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Como cada vez se ha ido desmitificando más que la masturbación es una actividad propia del género masculino, sino que más bien es una práctica habitual que atañe a ambos sexos, es preciso preguntarse si todas las mujeres caben en esa categoría.

Así por ejemplo, a alguien se le ocurrió hurgar en la vida de las inocentes princesas Disney y éstas fueron las certezas que encontró, según vice.com

En el caso de Blanca Nieves, el texto cita que dice “pues mira, son muchas y de muchos tipos. Por ejemplo hay princesas que pasan noches enteras en la meca del porno fino: Tumblr, una red de contenidos que muy probablemente es la culpable de esos extraños gemidos en el cuarto de tu hermana. Empiezas con gatitos y terminas con fotos de coger y videos de coger y por supuesto: gifs de sexo duro, a todas las princesas les encantan esos gifs y ver esa cara de placer repitiéndose hasta que se vienen”.

Sobre el tipo de porno que ven las princesas, la contesta es Ariel: “Le doy la palabra e inmediatamente saca de una bolsa de concha un celular, se tira al suelo y se arrastra con sus brazos y aleta hasta donde estoy, tiene la mirada sexy. La veo y me pregunto: ¿Cómo le hacen las sirenas para masturbarse? Ariel me acerca su celular y en él veo un video de la vaquerita de Toy Story lamiendo a la novia de Woody”.

Según la Sirenita, “el 80 por ciento de las princesas ven porno de lesbianas. Aquí en el CPPMF hemos llegado a la conclusión de que este comportamiento se debe a que el porno heterosexual generalmente está enfocado en el placer masculino y no le da su lugar al orgasmo femenino: la princesa es sólo una funda para el pene brutal del hombre. En el porno lésbico, en cambio, la lengua de una princesa roza suave y amorosamente el clítoris de otra para cocinar lentamente su orgasmo. La mayoría de las princesas que usan el porno lésbico para mojarse no son necesariamente lesbianas, sólo viven con la fantasía y en algunos casos con la ilusión de algún día chupar a su mejor amiga”.

El relato, creación de la articulista y no real (vale la aclaración), pasa a la pregunta ¿cuántas veces al día se masturban las princesas?

Aquí es Mulan, otra de las salvajes la que contesta:

“La mayoría de las princesas lo hacen diario, aunque hay las que aseguran que no lo necesitan. Suponemos que son las princesas más tristes, ya que también coincide que son las que porno más convencional consumen y las que se escudan en el argumento antes mencionado de “Yo no lo necesito, tengo con quién coger” para negar su miedo a las posibilidades sexuales solitarias. Las princesas más libres en cambio, lo hacen de tres a cinco veces al día.

¿Cuál es el mejor orgasmo que han tenido las princesas? es otra de las interrogantes que aparece en la crónica.

La Cenicienta cuenta que…”estaba en un viaje y fui a dar un rol por la ciudad porque estaba aburrida, entonces me metí a un bar. Pedí una cerveza y luego otra y otra. El bartender me empezó a tirar la onda. El tipo no estaba nada mal, me dio un poco de desconfianza pero el tequila la verdad me pone un poco caliente y para saciar mis ganas de coger sin arriesgarme a acabar en un bote de basura o desaparecida en un canal de esa ciudad decidí meterme al baño y pagar la módica cantidad de cinco euros por un mini dildo y masturbarme ahí”.

También aparece el relato de Pocahontas.

“Yo me había peleado muy fuerte con John Smith, por culpa de una chica. No me engañaba con ella hasta donde yo sé, pero siempre andaban juntos y yo soy muy celosa y eso hizo que discutiéramos y todo terminara mal. Esa noche me llamó más tranquilo para arreglar las cosas, yo le insistí muchísimo para que me confesara si había tenido algo que ver con ella. No hubo nada, pero reconoció que le gustaba mucho y que se imaginaba cosas con ella. No sé por qué pero al mismo tiempo que me hirió, me excitó. Tenía las mismas ganas de llorar que de cogérmelo. Le colgué, pero mi mente no se quedó tranquila, comencé a imaginar cómo la besaba, cómo la desvestía, cómo la tocaba, cómo la hacía gemir. Cuando me di cuenta ya me estaba maturbando, pensando en ellos. No te puedo describir la sensación, fue mil veces mejor que cualquier otra vez, fue mil veces mejor que tener sexo con él, te juro que la visión se me borró cuando estaba en pleno orgasmo. Me puse a llorar después”.

Mulán dice en tanto que “una vez, hincada, usé dos cepillos de mango ancho, y me introduje uno en la vagina y otro en el ano, acomodándolos de forma que mientras me moviera, pudiera meterlos y sacarlos. Todo esto acompañado por un cepillo eléctrico en el clítoris. Me vine varias veces en una sola. No supe ni a qué hora me quedé dormida y desperté como dos horas después”.

Como ya se ha dicho, el relato es mera ficción y al final de éste quien firma, Ashauri López, escribe que “infinitos besos a todas las chicas que me ayudaron a crear este artículo enviando sus encuestas y fotos. Muy pronto más locuras en esta sección. Gracias por leer”.

Acá la publicación original.