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En su columna de este último domingo en La Tercera, “Panem et circenses”, Fernando Villegas lanza una dura crítica a lo que dice es el modelo, “nuevo modelo” lo llama,  que ha fracasado en América Latina y que está representado por Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Dilma Rousseff en Brasil y la Nueva Mayoría en Chile.

Opina, quien fuera panelista del desaparecido programa de Chilevisión “Tolerancia 0”, que “lo que fracasó en Venezuela y ha sido debidamente castigado el pasado domingo, lo que fracasó en Argentina y fue vapuleado como se lo merecía, lo que una vez acabado el boom gasífero fracasará en Bolivia y seguramente sacará del escenario al folclórico señor Morales y su ambición de perpetuarse en el poder y mojar sus patas en el Pacífico, lo que fracasó en Brasil y lo tiene al borde de una depresión y de un impeachment a su presidenta, a quien tal vez saquen, pero -y con todo respeto- también lo que está fracasando en Chile aunque todavía a dos años de decidirse si se saca o no a los culpables, todo eso que fracasó es, con todas las variantes del caso, un modelo o la ambición de erigir un modelo social, político y económico cuya definición positiva, su “qué es”, todavía no la conocemos y quizás ni siquiera exista.

Agrega el sociólogo que este “nuevo modelo” como se lo denomina en Chile -“revolución bolivariana se lo llama en Venezuela- no quiere ser neoliberal, no quiere ser puro mercado, no quiere permitir las desigualdades, no quiere seleccionar entre buenos y malos, no quiere discriminar entre una cosa y otra conforme a su cualidad o mérito, no quiere usar la fuerza pública, no quiere poner al orden social en el primer lugar de la lista ni tampoco quiere poner el crecimiento en el primer lugar de la tabla; su meta es implementar mediante pases mágicos capaces de convertir las palabras en hechos un catálogo de expresiones piadosas ya instaladas en la imaginación popular y que harían lagrimear hasta a Atila el Huno: equidad, justicia, empoderamiento, probidad, igualdad y Pascua feliz para todos.

“El propuesto en Chile como “la novedad del año” por los gacetilleros jurídicos y sociológicos del régimen no es sino lo que los lógicos llaman una “congerie”, o dicho vulgarmente, un atado suelto de cosas”, asegura.

“El único elemento material tangible de este vaporoso modelo es su enorme propensión al gasto. Su afán es el reparto a destajo, política que dura mientras dura la plata. Al Partido de los Trabajadores de Brasil le duró hasta la llegada de Dilma Rousseff y al Partido Socialista Unido de Venezuela le ha sucedido lo mismo con Maduro, pero sigue repartiendo -incluyendo tablets y taxis en los días previos a la elección- porque a veces, cuando ya se está en quiebra, viene un impulso nihilista por decir “kaputt” y seguir la fiesta con la última ronda de botellas al fiado. Al “Movimiento al Socialismo” de Morales aún no le pasa eso gracias al gas, boom que, como todos los de su tipo, durará por un lapso limitado mientras hambres desatadas durarán para siempre. A la NM chilena ya se le agotaron los recursos que existían desde hace años y hoy cantinflea lastimosamente ante una masa enfurecida que se siente estafada”, asegura.