte, e incluso menos, que en las farmacias tradicionales. Esta reducción se logra principalmente mediante tres canales.

Primero, compra a través de la Central de Abastecimiento del Sistema Nacional de Salud (CENABAST), que utiliza el poder negociador del Estado para obtener precios de costo relativamente competitivos desde los laboratorios. Así, termina con buena parte de las rentas monopólicas que obtienen éstos, constituyendo una transferencia de recursos desde los laboratorios a los usuarios.

Segundo, no obtiene márgenes sobre los precios de costo, como lo hacen las farmacias. Estas últimas, valiéndose de la concentración de mercado, ponen sobreprecios que les permiten hacerse, al igual que los laboratorios, de rentas monopólicas. Así, se transfieren recursos desde los dueños de las farmacias a los usuarios.

Tercero, utiliza un modelo de gestión que reduce los costos operacionales. Funciona por encargo y en horarios limitados, reduciendo costos de inventario y de funcionamiento.
De esta manera, la Farmacia Popular resulta mucho más eficiente y más equitativa desde el punto de vista distributivo, que la solución a la que llega el mercado a través de la libre competencia.

Lo que relegitima esta experiencia es, por lo tanto, la posibilidad de pensar un modelo distinto. Un nuevo rol del Estado en la economía, más allá incluso de la noción de “asegurar derechos”: involucrarse en la cadena productiva -en este caso en la distribución-, no necesariamente introduce “distorsiones”, como nos han repetido incansablemente. Puede generar justamente lo contrario.

La experiencia de Recoleta es un golpe al corazón del modelo neoliberal. La reducción del precio de los medicamentos generará -cuando se extienda esta experiencia- un impacto concreto, material, en la calidad de vida de cientos de miles de familias. Y lo hará con un paradigma alternativo.

¿Por qué no cambiar el sistema de salud completo? ¿Por qué seguir permitiendo el lucro en educación? ¿Por qué un puñado de transnacionales se apropia de nuestro cobre?

Las cosas se pueden hacer distinto que como nos han enseñado los últimos 40 años. La Farmacia Popular lo demuestra.

*Nicolás Bohme es Economista de la Universidad de Chile